jueves, 25 de mayo de 2006

Melancólicas vacas, Omar Sánchez


EN EL CENTRO DE LA POLEMICA
Una extraña sensación queda flotando en la sala luego de observar la obra “Melancólicas vacas” de Omar Sánchez y Fernando Cipolla, con dirección de Omar Sánchez.
La sensación de que lo que se vio allí en ese espacio - poblado de máquinas inverosímiles construidas con el reciclaje de los más variados elementos de la vida cotidiana- es el continuo dolor de un país que nunca termina de encontrar la tan mentada identidad. Un país, que encuentra su síntesis, en una enorme res de vaca hecha con deshechos de una industria que ya no existe.
Un extraño personaje, que por momentos atemoriza y en otros produce ternura, combina bellos y eruditos textos (Hamlet de Shakesperare, pensamientos de Deleuze, un breve poema de Aníbal Troilo y pasajes de la mitología -el país, a manera de Cronos, comiendo a sus hijos-), con acciones que lindan lo grosero. En este personaje se entremezclan la victima con el más odiado y repugnante victimario, el poderoso y el indefenso, lo angelical y lo siniestro; como si él mismo fuera una persona hecha de distintos reciclajes que no puede reconocerse a si misma. Es difícil que el espectador nos se sienta identificado, en algún punto, con este personaje.

El actor Fernando Cipolla, realiza una labor excelente, combina la técnica con lo sanguíneo. Hecha mano, con singular maestría, a diferentes estilos de actuación, y a su vez entrega, en lo físico, un espectacular despliegue. Desde el principio de la obra toma la atención del espectador y no la suelta hasta el final. Se permite jugar con tiempos muertos que rápidamente los transforman en una tormenta de movimientos y textos.

Otro punto muy alto son las esculturas que se utilizan a modo de escenografia realizadas por el escultor Julio Ricchiardi. Las mismas, como dijimos antes, están realizadas con el reciclaje de elementos de uso cotidiano como televisores, máquinas de video, aspiradoras, filmadoras y carros; con estos elementos creó esculturas que se asemejan a robots cuyos rostros son una pantalla en la que se ve en forma continua un dibujo animado del Pato Donald. Merece una mención aparte la imponente res de metal.
En un momento el protagonista dice:-“Vengo a colocarme en el centro de la polémica”, esa podría ser la síntesis de esta obra realizada con riguroso trabajo y talento.

GABRIEL PERALTA

domingo, 16 de abril de 2006

Alemania, invitada central del Festival Internacional de Teatro de Caracas 2006

Letters from Tentland (Foto: Franz Kimmel)

La dramaturgia vive en la actualidad en Europa un momento especialmente positivo. En Alemania particularmente, la producción de autores jóvenes de habla alemana ha cobrado una enorme importancia en los últimos años. El teatro alemán es uno de los que está más a la vanguardia en el mundo y directores como Falk Richter, Thomas Ostermeier y Frank Castorf juegan un papel clave en la escena teatral contemporánea. El número de dramaturgos jóvenes también ha ido en aumento en los últimos diez años y nombres como Dea Loher, René Pollisch, Marius von Mayenburg y Moritz Rinke son sólo algunos de los que se pueden mencionar entre los autores que trabajan de manera innovadora en cooperación directa con compañías teatrales en la actualidad.

Es por esto que Fundateneo Festival invitó a Alemania como país central para el Festival Internacional de Teatro de Caracas de este año. Así, el Goethe-Institut y el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Federal de Alemania unieron esfuerzos para apoyar una nueva edición de esta celebración teatral con cuatro importantes obras de sala de su más reciente producción. Además, Fundateneo Festival gestionó la participación de una impactante obra de calle.

Hedda Gabler
Schaubühne am Lehniner Platz, Berlín

Esta obra de Henrik Ibsen dirigida por Thomas Ostermeier y cuyo exitoso estreno en la Schaubühne am Lehniner Platz de Berlín se realizó el 25 de octubre de 2005, es la encargada de la inauguración oficial del Festival Internacional de Teatro 2006 en la sala Ríos Reyna, del Teresa Carreño. Thomas Ostermeier ha tenido en los últimos años grandes aciertos en los montajes de obras con grandes papeles femeninos como epicentro, por lo que esta nueva puesta en escena fue esperada con grandes expectativas. Hedda Gabler cuenta acerca de una mujer de sueños deshechos, que trata de liberarse del corset burgués que la aprisiona. Según OstermeierHedda Gabler es una psico-estratega preparada para la violencia, una esposa provocadora como táctica ante la agonía y que mantiene el control de la situación todo el tiempo, hasta en los pocos estallidos violentos de su aburrido marido”. Según la protagonista de la obra, Katharina Schüttler, Hedda Gabler es “una mujer que odia todo porque está en el lugar equivocado y en la vida equivocada”. La Schaubühne muestra con esta obra una impactante y radical reinterpretación del clásico del teatro realista, interpretando al autor noruego con gran desparpajo y contemporaneidad, sin concesiones, mostrando los rincones más oscuros del alma humana, durante la celebración del año internacional de Ibsen en el centenario de su muerte, en 1906.

Letters from Tentland
Concepto y dirección: Helena Waldmann

Esta obra de Helena Waldmann es la primera realización de una coreógrafa occidental en Teherán y fue mostrada allí en enero de 2005 en el Festival de Teatro Fadjr, para partir luego a viajar por Europa, donde obtuvo una gran resonancia entre el público y la crítica. Seis experimentadas actrices iraníes (Zohreh Aghalou, Pantea Bahram, Mahshad Mokhberi, Banafsheh Nejati, Sara Reyhani y Setareh Pessyani), desarrollan papeles de gran fortaleza enfundadas en pequeñas y coloridas tiendas, como las que se pueden ver comúnmente en la nación musulmana, para contarle a los espectadores sus tristezas y alegrías en una vida que se halla entre la invisibilidad exterior y la libertad interior, en lo que se podría llamar un “teatro del tschador” (el velo que usan obligatoriamente las mujeres). En una coreografía fascinante, la renombrada artista berlinesa Helena Waldmann, quien se desplaza entre la danza y el teatro, realiza en la sala Ana Julia Rojas del Ateneo de Caracas una puesta en escena precisa en iluminación, música, video y texto, tal que las mujeres “envueltas” en las carpas como si de sobres se tratara, que se abren para mostrar una vida interior tan intensa, que desmontan prejuicios occidentales ante su realidad. Esta obra es una producción del Goethe-Institut y el Centro de Artes Dramáticas de Teherán.

Apartamentos X
Teatro Hebbel-am-Ufer, Berlín

El teatro también se puede hacer en los lugares de donde provienen muchas historias reales como apartamentos y espacios privados, clubes, bares, mercados, tiendas y otros lugares fuera de un teatro y su caja negra. Esta obra fue presentada con gran resonancia en Berlín, en el barrio multicultural de Kreuzberg y actualmente se extiende a otros sectores de esta ciudad. Su dirección fue realizada por Matthias Lilienthal y está concebida como un recorrido del público por diferentes lugares, tanto locales públicos como apartamentos privados. En cada uno de ellos, el espectador entra en contacto con una pequeña puesta en escena, cuyas historias y contenidos están estrechamente ligadas al lugar donde éstas ocurren. En el punto de partida, el público obtiene un mapa detallado del recorrido que debe hacer para ver la obra en su totalidad. En Caracas, esta puesta en escena se desarrolla en espacios ubicados en el municipio Chacao, con instalaciones para recorrer y presenciar minidramas de diez minutos de duración, donde artistas venezolanos y europeos realizaran performances ante pequeños grupos de espectadores.

¿Quién le teme a Virginia Woolf?
Deutsches Theater

Esta producción que llega a Venezuela para presentarse en el XVI Festival Internacional de Teatro de Caracas, fue estrenada en noviembre de 2004. Jürgen Gosch, declarado como el director del año por la crítica, es el realizador de este famoso drama matrimonial de Edward Albee, llevando a escena un montaje minimalista despojado de la superficie recargada de sentimentalismo que su historia de por sí contiene. Según la prensa, el director Jürgen Gosch se presenta “ascético y minimalista al mostrar al desnudo los mecanismos del odio, la humillación y las ilusiones de toda una vida en estas parejas y expone admirablemente el funcionamiento de la batalla de los sexos”. Esta obra cuyo escenario es el Teatro Municipal de Caracas, ha sido declarada en Alemania como una “grandiosa fiesta para actores” y como una producción de lujo del Deutsches Theater de Berlín. El papel de la esposa Martha es magistralmente interpretado por Corinna Harfouch, renombrada actriz de cine y televisión, conocida en nuestro país - entre otras - por su actuación en la película “La caída” de Oliver Hirschbiegel sobre las últimas horas de Hitler. Por su parte Ulrich Matthes interpreta a George, un esposo aparentemente débil y oprimido, siendo una de sus actuaciones más conocidas la interpretación de Joseph Goebbels en la misma película.

