domingo, 31 de enero de 2010

Un gran actor es ideal para ennoblecer un texto

La relación entre un hombre y el objeto que intenta arreglar

Marcelo D´Andrea se luce con la dirección de Holcer

El ardor. Autor e intérprete: Marcelo D´Andrea. Escenografía, iluminación y dirección: Ricardo Holcer. Realización de escenografía: Marcelo D´Andrea. Vestuario: Claudia Curetti. Asistente: Sergio Lapalma. En El Camarín de las Musas (Mario Bravo 960). Sábados, a las 22. Duración: 60 minutos.
Nuestra opinión: buena

Un mecánico frente a un objeto en arreglo. Un hombre que parece poner su sapiencia al servicio de un elemento que conoce pero que, no termina de hacer arrancar. Mientras tanto, cuenta una historia en apariencias banal: ha comido un locro muy pesado y le ha generado problemas en su aparato digestivo. Dentro de su cuerpo los órganos parecen estar revolucionados y, esa situación, le permite a su mente reparar en ciertos acontecimientos de su historia personal y también la del país en el que vive.

El relato es muy elocuente porque, sobre todo, resulta muy ingenioso que ese disparador -el locro- termine posibilitándole al espectador reconocer cuestiones de la historia argentina de una manera muy inmediata y a la vez escabrosa.

El texto de Marcelo D´Andrea es rico en su construcción. El autor juega con las palabras de una manera singular y va conectándolas hasta con cierta musicalidad. Su juego es creativo y las pequeñas situaciones que va construyendo terminan sorprendiendo por las derivaciones que promueve.

Ricardo Holcer, a la hora de la dirección, es muy meticuloso precisamente con esas palabras. Trata de aportarles su justa vitalidad para que nada del discurso verbal encuentre algún escollo que pueda entorpecer la fluidez del relato. En lo espacial, el cuerpo del actor aparece algo acotado. Aún así, como la relación con el objeto que intenta arreglar es muy fuerte, la energía que emana de esa situación tiene su potencia. Y eso aporta una dramaticidad con buenas consecuencias.

En lo interpretativo, D´Andrea demuestra mucha rigurosidad. Su texto posee ciertas complejidades y las enfrenta con una notable capacidad. Permite que el espectador entre en su juego de palabras y construya imágenes potentes y movilizadoras. Engrandezca esa construcción dramática en apariencias poco teatral. En verdad, la dupla director/actor ha logrado recomponerla, darle la justa teatralidad, para lograr un trabajo destacado.

Carlos Pacheco

Fuente: La Nación