Nuestra opinión: buena
El dramaturgo brasileño Edoardo Erba diseñó una interesante metáfora en la que cruza la vida con la muerte o, mejor dicho, las ganas de vivir con las posibilidades de morir. Dos amigas se entrenan duro para competir en la mítica maratón de Nueva York. Allí, en ese diálogo, entre carreras, trotes y elongaciones, ambas preparan un picnic con sus vidas y sus ingredientes son anécdotas, descripciones, personalidades y episodios que hicieron sus historias. El espectador sospecha que algo trascendental ha ocurrido o está por ocurrir. Aunque pequeña, la obra de Erba es poética y sensible.
Edgardo Moreira realizó una puesta con aprovechamiento total del inmenso espacio escénico que ofrece El Bardo, y puso especial cuidado, sobre todo, en el texto. Aunque ambas actrices ponen el corazón en escena, es Victoria Aragón quien sobresale, en un intenso trabajo de composición y destreza física. Mientras su criatura la transita por dentro, lo de Josefina Tajes es más exterior.
Fuente: La Nación
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