Il Corso
Pan Optikum

El ensamble alemán Pan Optikum, bajo la dirección de Sigrun Fristch, enciende un fuego en plazas y calles de Caracas con una producción inspirada en el “Libro de las preguntas”, de Pablo Neruda. Pan Optikum combina movimiento dramático, instalaciones, textos, pirotecnia, juegos de iluminación e imágenes de inspiración cinemática. En El Paseo Los Próceres, actores provenientes de diversos ámbitos artísticos como el espectáculo, la música, la acrobacia o el performance, desatan un torrente de emocionantes imágenes y acciones en medio de los espectadores. Este paseo se transforma así en un escenario múltiple donde circulan grandes figuras realizadas con materiales diversos y actores en zancos gigantes, y en el cual los espectadores tienen que moverse y cambiar permanentemente sus puntos de vista, ya que se perciben como parte de una puesta en escena que culmina de manera fulminante.

Biblioteca teatral del Goethe-Institut

Como una contribución a la difusión de la Nueva Dramaturgia de Alemania, el Goethe-Institut presenta importantes piezas teatrales contemporáneas traducidas al español, mediante su Biblioteca Teatral en una página web http://www.goethe.de/kue/the/bib/enindex.htm en la que se pueden solicitar los textos de forma gratuita, los cuales están a disposición de todos los interesados.

Fuente: delven/teatroalemania

viernes, 14 de abril de 2006

Estelares - De La Hoya

Del Disco Ardimos.
Bajado de www.losestelares.com.ar


36 Pasos (Teaser)

Teaser del largometraje "36 Pasos", pelicula de terror que supura humor negro y accion. Una produccion de Paura Flics. www.pauraflics.blogspot.com www.romanporno.blogspot.com


jueves, 13 de abril de 2006

Experiencia inolvidable

Foto: duchezarate

"4.48 Psicosis" , de Sarah Kane, traducción de Rafael Spregelburd. Intérprete: Leonor Manso. Diseño escenotécnico: Agustín Garbellotto. Luces: Eli Sirlin. Diseño sonoro: Gabriel Barredo. Director: Luciano Cáceres. En ElKafka, Lambaré 860.
Nuestra opinión: muy bueno

Rara vez se ha transmitido, en teatro, con semejante intensidad y tamaña destreza, el horror de la depresión, ese flagelo cada vez más difundido (y más resistente a los tratamientos) en el convulsionado mundo contemporáneo. La sensación de vacío total, de total inutilidad y de fuerzas hostiles imposibles de controlar abre un abismo de terror psíquico que sólo el que lo padece, o lo ha padecido, puede comprender. Para quien está (o cree estar) fuera de su alcance, el monstruo es incomprensible. Pero existe, y sus víctimas son cada vez más numerosas.

Una de ellas, la protagonista de "4.48 Psicosis", no es otra que la propia autora, la inglesa Sarah Kane (1971-1999), nacida en Essex, que en su breve vida conoció la fama, la fortuna y el deambular de un instituto psiquiátrico a otro, en procura de aliviar la angustia existencial que la corroía. Dotada de excepcional talento dramático, estudió teatro en la Universidad de Bristol y logró su máster en la de Birmingham.

Su triunfal carrera comenzó en 1991, cuando los tres monólogos reunidos en "Enfermo" la consagraron la revelación del Festival de Bristol de ese año. De inmediato, el Royal Court de Londres la convirtió en su autora favorita. En 1995, estrena "Blasted" ("Reventado"), a la que sigue, en 1996, "El amor de Fedra"; en 1997, Sarah realiza un film de once minutos, "Piel", y dirige "Wozeck", siempre para el RCT; en 1998, presenta "Crave" ("Ansia") y "Purificado"; en 1999, se ahorcó en la clínica donde la trataban y dejó como testamento esta desgarradora "4.48", que el Royal Court estrenó en 2000. Sarah reconocía como sus inspiradores y maestros a Beckett, Pinter y Edgard Bond ("Salvados").

La hora del lobo

¿Por qué ese título extraño? Aficionados a la estadística, los ingleses han comprobado que esa hora de la madrugada es la más propicia para los suicidios. Cabe recordar que en el film de Ingmar Bergman "La hora del lobo" se afirma que la mayoría de los enfermos mueren en Suecia a las cinco de la mañana, cuando los lobos regresan a sus cubiles tras las correrías nocturnas. Y como antecedente de esta escalofriante pieza de Sarah Kane, hará treinta años que Lía Jelín interpretó admirablemente en los Teatros de San Telmo, "9 B", del alemán Franz-Xavier Kröps, con un tema semejante. Sólo que ahí se trataba de una mujer que vivía sola, volvía del trabajo a su pequeño departamento, ejecutaba todos los rituales domésticos (desvestirse, bañarse, comer algo liviano, prender la televisión, cepillarse el pelo), se acostaba y, sin transición, se tomaba un frasco íntegro de pastillas para dormir.

La protagonista de "4.48" aparece ya internada en una clínica. Narra su historia, se burla de su propia condición y de quienes intentan rescatarla del remolino de horror en que se ahoga: sabe de memoria cuántos miligramos le harán tragar de qué fármacos, las preguntas que le formularán, los consejos, las técnicas que utilizarán para controlarla y tranquilizarla. Todo será inútil, porque ella está decidida a morir para terminar de una vez con su calvario. Y muere en escena, en un paroxismo de exaltación que no desdeña una cuota de ternura y hasta de humor, si cabe.

En una imaginativa, sobria puesta del talentoso Luciano Cáceres, y con una excelente traducción de Rafael Spregelburd, Leonor Manso hace una interpretación magnífica, comprometida hasta las fibras más íntimas, de esa mujer inteligente, irónica, lúcida hasta el final, que rechaza la compasión ajena y, sobre todo, la autocompasión. Trabajo de una intensidad conmovedora, llevada al límite de lo soportable. La luz y la banda sonora contribuyen a crear el clima de pesadilla, de infierno que ofrece una sola salida hacia el descanso anhelado. Una experiencia inolvidable.

Ernesto Schoo

Fuente: La Nación

jueves, 6 de abril de 2006

Se estrena "El custodio" con la participación de la actriz platense Julieta Vallina

Estreno en Argentina: 6 Abril 2006

Director: Rodrigo Moreno.
Guión: Rodrigo Moreno.
Productores: Hernán Musaluppi, Natacha Cervi y Luis Sartor.
Música: Juan Federico Jusid.
Fotografía: Bárbara Álvarez.
Montaje: Nicolás Goldbart.
Diseño de producción: Gonzalo Delgado.
Vestuario: Adelaida Rodríguez Puig.

Reparto: Julio Chávez (Rubén), Osmar Núñez (ministro), Elvira Onetto (Delia), Marcelo D’Andrea (Lamas), Cristina Villamor (hermana de Rubén), Luciana Lifschitz (sobrina de Rubén), Julieta Vallina (amante del ministro), Osvaldo Djeredjián (Alfredo), Guadalupe Ocampo (hija del ministro), Vanesa Weinberg (prostituta).

Rubén trabaja como guardaespaldas de un ministro argentino. Sigue sus pasos dentro de un mundo que le es ajeno. Si el ministro sale de su auto, Rubén sale del suyo. Si el ministro gira hacia la izquierda, Rubén gira a la izquierda. Si el ministro viaja a Mar del Plata, Rubén viaja a Mar del Plata con él. Si el ministro va al campo con su familia el fin de semana, Rubén tiene que ir con ellos. Si el ministro decide tomarse un descanso y dormirse un rato, Rubén tiene que vigilar a un hombre dormido. “El custodio” nos acerca a un hombre que ha dejado de sentir su vida como tal, de ser protagonista de su propia vida. Sumido en esta especie de inexistencia irá moviéndose como una sombra en el mundo de los que le rodean.

Fuente: ultimopase

sábado, 1 de abril de 2006

“Tri Ciclo de Conferencias” Mariela Anastasio

“Tri Ciclo de Conferencias” (2003)

Con la Dramaturgia y la dirección de Mariela Anastasio. Actuación: Roberto Tettamanti, Mariela Anastasio y Laura Palmieri.


Esta obra es ganadora del Concurso de la Comedia Municipal de La Plata, 2006)

Fuente: Grupo Topográfico

jueves, 30 de marzo de 2006

Mostruo! en la Fabriquera

Mostruo! en la Fabriquera


domingo, 5 de marzo de 2006

"El teatro argentino se lleva bien con la insatisfacción"

JORGE DUBATTI, DOCTOR EN LETRAS

Arte de resistencia pero también de reconstrucción, el teatro de los últimos años sacó ventaja de la crisis social y de la precariedad. Quizá por eso hoy se hace teatro en ámbitos impensados y es tan vital entre los jóvenes.

