jueves, 29 de abril de 2010

"Me subo al escenario y ya no soy la misma"

UNA ANDALUZA EN BUENOS AIRES LA TALEGONA BAILARÁ EL SÁBADO Y EL DOMINGO.

La apasionada bailaora andaluza, Carmen La Talegona, será una de las figuras de la Feria Flamenca que se inaugurará hoy en Buenos Aires.

Por: Silvina Lamazares

En el restaurante que queda debajo de 'Casa Patas' -donde da clases-, frente a una 'tapita' de queso y tortilla, se la ve tranquila, apasionada en el decir, pero serena en las formas. Muy lejos de la intensidad que demuestra sobre los tablaos que ha pisado. "Es que yo me subo al escenario y ya no soy la misma, te lo juro. No sé, me transformo, me salen cosas que no parecen mías... Es como que me libero. Si bien ya no soy tan tímida como cuando era niña, soy más normalita en la vida que en escena", reconoce Carmen La Talegona, nacida en la ciudad española de Córdoba, instalada en Madrid desde hace 15 años.

Rodeada de madrileños en pleno mediodía primaveral, su modo andaluz, su manera de esconder las 'eses' finales la delatan: "Muchos creen que soy de aquí, pero yo vengo de la región sur de España, con todo lo que eso significa, zona de gitanos. Y encima llevo el flamenco en la sangre". Y en la identidad: sobrina del cantaor Talegón y de la 'reina de la saeta', María La Talegona, Carmen decidió, en pleno comienzo de su carrera, guardar el Rivas Aranda de su documento para llevar al apellido artístico de un clan que dejó huella en su arte (su tía, a su vez, era la nieta de la primera María La Talegona).

Criada en las entrañas de una familia dedicada al canto, ella se inclinó por el baile, vocación que le hizo notar su madre cuando ella tenía 7 años. Ahora, a los 33, recuerda que "afuera era muy calladita y quietita, pero en casa me enloquecía con la música. Sonaba algo y yo ya te lo estaba bailando. Ya me paraba donde fuere y hacía así, con esta cara, por ejemplo". De pronto, la manos arriba, los brazos arqueados, chasquido en los dedos y 'cara de circunstancia' en la recreación del gesto. "Imagina lo que era esto en el cuerpo de una niña que no llegaba al metro de altura, una gracia. Ponía a Camarón, por ejemplo, y me imaginaba un tablao en mi pieza. Mi madre me decía: 'Te voy a echar de la casa cuando cumplas los 18'. Por aquella época mis tíos ya veían mi desparpajo y me decían que tenía que continuar con la saga".

Pero antes de que su madre cumpliera con su promesa, Carmen armó las valijas a los 17 y se animó a pisar la gran ciudad, de la mano de El Talegón, que la fue introduciendo en el mundo flamenco de Madrid.

"Yo ya llevaba varios años de estudios -a los 11 se anotó en el Conservatorio de Danza Española y Arte Dramático de Córdoba- y a los 14 había comenzado con giras por mi país. Pero Madrid se me hacía enorme y los primeros tiempos me los pasé llorando y extrañando... y entonces me volví a mi casa". Pero a los tres meses, alentada por su madre, decidió intentarlo nuevamente: y desde entonces echó raíces en Madrid, donde se casó, donde se lució en los grandes teatros, muchos junto al consagrado Rafael Amargo.

Su vieja hoja de ruta marca que bailó en Turquía, Japón, Grecia e Inglaterra, por ejemplo. Ahora, terminada su serie de presentaciones en Brasil, bailará en la Argentina por segunda vez (la otra fue hace 10 años): el sábado (a las 20) y el domingo (a las 19.30) actuará sobre uno de los tablaos de la Primera Feria Flamenca en Buenos Aires que hasta el 2 de mayo se realizará en el Tattersall de Palermo. Ahí, Carmen desgranará el peso de su apellido elegido.

Fuente: Clarín

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