domingo, 31 de enero de 2010

'He dicho que no muchas veces'

Verónica Forqué traduce y protagoniza una comedia británica sobre las relaciones materno-filiales

LA ABEJA REINA | Dónde: Teatro Bellas Artes (Marqués de Casa Riera, 2) | Director: Miguel Narros | Intérpretes: Verónica Forqué y Miguel Rellán, entre otros | Cuándo: En cartel hasta el 4 de abril

JOSÉ LUIS ROMO / Madrid

"A veces, viene bien que pase el tiempo". Increíblemente, quien pronuncia esta frase es una actriz. En una visita a Londres en 2001, Verónica Forqué (Madrid, 1955) se enamoró de 'La abeja reina', la función que había conquistado a la crítica y protagonizaba con mucho éxito Diana Rigg ('Los vengadores').

Por aquel entonces, se veía joven para el papel pero, ahora, ya puede encarnar a la frívola Flora Humble, una mujer que, tras el funeral de su esposo, tiene un amante con el que consolarse.

PREGUNTA.- A priori, su personaje puede parecer antipático. ¿Tenía miedo de que el público no la aceptara?

RESPUESTA.- Un miedo horroroso. Les decía a mis compañeros durante los ensayos: "Tengo un hueso de personaje. Vosotros estáis fantásticos y todos se van a reír y a mí me van a odiar. Estoy muy deprimida". Afortunadamente, Flora es tan absurda y tiene tanta mala uva que divierte mucho.

P.- ¿ Tomó como referencia la interpretación de Diana Rigg?

R.- Bueno, yo vi a su sustituta, Felicity Kendal, que es una actriz de mi estilo, muy menuda y con mucho sentido del humor. La mía es una actuación muy flamenca, mientras que la suya era muy tiesa, soltando las cosas entre dientes, como son las inglesas cuando están enfadadas.

P.- Le gustó tanto el libreto que lo ha traducido usted misma. ¿Le preocupó esa expresión de 'traduttore, traditore'?

R.- Hasta el mejor traductor es un traidor. Obviamente, he tenido que adaptar cosas. En la versión inglesa, echan pimienta blanca a un gazpacho. Aquí, hago eso y todas las maris, incluso yo misma, se salen de la historia. He intentando ser totalmente fiel al espíritu de la obra. Lo que más me preocupaba es que la gente no se riera.

Fuente: El Mundo