Claudio Martyniuk.

Desde siempre, para que haya teatro tiene que haber distancia, conciencia del rasgo ficcional que tienen las representaciones, algo ya definido por los griegos. Pero estamos lejos del mundo antiguo. ¿Qué sentidos, qué emociones tiene hoy el teatro para nosotros?

—En los últimos veinte años el teatro se vio en la obligación de redefinirse por una cantidad de fenómenos. El primer fenómeno es lo que se ha llamado la transteatralización: todo es teatro. Es más teatro el orden social que el teatro mismo y, en ese sentido, el teatro ha sido "superado" por el orden de lo real. Ricardo Bartís, en su libro Cancha con niebla, dice que "hoy los políticos son stanislavskianos". Es decir, si Cristina Kirchner puede ser mejor actriz que Cristina Banegas, y Eduardo Duhalde es mejor actor que Eduardo Pavlovsky, el teatro tiene obligadamente que redefinirse. Por otro lado, está la "usurpación" de la teatralidad por el orden social y la idea de que la teatralidad estaría en todas partes y que sería lo específico del acontecimiento social. Frente a esto, el teatro se redefine volviendo a pensar la singularidad de su lenguaje. Lo propio del teatro es la reunión de los artistas, de los técnicos y del público, en una encrucijada de tiempo y de espacio. Es una reunión de cuerpos presentes. El teatro se opone a la intermediación técnica. Acontece dentro de la cultura viviente y es territorial. El teatro sería hoy una de las formas sobresalientes de lo que llamaríamos la cultura viviente, a diferencia del cine, la radio y la televisión, que serían formas de producción intermediadas técnicamente. El teatro invita al grupo, invita a la reunión; uno no va al teatro a estar solo. En cambio, en el cine, uno está sentado, pero Jack Nicholson no está en persona. El teatro es minoritario, porque ¿cuánta gente puede ver una función teatral?


  • ¿También son distintos los efectos políticos?

    —El teatro ya es político por su naturaleza. Ante el avance de lo socio-comunicacional —el no necesitar moverse de la casa para estar conectado con el mundo—, el teatro es un fenómeno de resistencia. Se habla de sexo virtual: en el teatro lo virtual es inconcebible, porque exige la presencia corporal y el fenómeno de la reunión. Por eso el teatro se parece a los asados, se parece a los cumpleaños, se parece a las fiestas. Nadie va a un cumpleaños por Internet. Nadie va a un asado a través de la computadora. Y en ese sentido, el teatro tiene la estructura del banquete, preserva una estructura de relación humana ancestral, ofrece una alternativa de lazo social que no está ni en la televisión, ni en el cine, ni en la radio, ni en la música enlatada.

  • En Argentina, ¿el teatro ofrece realmente esos rasgos?

    —Aquí, el teatro, además de ser resistencia en esa escala humana ancestral, también es resiliencia. Resiliencia es la capacidad de construcción en tiempos de adversidad. Si no tengo un mango de producción, puedo hacer teatro igual. Televisión, no. Cine, tampoco. El teatro se lleva muy bien con un fenómeno cultural argentino antiquísimo que es lo que se llama la riqueza de la pobreza, el tomar la precariedad como condición estética de producción artística. Y justamente, si en algo se diferencia el teatro argentino de otros teatros es en que está sustentado en el deseo, no por los subsidios. Aquí se hace de necesidad virtud; se encuentra potencia estética en una producción mínima; se explotan las más grandes ideas casi con ninguna producción. En nuestro modelo teatral se halla, con elementos mínimos de producción, la mayor potencialidad artística. Hoy el teatro en la Argentina es un verdadero laboratorio social. Hay treinta y cinco grupos de teatro comunitario en la Argentina, donde trabajan vecinos y actores profesionales.

  • Siempre se recuerda a Teatro Abierto, que ocupó un lugar significativo en la lucha contra la dictadura. Pero fue un fenómeno localizado en Buenos Aires.

    —Además, un fenómeno muy puntual. Ahora, el teatro se ha extendido al tejido social mucho más. Hoy el teatro se hace en los geriátricos, en las escuelas, en las calles. Este teatro contribuye a construir espacios micropolíticos, necesariamente pequeños, que no encuentran su representación en los sistemas instituidos. La micropolítica puede funcionar como escala de la macropolítica. Es lo que dijo Eduardo Pavlovsky: "Estaba Videla en el poder y había Videlitas en las casas". Pero hoy el teatro entre nosotros funciona micropolíticamente como construcción de oasis, como construcción de una forma alternativa de estar en el mundo. Esta construcción hace que nuestro teatro sea un espacio de la memoria a través de metáforas. Con que haya una metáfora feliz en escena, hay un dispositivo político.

  • ¿Qué reconocimiento tiene el teatro de las provincias?

    —Hay que valorar mucho las nuevas cartografías teatrales del país. Con Internet, las provincias no se relacionan a través de Buenos Aires sino que directamente se relacionan con el mundo. Antes Buenos Aires era una especie de cabeza de Goliat de la teatralidad, y hoy la teatralidad tiene una estructura de conexiones más complejas. De lo que hay un gran reconocimiento internacional es del teatro que se hace en Buenos Aires, especialmente el teatro de las pequeñas salas, no el teatro oficial ni el comercial, sino fundamentalmente el teatro alternativo, lo que antes se llamaba teatro independiente. En los festivales internacionales siempre hay una presencia argentina. No por industria, sino sencillamente porque se está haciendo uno de los mejores teatros de Occidente. Otra cosa que llama la atención es el fervor del público argentino. Hoy creo que lo que mantiene vivo el teatro de Buenos Aires no es tanto la crítica, que está fuertemente pauperizada y perdió su potencia, sino la institución crítica del espectador.

  • ¿Por qué hay tanto interés entre los jóvenes por la actividad teatral?

    —Eso se explica por nuestra cultura y en gran parte por el dolor y la indigencia social que hemos vivido. Si viviéramos en una sociedad satisfecha, seguramente el teatro no andaría tan bien.

  • ¿Podríamos decir que el haber ido nosotros de mal en peor ha sido bueno para el teatro?

    —Sí. Nuestro teatro se lleva muy bien con la insatisfacción.

  • ¿Qué modelos dominan en el teatro que vemos hoy?

    —En Buenos Aires se nota el trabajo con un modelo muy interesante: el teatro posdramático, que tensa la estabilidad del orden metafórico. Cuando uno va al teatro, ve básicamente tres cosas. Ve convivialidad, encuentro corporal: uno ve a Alfredo Alcón y dice ¡qué bien que está este hombre! En segundo lugar, se ve trabajo: ¡y qué bien que lo está haciendo Alcón! Y, en tercer lugar, están los mundos paralelos: grandes metáforas ficcionales, estéticas. La posdramaticidad trabaja con la idea de la inestabilidad, la caída del orden metafórico, y entonces por momentos deja de saberse si lo que se está viendo es teatro o es una reunión. Esa intensidad es enormemente política. Y en esto retomo el pensamiento de Bartís: "La teatralidad ha sido usurpada por la política".

  • ¿A qué se refiere exactamente?

    —A que el teatro tiene que redefinirse mostrando el artificio, mostrando que la construcción de lo real es artificial, porque está hecha con procedimientos convencionales. Hay todo el tiempo un ir y venir, una tensión no resuelta entre lo real y lo metafórico. Esto para mí es una de las grandes novedades y una de las cosas más hermosas que tiene el teatro en este momento. Además, está lo bello de saber que se está en reunión con los más grandes actores de Buenos Aires y con los teatreros, y de pronto se empieza a percibir el espectáculo no solamente con los otros, sino sintiéndose a uno mismo. Es un fenómeno muy interesante. Y yo siempre siento que es el momento en el que la butaca se transforma en ese sillón que uno tiene en su casa o en algún punto del planeta, donde uno se sienta para escucharse a sí mismo, donde uno se piensa y vuelve sobre uno. Lo que importa no es tanto la construcción estética, sino el encuentro humano que se produce dentro de esa construcción, y que vuelve sobre uno, y logra que uno mismo se esté escuchando a través de la reunión con los otros. No vamos al teatro solamente a ver obras. Vamos también a ver trabajo, a estar con los otros y con nosotros mismos.

