miércoles, 27 de enero de 2010

¡Forza Italia!


He aquí algunos ingredientes indispensables para echar en la marmita y cocinar cualquier buen musical de ayer y de hoy, sobre tablas o impreso en celuloide: forzadas sonrisas de nadadora sincronizada, coreografiadas palpitaciones, caos (des)controlado, pensamientos sucios, paranoias glamurosas, gritos y susurros orgánicos y armónicos, delirios de ego... Y he aquí algunos ingredientes indispensables para montarlos en los coches de choque del «coco» de un artista brillante en crisis y dejarlos embestir como carneros con caries: exactamente los mismos. Siguiendo esta regla de tres simple, no habría ningún argumento más apropiado para volcar al género nada chico que inmortalizaron Minnelli, Astaire o Kelly como el de «Nine».

Así lo entendieron Kopit, Fratti y Yeston, que en 1982 tuvieron la genial idea de subir el «8 1/2» de Fellini a las marquesinas de Broadway. Ahora, tras muchas vicisitudes, Rob Marshall ha recogido el guante de lentejuelas y, junto al recordado Anthony Minghella en el libreto, lo ha remontado y revestido de una exuberancia tal que casi dan ganas de añadir la hache intercalada.

El primer paso y tentación es emparejar la agobiante historia de Guido, cineasta con la imaginación más seca que la mojama pero que se ve en la obligación de levantar de la nada una película sacada de la chistera voraz de su productor, con las tribulaciones de Bob Fosse en «Empieza el espectáculo». Sin embargo, lo que allí era narcisismo irritante, aquí se queda en miedo del portero ante el penalti, o el libre directo, y consiguiente configuración de una barrera compuesta por las mujeres (y nada de chistes sobre defensa y «delantera») que pueblan la vida del protagonista. Mujeres omnipresentes pero a la vez colocadas en elegante fuera de plano, lo que sirve para eludir el dichoso efecto «¿y ahora por qué se ponen a cantar en medio de una conversación estos memos?».

Por ello, «Nine» podría bailar un agarrado con «Un americano en París» o «Carrusel napolitano», capricho que aquí es sacrilegio pues su ambición última es homenajear a Roma (y sus monumentos, Sophia la primera), ciudad abierta y frescachona que es mostrada con todo lujo poliédrico a través de unos números que van del arrebato «amarcord» de «Be italian» al mohín enredador de «A call from the Vatican», sin olvidar un poco de italiano para principiantes en forma de anuncio de vermú «colorao» (rotunda Kate Hudson).

Foco aparte merece el gran Day-Lewis, que pasea su balada del hombre enjuto con dignidad de torero cosido a cornadas y con planta, más que de Fellini, de estólido Pasolini con gafas (y alma) de cuervo. En suma, un fetén espectáculo que demuestra que la testosterona no está reñida con el género y que, quien canta, sus demonios espanta. Aunque invoque a otros.

Nine - Official Trailer [HD]:
http://www.youtube.com/

NINE 'Rehearsal Montage'




Fuente: Youtube, ABC.ES