    Fuente: Copyright Clarín, 2006.
  • viernes, 3 de marzo de 2006

    Interesante juego actoral

    María Aurelia Bisutti, una abuela que evade la realidad Foto: Mariana Araujo

    "Piel de chancho. Fuego entre mujeres" . Autor y director: José María Muscari. Intérpretes: María Aurelia Bisutti, Armenia Martínez, Laura Espínola. Diseño de luces: Marcelo Alvarez. Música original: Mauro García Barbé, Asistente de dirección: Graciela Balletti. Dirección: José María Muscari. En el Teatro del Pueblo.
    Nuestra opinión: buena

    Una vez más, José María Muscari busca develar el mundo interno de unos personajes muy particulares, marginales en una primera mirada, pero profundamente complejos si esa mirada se fortalece. Su búsqueda siempre ronda lo patético y entonces es fácil reírse de ellos o, en su defecto, sentir que conmueven mucho porque, de continuo, rondan algún costado propio o el de alguna persona conocida.

    Esta vez un trío familiar femenino cae bajo la lupa del creador y son ellas las desmenuzadas. Nana, Ingrid y Luisa -abuela, madre e hija, respectivamente- comparten la vivienda y se cuidan, se molestan y se insultan con la misma intensidad. El caso es compartir lo que allí sucede, aunque los extremos a los que cada una llega sean, por momentos, verdaderamente extravagantes.

    Nana (María Aurelia Bisutti) es una abuela que asoma con parte de su cuerpo quemado a partir de un accidente doméstico. Su operación se va haciendo inminente, vive en un mundo muy suyo, de a ratos próximo al delirio, y se relaciona con su hija y su nieta en un doble juego en el que, aún sabiendo todo sobre ellas, prefiere escapar de esas historias y problemas.

    Ingrid (Armenia Martínez) se desvive entre atender a su madre, la librería en la que trabaja y ocuparse del estado de salud de su hija anoréxica. A la vez que su lesbianismo parecería interferir de continuo en esa realidad.

    En tanto que Luisa (Laura Espínola), la menor de la familia, enfrenta a las dos mujeres mayores, las cuestiona, reniega de ellas, mientras se impone controlar su cuerpo para que éste se mantenga en un estado ideal.

    Historia sin importancia

    La historia de Muscari, en verdad, por momentos, no importa. Al creador parecería no interesarle una construcción dramática en la que personajes, acciones, diálogos y situaciones se sinteticen en una construcción que conduzca la historia por un canal con algunos visos de formalidad. En algunos pasajes, por ejemplo, las actrices salen de situaciones que no terminan de definirse y enfrentan a la platea con unos monólogos de rico dramatismo.

    Hay un caos instalado en esa estructura que el artista supera con una fuerte dirección de actores. De las tres intérpretes consigue extraer unos mundos íntimos muy calificados y entonces "Piel de chancho" se transforma en un material exclusivamente actoral, plagado de buenas ideas escénicas; pero, como éstas no terminan de instalarse, no hay forma de reparar en ella. En cambio, no hay manera de desconocer a esas tres mujeres exasperadas, tan solas y desprotegidas, tan odiosas por momentos y entrañables por otros.

    José María Muscari parece conocer mucho sobre los mundos privados de los personajes -y también de los actores- y con tres tan dispuestas e inquietantes actrices el juego llega a una completud más que interesante.

    Carlos Pacheco

    Fuente: La Nación

    martes, 28 de febrero de 2006

    Entrevista de Guillermina Mongan a Beatriz Catani.

    En torno a Finales
    Realizada en Febrero de 2006

    GM ¿Cómo fue el origen del proyecto?

    BC El origen de este proyecto fue textual. Escribí unos textos a partir de una situación afectiva crítica que tomé como una etapa final en mi vida. No sabía qué era lo que terminaba con ese dolor, pero sabía que algo lo hacía. Eran textos sin ninguna disposición teatral. Y por ahí empecé. En principio eran mujeres que hablaban. Aunque, no sé por qué, tenían una enorme indefinición, (incluso de su género) Les había puesto a cada uno un número (1,2,3,4) Exactamente, Uno, Dos, Tres y una bailarina, porque sí tenía claro ( casi la única “cuestión” escénica) que uno de los personajes estaría todo el tiempo posible en movimiento.


    GM¿Julieta Ranno?

    BC Sí, Julieta había estado haciendo talleres de actuación conmigo, tiene formación en danza, y sus posibilidades físicas me entusiasmaron… le dije: “… tengo unos textos con los que quiero tener un largo tiempo de experimentación, ¿tenés ganas de probarlos conmigo? No sé qué va a pasar, si van a devenir en obra o qué”. Y empezamos a trabajar. Contrariamente a otros materiales que se me presentan con una definición muy clara de la situación escénica con esta no me pasaba lo mismo. Eran apenas unos textos, y esta única cuestión escénica. (La de alguien en movimiento físico casi permanente)

    GM Contame un poco sobre los textos originarios…

    BC Los escribí a fines del 2003… empecé a escribir y a escribir y se fue armando este texto. Primero cómo una necesidad personal. No podía no escribir. Fue un proceso muy doloroso. Personal y teatral. Escribir me acompañó. Después lo objetivé y podía escribir ya claramente como tarea, con alguna proyección hacia fuera.

    GM ¿No tenías ni idea que ibas a hacer con esto?

    BC No, no tenía idea si iba a terminaba siendo un material teatral, poético o qué. Era una escritura que empezaba a tener un mecanismo… un funcionamiento propio... y que aludía reiteradamente a la idea de “final”… pero no me daba cuenta si eso podía desembocar en una obra de teatro, porque no estaba para nada establecido, como te decía, una cuestión de situaciones escénicas. Era palabra y pocas ideas teatrales, muy pocas. Una de las ideas era que haya alguien en movimiento y también una idea algo extraña en la definición (o mejor dicho indefinición) de los géneros…es contradictorio porque por otro lado el pensamiento de todo lo que ocurría era muy femenino… curiosamente me llamaron un grupo de actores de Bs. As. 3 hombres… querían que yo los dirigiera en algo… Les dije: “Estoy escribiendo algo… de un pensamiento femenino, aunque no sé por qué nunca los definí como mujeres sino con números… ¿si quieren podemos ponernos a trabajar en base a esto?” Trabajamos un par de meses… después hubo inconvenientes de dinero para solventar los gastos de pasajes a La Plata.

    Tampoco yo tenía definido qué hacer con esos textos…Así que se cortó por un tiempo… yo en ese momento estaba con otros trabajos…Pero siempre seguía pensando en que quería hacer algo con esos textos. No era sencillo conformar un grupo de actores en La Plata que me gustaran para este trabajo. Entonces en medio de algunos viajes de trabajo se me ocurrió pensar ¿por qué no probar con mujeres? Y armamos un grupo de 4 mujeres. Lo curioso es que reiteradamente tuvimos problemas para trabajar encontrar uno de los personajes. Pasaron varias actrices y no funcionaba o dejaban por motivos diferentes. Una, Ximena, con quien trabajé también en Ojos, que en lo poco que trabajamos, me gustaba mucho, estaba embarazada y no pudo llevarlo adelante. Una maldición… algo así. El grupo volvía siempre a ser de tres. Y finalmente decidimos que vuelva la idea de un actor. Sin renunciar a la idea de que eran mujeres… Entonces empezamos pensar en situaciones de…

    Me llama la atención el plural en todo lo que me venís contando…

    Las decisiones de dirección son mías... pero varias veces conversamos sobre todas estas cuestiones... Volviendo… Yo quería seguir pensando en esta situación que se había presentado muy de casualidad…(por el llamado de estos hombres actores y esa primeras pruebas con ellos)… Me quedé pensando en términos de la ficción, de la realidad…en términos del teatro y la mentira. Releí las tragedias de Pasolini, sobre todo “Orgía” y…. (estoy teniendo problemas para recordar nombres… me angustia un poco…)… “Fabulaciones”. Me interesaba pensar en lo que plantea Pasolini sobre el Teatro de la Palabra, (la tesis que él organiza a partir de estas seis tragedias)…

    El Teatro de la Palabra como planteo que las cosas en teatro son por lo que se dice y no por lo que se ve, por ejemplo…es desde ya un teatro concebido en términos literarios, donde repudia la representación. Pide al actor que fundamentalmente comprenda los textos, que no sea portador del mensaje del teatro sino vehículo viviente del texto. Hasta hacerse transparente en el pensamiento para que el espectador comprenda lo que esos actores han comprendido. Orgía comienza con un actor que dice: “He muerto hace poco. Mi cuerpo pende de una soga extrañamente vestido”. Jugar con el tema de la mentira y la teatralidad, jugar con el tema del quiebre de algunas convenciones… O más aún poner por delante las convenciones teatrales- que son la realidad” teatral- a la “ realidad” de la vida… fue un punto de partida.

    Después, por supuesto, lo que se va encontrando es muchas veces muy diferente… va en otro sentido… no se verifica lo que uno quiere que se verifique. De hecho me pasa en este trabajo con “ el hombre que hace de mujer vestida de hombre” es algo que me gustaría que pase y no algo que se verifica. Pero ahí, hay un juego de ambigüedades que me interesa… hay algo que es lo que queda de lo que uno se plantea. Eso que queda del planteo, (y no su exacta verificación), es lo que me interesa. ( y no ya el hecho de pensar si se conecta o revela algo sobre la ficción y la realidad… o sobre el uso de las convenciones teatrales). Esto son puntos de partida, ideas que movilizan los inicios. Después la obra se aleja de eso, o eso no interesa centralmente… el teatro para mí no es un lugar solo para conceptuar.

    Me gusta trabajar sobre las emociones… me gusta el teatro directo… Sucede que habrá algunos espectadores que se engancharan con estos juegos (todos nosotros que hacemos teatro) aunque seguramente no sea lo más interesante de una obra… Yo pensaba en el primer teatro, en las primeras representaciones.-... El teatro primitivo de las tragedias griegas. En esa época las mujeres no actuaban (actuaban hombres por mujeres). Y como muchas veces, además, las mujeres se disfrazaban de hombres (las diosas en la ficción solían presentarse a los mortales con vestimentas masculinas) entonces finalmente pasaba que había… un hombre que actuaba de mujer disfrazada de hombre. Esa es la idea que nos interesaba para trabajar con este personaje: un hombre que actúa de mujer disfrazada de hombre.

    Después, los demás pre-supuestos eran mínimos…de una manera no del todo consciente… lo que sí fue consciente es que yo no quería escribir otra obra bajo las formas de las obras que había dirigido hasta ahora (“Cuerpos” y “Ojos) Es más, escribí una obra, que desde lo textual competa algo así como una trilogía con las anteriores: “Borrascas” (historia de una abuela, madre e hija viviendo sobre un techo al costado de una laguna de sal). Y no quise ponerme a dirigirla. Tuve un proceso de crisis interno… de alguna manera el esquema de representación para mí está presente cuando escribo un texto,- y si bien yo tuve reconocimiento con esa forma de representación- no quería seguir por el mismo camino. Es algo muy conflictivo… de alguna manera… la pregunta es:
    Esa es mi estética y entonces me convalido y sigo trabajando en el mismo o parecido formato o ese es un mecanismo de representación teatral que fue efectivo pero ahora tengo ganas de investigar en otro que tendrá necesariamente puntos en común, (esa tal ve que quede sea la estética próxima a mí), y que no sabemos todavía de su efectividad.

    La cuestión es que yo quería salir de esa construcción. Ya lo hice con otras obras (trabajando en experiencias con otros directores, pero mis obras, las dirigidas solo por mi, tienen una impronta similar y muy fuerte) Insisto no es que esto no me guste sino que no quería que apareciera de antemano. Por lo que no sé si me los impuse de manera conciente o fue sucediendo, con esto que te decía sobre los textos, que no tenían una teatralidad clara. Los textos eran palabras nada más… faltaba descubrir su situación teatral… yo, como escritora no me determinaba las claves escénicas con el texto. Más, me dejaba a mí misma, totalmente sola.

    GM ¿Improvisaban sobre esos textos?

    BC Más que improvisar sobre los textos, empezamos a trabajar sobre ellos tratando de crear momento a momento “algo” que tuviese intensidad…digamos… ¿Cómo construir “ teatro” momento a momento? Un proceso diferente para mí. Lo que esta obra… (estoy tentada a decirte Ellas, (hombres o mujeres) pero digamos personas o mejor aún “actores” (hombres o mujeres) que están en un espacio y en un tiempo y le van sucediendo ciertas cosas, algunas textuales, físicas, emocionales… una construcción primaria de lo teatral… Y en los ensayos empezaba a aparecer algo… no sé bien qué… no lo podía “definir ” exactamente… Lo que empezó a aparecer de algún modo es que algunas de esas ideas (que son teóricas y no hacen más que a una cosa abstracta), finalmente estaban disueltas en un mecanismo muy teatral… y continuamos por ese lado…

    GM Yo tenía la idea de que el trabajo estaba basado en la novela de Clarece Lispector: “La pasión según G. H”…

    BC Hay muchas cosas presentes de “la pasión según G.H”: por ejemplo la idea de sentirse mutilada (una idea metafísica de la mutilación ¿no?) que de alguna manera también se relacionaba con la mutilación “real” de “Tito Andrónico”… Pero lo fundamental es que nos posibilitó darle una estructuración temporal al material. En realidad, había, como te decía, un mecanismo de teatralidad Pero todavía no tenía esa idea sencilla que lo pudiese contener.

    Es decir: “Esto sucede en este marco”. “Esto sucede en este espacio por tal cosa”… Y ese relato más sencillo, y a mi modo de ver, necesario, se organizó a partir de Lispector. Su novela sucede durante la agonía de una cucaracha. Entonces ya sabíamos que no podían dormir, que eran insomnes, y que estaban allí, en ese espacio, (el pasillo o sala de paso de un teatro), el tiempo que tarda en morir una cucaracha. ¡Y fue bárbaro! Ese tiempo era muy valioso, casi como un personaje más. Así que se me empezó a organizar todo en función al tiempo…De un tiempo extenso… Además porque el tiempo que tarda en morir una cucaracha es arbitrario. También está en juego la cuestión de la supervivencia de un animal que es pura materia (materia orgánica), instinto… primario…animal…Está destruida pero mientras tenga un pequeño órgano que la mantenga sigue viviendo… Leí que en realidad muere de hambre… /aunque esté casi aplastada, muere porque no puede comer, nada más: esa lógica es fascinante! La vida en su mayor sencillez…y puede durar horas… Es así que a partir de esta idea empezamos a pensar que la obra podría transcurrir durante toda la noche.


    GM Le cuento lo que percibí yo de esto en relación a lo que percibí después de ver el ensayo abierto… Le leo también algunas cosas que escribía la salir del teatro. (ver si las transcribo)

    BC Yo te escucho y pienso… me cuesta mucho hablar con tanta distancia y sintetizar demasiado un proceso que todavía no ha concluido… Un proceso en el cual estoy metida de una manera aún, de a ratos al menos, más intuitiva…no del todo conciente de lo que pasa… Hay cosas que por supuesto están más concientes… (Pero siento que no quiero hacer todavía ese esfuerzo de poner todo consciente… es una frontera que aún no quiero cruzar.)

    GM De eso se trata no…de la intuición… de cómo y qué vas sintiendo y viviendo en el proceso de producción.

    BC Yo me puedo orientar más en lo que fue el primer proceso… eso pasó hace tiempo entonces puedo decir “pasó tal y cual cosa”…Pero en el material actual, la verdad…si lo hablásemos después de estrenado…

    GM No te preocupes que después vamos a hablar de eso. Mi idea es esa… Trabajar
    desde el origen, acompañar el proceso y después ver que sucede una vez estrenado…quizá la recepción…veré…

    BC Con el tema de la recepción… a mí me pasa que cuando lo ve el público…(Con el ensayo abierto algo pasó también)… veo la obra de otra manera…no la puedo ver como antes…veo otras cosas… como si fuese público. Siempre se sigue estando involucrada…Pero puedo tener unas mirada más de afuera también… Ahí comprendo más ciertos procesos y qué cosas se hubiesen podido hacer distintas y de hecho… modifico mucho las obras una vez estrenadas…siempre necesito modificar… es teatro y eso es lo “vivo” de la materia .

    GM Decime una cosa… fuiste sumando textos desde los primeros y lo seguís
    haciendo…seguís…

    BC Sí, ahora sigo bajando ideas para seguir escribiendo escenas. En verdad creo que se creó cierto mecanismo en el cual uno podría hacerlo de una hora como de veinticuatro. Es una obra que permite hacerlo. En esta obra lo que se da es un transcurrir en el tiempo y un estar en el espacio; ( y podría decirlo a la inversa, transcurrir en el espacio y estar en el tiempo, en cierta forma porque esos son los dos elementos primarios de la construcción teatral. Para mí al menos son espacio, tiempo y los cuerpos (que en ultima instancia podrían reducirse también a espacio y tiempo) Y con esa combinación (y ningún otro recurso), con la investigación sobre esas coordenadas quisimos organizar este trabajo. Lo que me deja sin otra alternativa que seguir escribiendo…


    GM Contame sobre la escritura ¿Escribís y probás en los ensayos o…de los ensayos te llevás cosas y después escribís?

    BC Generalmente, como te dije, con los primeros textos que eran como veinte, veintidós páginas fui probando y después corrigiendo. Muchos desechamos. Se fue haciendo un trabajo en simultáneo entre los ensayos y la escritura en casa. Después hubo un largo tiempo en que no escribí y ensayábamos más que nunca. Era un armado rarísimo. Yo decía por ejemplo: “acá los textos de la hoja tres”. Y después los cambiaba. Era tanto el caos que no hubiese podido escribir para cada ensayo. Los textos iban y venían. Cambiábamos el orden de los textos todo el tiempo. Y también textos. Ya no sabía nada…ni el texto que se tenía que decir…todo como una especie de Rayuela en vivo (creo que más caótico). Después de dos o tres meses de trabajar así empecé a bajar todos los textos. A organizar la textualidad y a pasárselas organizadamente. Esa organización vino después del caos.

    En realidad con este grupo empezamos a principio del 2005 y…con esta intensidad a partir de julio…( a mi regreso) hasta el ensayo abierto de diciembre… La verdad que trabajamos muy intensamente…los sábados nos juntábamos al mediodía y terminábamos a las ocho de la noche…¡y es difícil ensayar tantas horas!. Fue muy fuerte el nivel de trabajo que tuvimos, había mucha interacción. A mí me gusta mucho meterme…entonces iba moldeándose el trabajo sobre los cuerpos de ellas. Yo veía lo que hacían, y también hacia dónde podría derivarse eso que hacían, más o menos tenía todos los textos en la cabeza; entonces imaginaba situaciones con ese hacer de los actores y los textos. Todo en vivo, en interacción, una escritura sobre los
    cuerpos… y a pura intuición o respiración teatral. Quedábamos agotadas. Y siempre pidiendo un poco más de la actuación. Este es un gran punto. Yo me meto absolutamente con el actor. Confío en que me puede dar todo y entonces sencillamente le pido todo. Es una relación muy cargada de afectividades (a veces positivas y a veces no)…

    Un día, en ensayos, surgió el tema del amor por el actor. Yo creo que es muy importante. Tal vez usaría el tema de afectividades. Yo tengo una enorme afectividad hacia los actores. A veces algo ingenua. Parto de esa confianza y avanzo. A veces después de estrenar lo he padecido un poco. Tal vez por no tener el mecanismo de disociación comprendido. En todo caso es un déficit personal que tendré que generar herramientas para que no duela. Pero que desde el puno de vista del trabajo, me da enormes resultados. Los actores que han trabajado conmigo siempre dan a su máximo. Están brillantes. Vos lo viste en el ensayo. Por eso y el mecanismo de trabajo que te conté, creo también que sucede que…parece muy de ellas… ¿no? Surge de su naturaleza…de su forma de ser. Hay mucho tomado de ahí, no es que del papel va al cuerpo sino que parte …de los actores- los actores son el centro desde donde se irradia.

    GM Sí, eso se notaba en el ensayo abierto…después de eso ¿cuándo y cómo
    comenzaron?

    BC Recién tuvimos la primera reunión ayer después de un mes y medio sin vernos…

    GM (Entre risas). Quedaron todos “movilizados”…

    BC Sí, y ahora tenemos que afrontar la búsqueda de un actor. Estamos buscando a este hombre-mujer porque no vamos a trabajar más con el actor que estaba. No es volver a empezar…pero tampoco es claramente un reemplazo lo que buscamos. De lo que se mostró en diciembre a mí me quedaron dos o tres trabajos: Uno tiene que ver con “rastrillar”, repasar algunas escenas conseguir un mayor asentamiento…la situación de los ritmos, de la actuación… Otro es que quedé convencida (me interesó mucho) la extensión en el tiempo… entonces tengo que agregar escenas. Acordate que con lo que teníamos duró cuatro, tres horas y media…hace falta agregar más…unas cuántas escenas más como para llegar a las cinco, cinco horas y media. Esto ya constituiría casi toda la noche más el intervalo, etcétera.

    Y la tercera que me quedó como saldo es revisar la situación del personaje JM (Más allá de falta de acuerdos con el actor que lo hacía) no me funcionaba del todo…en el sentido de la actuación y conceptualmente. Por eso te digo que no es un reemplazo porque todavía no sé exactamente qué es lo que tiene que hacer ese actor. Tengo que seguir investigando para que realmente se verifique teatralmente algo de lo conceptual que te decía al principio sobre la mentira, la convención, el teatro y la representación de hombres con mujeres…Todavía falta un trecho para que aparezca algo que me termine de interesar o habrá que tirarlo a la basura...pero antes de tirarlo a la basura voy a probar un poco más.

    GM Además se te empieza a modificar la obra, digo, lo que estaba encadenado.

    BC No, no, simplemente puedo decidir que lo haga una mujer. Pero…me interesaba que haya una energía masculina… Agregar un hombre fue bueno. Quizás, como tuve la idea en un primer momento, que esté espiando ese mundo… más pasivamente…menos presente. . . no lo sé todavía… Por el momento esos textos no están resueltos no aparece la forma por la cual la convención teatral sea más evidente que el peso de la sexualidad de mujer-varón… veré…

    GM Bueno, entonces ahora me queda seguir registrando esta segunda etapa…

    Fuente: http://artesescenicas.uclm.es

    miércoles, 22 de febrero de 2006

    TEATRO: ENTREVISTA CON RICARDO BARTIS "Para nosotros hay otro teatro posible"

    Reestrenó "De mal en peor", un homenaje a la dramaturgia de Florencio Sánchez. En abril, la lleva a festivales de Berlin y Bruselas. Aquí habla de los procesos creativos y del valor del actor argentino en el mundo.

    Camilo Sánchez.

    Hay un sauce, en la vereda de la calle Thames, que se inclina sobre el bochorno del asfalto como buscando agua. Está jodida la tarde en Buenos Aires. Ricardo Bartís —ojotas, bermudas, una remera azul— abre desde el portero eléctrico la puerta del Sportivo Teatral, su taller/escuela/teatro, y pide un minuto: viene de baldear el patio, regar las plantas y sólo falta agrupar un par de hojas chamuscadas en un rincón. Casi como una instalación casual, en el escritorio de entrada, dentro de una coqueta bolsa que dice Clarín, descansan seguramente los dos premios —Mejor Director y Mejor Obra del Circuito Off— que ganó a partir de la bella y batalladora De mal en peor, una especie de homenaje a la dramaturgia de Florencio Sánchez.

    La larga ruta de ideas que Ricardo Bartís se apresta a ir soltando en unas tres horas de charla, parece cargada de atajos o imprevistos que, sin embargo, como sucede con el cuerpo dramático de sus obras, está protegida por una hilación firme. Bartís se mueve, más allá de cotejar dudas o de revisar conceptos, en el convencimiento de quien maneja, más que citas o frases importadas, recursos de un pensamiento propio.

    "¿Café, mate?", pregunta y regresa de la cocina, detrás de donde está montada la platea de su teatro: la escenografía de De mal en peor, que acaba de reestrenarse, se desparrama en toda la casa. El director cuenta algunos arreglos recientes del lugar. "El mayor logro del Sportivo Teatral es la existencia misma del Sportivo Teatral", dirá, entonces, en tono confesional.

    ¿Qué diferencia de estrés hay entre un estreno y un reestreno?

    Es distinto. La situación de las primeras aproximaciones del público, por más que el espectáculo esté bien consolidado en la intimidad de los ensayos, generan una gran inquietud. Cuando digo inquietud hablo de goce y de deseo, de miedo y de expectativa.

    ¿Con las funciones eso se distiende?

    Hay algo que se afirma en el trabajo y, por suerte, hay algo que se desaloja: aquello que tiene que ver con el temor o preocupación que desafinan el vínculo con el espectador. Un riesgo sería solemnizar ese vínculo, tornarse alcahuete del público, tener una actitud teatral para que el espectador pueda reconocerse sin riesgos. Lo otro es un intento: fundar ese vínculo en el territorio de una construcción poética. Los primeros encuentros son difíciles. El reestreno es distinto: requiere de una atención de no atontarnos, de volver a instalar la potencia, pero eso suele llevar, también, un par de semanas.

    Bartís parece reconcentrado en la charla. "El agua", le advierte el cronista. "¿El agua?", pregunta, consternado, y recién después sale disparado, esquivando muebles, hacia la cocina. Regresa con el mate. Entre los muebles que esquiva sucede la última historia pensada por Bartís, anclada en los festejos del primer centenario de la patria. La obra está plagada de personajes que quieren demostrar todo lo que saben y demuestran, de puro argentinos, todo lo que les falta. Es un texto abarcativo: la decadencia de una familia, una maestra importada por Sarmiento raptada por los indios, el poeta que le escribe discursos a los intendentes, la ambigüedad sexual, el incesto, la derrota, el pobrerío que golpea las ventanas, la entrega de la más joven de la familia para capear el temporal de la ruina.

    ¿Sentías que metías toda la carne al asador en esta obra?

    Ese unvierso está en la literatura de Florencio Sánchez, con quien tenemos una deuda emocional e intelectual severa: el tipo modifica el registro dramático de Buenos Aires, instala el procedimiento de lo social sin atisbos panfletarios. Pone lo político en lo micro, en la intimidad de una familia, y lo hace estallar. Leímos a Sánchez, a Eugenio Cambaceres —más para investigar la intensidad o las formas del habla— y también a Gregorio de Laferrere, un autor contemporáneo a Sánchez, más influenciado por el vodevil. Y comenzamos a trabajar en el relato.

    En la historia propiamente dicha.

    Claro, digo relato como una forma de tomar partido en lo teatral. Yo no me planteo una obra como una acumulación de imágenes.

    No hay palabras de Florencio Sánchez en la obra. ¿Cuánto de soporte o de marketing tiene colocar su nombre en los créditos?

    Más que nada, es un palenque donde rascarse. Las palabras de Sánchez fueron disparadoras, generadoras de trama teatral. Da temor, hay que decirlo, no tener la historia, ni el texto, ni los personajes. Una situación tentadora pero también con riesgos ostensibles: más aún, cuando se trabaja con un grupo actoral numeroso. Y estaba el momento, además.

    ¿La realidad fuera de los ensayos?

    No nos olvidemos que veníamos de De la Rúa presidente, el proceso del 2001: Puerta, Rodríguez Saá, Duhalde. Ese era el campo de nuestros mayores: ese era el campo de la representación teatral de lo que suele llamarse lo real, la política, la Nación.

    Un tiempo para renovar el mate y enfrentar una sesión de fotos. Y la aparición, en la charla, de un orgullo genuino: de los once actores de De mal en peor, ocho debutaron con esta obra. "Son buenos y además están compenetrados en esta forma de trabajo, sostenidos más que nada por el deseo y las ganas de actuar".

    Insisto: ¿no corrías el riesgo de meter muchas cosas en la obra?

    No, a mí me interesa un relato que haga referencia a un núcleo de comportamiento. Sobre ese relato ingenuo, después, se va a imprimir la potencia de la actuación, aquello que convoca una obra que, antes de los ensayos, no teníamos. La época, por cierto, no ayuda. En sus aspectos más oscuros, se trata de un tiempo descerebrado y brutal. Nosotros con lo que contamos, básicamente, es que hay otro teatro posible, en otras condiciones, con otra forma de actuar y de agruparse, con una entrega generosa. Hay que entender que, en estos tiempos, la actuación ha perdido terreno.

    ¿Por qué?

    Porque imperan los lenguajes lavados de la modernidad. Un teatro, una forma de representación cargada de tics, que no termina de morir. Del espacio alternativo se están produciendo los grandes actores argentinos. Precisamente de ese campo es de donde viene la valorización del teatro argentino en el mundo, no del teatro que se hace en la calle Corrientes o del teatro oficial.

    Hace poco declaraste que te sentías dejado de lado por el teatro oficial.

    No les debe interesar lo que yo hago. No deben considerar que soy una expresión importante del teatro de la ciudad. Si no, no entiendo por qué Kive Staiff no me llama. O será que tal vez no sería el teatro oficial un buen lugar para transitar y en ese caso me está haciendo el favor de evitarme la tentación de ir a trabajar al San Martín. Acaso no quiere distraerme de mi trabajo.

    ¿No descartarías una estructura oficial para trabajar?

    Es que es muy agotador siempre ser uno el promotor y sostenedor de los proyectos. A veces, es necesario que alguien te tire un cable para poder creer en algo. Las situaciones de marginación no son siempre simpáticas, el salvajismo de la libertad también puede ser cansador. De todas formas, a veces, uno pediría, más que ayuda, que no compliquen las cosas.

    ¿A qué te referís?

    Al proceso post-Cromañón, por ejemplo. Cerraban teatros que eran emblemas culturales por un matafuegos vencido. Yo estoy viejo. Y seguís siendo siempre adolescente en este país. No se trata de pedir ayuda: no habría que perder de vista que hay urgencias más importantes para derivar el dinero del Estado. Pero lo que no existe es una política estratégica hacia ámbitos, como han sido los grupos teatrales, que ayudaron a sostener una trama social cuando todo parecía disolverse. Falta una discusión con las empresas privatizadas para que estos ámbitos culturales tengan cierta consideración en la luz, el agua. Nosotros pagamos 190 pesos de agua: 190 pesos de agua. Y encima, exigencias y controles. En estas salas no ha habido accidentes, ni incendios. Cuando los hubo, fue la policía o los servicios poniendo alguna bomba como en El Picadero.

    En tu libro "Cancha con Niebla" decías que padecías, y la calificabas de neurótica, una desconfianza hacia el reconocimiento ajeno.

    Se ha ido calmando con el tiempo. Los premios y todo eso ayudan por un momento, es divertido, pero nada más. El otro día, en un ensayo flojo, les gritaba: vamos a tener que devolver todos los premios. No hay cambios con premios o sin premios en este teatro berreta de cámara que encaramos nosotros. No hay especulación de pasar al frente, sólo de trabajar.

    En una charla pública defendías el valor del actor argentino.

    Después de la dictadura militar se habían mirado mucho los procedimientos foráneos de actuación. Hoy se está reparando eso y se están valorando, otra vez, modelos actorales de aquí: recuerdo a Carella, hay que pensar en Luppi y en Dumont, en Inda Ledesma —a quien vi catorce veces en Medea para tratar de entender su oficio—, en Cristina Banegas, Urdapilleta, Luis Machín, María Onetto, tantos nombres que se escapan ahora. Aquí hay actores con diversos niveles de registro y de improvisación, que es inhabitual. Aquí hay actores que no ves en ningún lugar del mundo.


    Fuente: Clarín

    miércoles, 15 de febrero de 2006

    La despedida de un "hombre de teatro"

    falleció yirair mossian a los 81 años

    El prestigioso hombre de teatro Yirair Mossian, conocido por sus innovadoras direcciones, sus aportes críticos y su docencia, falleció el pasado domingo 12 a los 81 años, por secuelas de una caída en su casa, aunque la noticia se conoció ayer.
    Yirair Mossian Benian, tal su nombre completo, había nacido en Jerusalén, Palestina, el 10 de septiembre de 1924 y llegó a Buenos Aires a los siete años de edad, donde adoptó la ciudadanía argentina.

    Director de teatro, periodista, crítico teatral y docente, Mossian se desempeñaba como profesor en la Escuela de Teatro de La Plata y en el Conservatorio de Arte Escénico de Buenos Aires.
    Partícipe activo del movimiento de teatro independiente argentino, dirigió a Jorge Lavelli en La gaviota, de Antón Chéjov (Teatro Riobamba) y con ese actor viajó a Francia becado por el Fondo Nacional de las Artes. Además, fue el responsable de Nuestro fin de semana (1964), primera obra de Roberto Cossa, Réquiem para un viernes a la noche, de Germán Rozenmacher y El reñidero, de Sergio De Cecco, entre los autores nacionales, sus preferidos.

    De Roberto Arlt montó recordadas puestas de Saverio el cruel, La fiesta del hierro y El desierto entra en la ciudad. Del repertorio internacional dirigió Bertoldo en la corte, Lenta danza de doce en el patíbulo y El oído privado y el ojo público.
    Otras de sus puestas fueron Las tres hermanas, de Chéjov, y Sueño de una noche de verano ,La comedia de las equivocaciones yLos dos hidalgos de Verona, de William Shakespeare.

    Murió el director Yirair Mossian

    Dedicó su vida al arte teatral


    A consecuencia de un accidente doméstico falleció el domingo el periodista, director de teatro, crítico teatral y docente Yirair Mossian. Sus restos fueron inhumados anteayer en Chacarita.

    Había nacido en Jerusalén, Palestina, el 10 de septiembre de 1924, como Jirair Mossian Venian. Aunque estudió Literatura y Letras en Montevideo, poco necesitó para darse cuenta de que su vocación se inclinaba hacia la dirección teatral. Fue asistente de Alberto Rodríguez Muñoz con cuya compañía viajó a Buenos Aires donde se estableció en la década del 50.

    Fue un activo partícipe del movimiento de teatro independiente, donde tuvo oportunidad de dirigir a Jorge Lavelli en "La gaviota", de Chejov, labor por la que obtuvo una beca del Fondo Nacional de las Artes para viajar a Europa.

    Vivió y trabajó un año en Erevan, Armenia, donde dirigió televisión y montó en idioma armenio. Becado por la provincia de Buenos Aires visitó diversas universidades de los Estados Unidos.

    En Buenos Aires estrenó "Nuestro fin de semana", de Roberto Cossa, puesta que lo hizo acreedor al premio Teatro XX y el de la Asociación de Críticos de Buenos Aires". Realizó múltiples puestas en teatro, radio y televisión, pero también se destacó en el periodismo en Marcha (Montevideo), Democracia, Convicción y Tiempo Argentino, entre otros medios.

    Su labor docente comenzó en la década del 70, en la Escuela Nacional de Teatro de La Plata y en la Escuela Nacional de Arte Dramático. Actualmente se desempeñaba como profesor en la Escuela de Teatro de La Plata y en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA).

    Fuente: La Nación

    martes, 31 de enero de 2006

    Federico León «Creo en un teatro orgánico»

    ¿Quién es Federico León?

    A pesar de su juventud, la carrera de Federico León (Buenos Aires, 1975) como dramaturgo está jalonada por los premios y el reconocimiento. Hasta el momento ha obtenido galardones como el primer premio de dramaturgia del Instituto Nacional de Teatro, el premio Konex 2004, el del Fondo Nacional de las Artes o el primer premio Nacional de Dramaturgia 1996-1999. Su obra Cachetazo en el campo (1997) lo dio a conocer y se convirtió en un hito del teatro joven argentino. Después de Cachetazo vinieron Mil quinientos metros sobre el nivel de Jack (1999) y El adolescente (2003), esta última estrenada en el Teatro Sanmartín. León también incursionó en el cine —como guionista, actor y director— en la controvertida Todo juntos (2001), estrenada en el MALBA. Actualmente rueda Estrellas, un documental-ficción sobre la figura de Julio Arrieta, productor y representante de actores de la villa 21 de Barracas, además de actor y escritor.
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    Teatro reunidos y otros textos (pdf)

    Entrevista a Federico León

    Rubén A. Arribas
    revistateina@yahoo.es

    A unas cuadras de la casa de Federico León (Buenos Aires, 1975), donde el Abasto casi se convierte en Palermo, hay un bar de los de antes: sin televisión, amplio, luminoso, con fachada a dos calles, tranquilo —salvo por el ruido de los coches y el de la cafetera—, con sillas de madera gastada y un dueño también algo gastado. Un bar de otro tiempo, de barrio; un superviviente a la menemización sufrida por los cafés porteños.

    En esa isla ajena al estrés y a las prisas de la gran ciudad, es la cita. León viste vaqueros, zapatillas, pulóver y una sencilla chaqueta, todo entre marrón y negro, muy sobrio. Durante la primera parte de la entrevista, como un chico bueno y estudioso en el colegio, apenas se mueve de la silla. Ni siquiera estira o cruza las piernas, tampoco se recuesta; se mantiene erguido, atento, un rato con los brazos cruzados sobre la mesa, otro rato con las manos sobre el café, siempre retirado.

    Tiene algo de boxeador que mantiene la guardia alta. De hecho, aunque muy amable en el trato, la entrevista no se convierte nunca en una charla de café; conserva en todo momento la tensión, como si se tratara de una escena que se ejecuta ante un público ausente. Apenas hay palabras de más. Algunas respuestas, incluso, vienen precedidas de silencios, nada ceremoniosos, tan sólo unos cinco o diez segundos donde León mira un instante a la ventana y regresa a la conversación.

    Y se ve que encuentra luz allí donde mira, porque comienza las respuestas con una idea, a la cual asocia otra y después una tercera, sin esfuerzo, como si dentro de sí tuviera una gran cantidad de material y lo ordenase mientras habla, como si viviera inmerso en su trabajo y fuera un acto natural reflexionar en voz alta sobre éste. A medida que la entrevista se adentra en su labor como director, León se transforma: descruza los brazos, arquea las cejas... Parece bajar la guardia. Mientras tanto, su razonamiento fluye en cascada.

    De repente, han pasado 15 minutos y León continúa contestando la misma pregunta. Y hace rato se ha convertido en una suerte de karateka que descarga golpes secos a su alrededor. Sin embargo, su voz no cede a la vehemencia, mantiene la sobriedad, el tono, el ritmo. Se nota que lo suyo con el teatro es una pasión sin estridencias, pero hasta el tuétano.

    Eso revela también su libro Registros. Teatro reunido y otros textos, un libro que ha publicado hace unos meses y que compila toda su escritura relativa a las artes escénicas. El volumen incluye varias reflexiones personales sobre su experiencia teatral, reseñas de la crítica, fragmentos de entrevistas y fotos de las puestas. Sobre este libro y su labor como director teatral, Federico León habló con teína.

    ESCRIBIR UN LIBRO DE ¿TEATRO?

    Tu escritura teatral está muy ligada a la dirección y a la puesta en escena. ¿Cómo imaginas al lector de tu libro?
    Mi teatro no es para ser leído; más bien el libro sirve como un registro y funciona para entender determinados procesos creativos. Con él, el lector puede darse una mínima idea de lo que hago; leerlo sin haber visto las puestas es como ver en video una obra de teatro.

    ¿Entonces?
    Me interesaba escribir sobre algo que tengo la sensación de que se me escapa permanentemente... Algo que lo tengo muy claro cuando ensayamos y que, sin embargo, cuando comienzo otra obra siento que desapareció. De hecho, suelo sentir que no acumulé nada, que comienzo de cero nuevamente, que lo olvidé todo... Y me refiero a todo, incluso a que me replanteo mi relación con el teatro. Para Registros comencé a escribir desordenadamente sobre aquello que recordaba, sobre lo que se repetía, sobre las extrañas lógicas que se arman cuando una persona está actuando.

    ¿Lo consideras un «libro de teatro»?
    No sé si es un «libro de teatro». Es más un diario o un registro de procesos creativos. Por un lado, incluye textos no teatrales como el guión de Todo juntos o la investigación para el museo Boezzio. Por otro lado, el libro contiene distintas clases de textos teatrales: Ex Antuán, una obra que terminé y que nunca hice; Cachetazo en el campo, que no tenía texto inicial y que fui escribiendo en los ensayos, o Mil quinientos sobre el nivel de Jack, que tenía texto inicial pero que sufrió muchos cambios, y que en el libro aparece en la versión de puesta.

    ¿Qué trabajo específico hiciste para prepararlo?
    Escribir sobre mi trabajo, cosa que nunca hago. Reflexiono todo el tiempo, pero no escribo sobre ello; y ya tenía ganas de bajar mi experiencia con el adentro del teatro: las actuaciones, la dirección, la escritura, la recepción, los procesos creativos de cada obra... Intenté atrapar una voz como la de los ensayos, una voz desordenada, que mostrara cuál es mi manera de asociar. De hecho, al margen del resultado final, para mí, escribir el libro fue un trabajo buenísimo que me ha servido para ordenar mis ideas.

    ¿Te interesa que otros directores monten tus obras?
    En principio, no. Estas obras las escribí con unos actores muy específicos. No escribo mis obras para luego escuchar mis textos. Quizá más adelante quiera experimentarlo; de momento, no.

    ¿Crees en el teatro como un género separado de la puesta?
    Eso se discutía mientras estudiaba la carrera de dramaturgia. No sé, yo leo muy poco teatro; pero no por elección, sino porque me nutro más de películas, de actores, de literatura, de música o de relaciones con personas. Para mí, el texto es una capa más en la obra, como el actor, ambos igual de importantes.

    LO QUE NO CONVIENE

    En tu libro insistes sobre la importancia de la sala de ensayo. ¿Cuál es tu sala de ensayo ideal?
    En realidad, nunca tuve una sala de ensayo. Tampoco uno la elige; eso, en general, depende del dinero y de la disponibilidad horaria. Lo que me sucedió fue que en mi última obra, El adolescente, me di cuenta de lo importante que era el espacio, como si el punto de partida para una obra fuera elegir el lugar donde uno ensaya. Ahí, por ejemplo, quería saber qué pasaría con dos adultos, tres adolescentes y un espacio muy grande donde éstos pudieran correr y arrojarse cosas. Eso. Tenía un tema, sí, la adolescencia, y un texto que había escrito a partir de mis lecturas de Dostoievski; sin embargo, lo que me entusiasmaba era lo otro: ver cómo interaccionaban esos elementos iniciales de los que disponía, cómo encontrar el equilibrio entre ellos, cómo conseguir que todo rimase.

    Al referirte al trabajo con los actores, hablas de aplicarles la consigna «No le conviene». ¿En qué consiste exactamente eso?
    Los actores encuentran maneras de actuar que les funcionan y quieren seguir repitiéndolas siempre. Por eso, hay que intentar que salgan del dominio de su gusto propio, de los registros donde se sienten cómodos. Cuando salen de ahí, aparecen cosas que no dominan, impulsos; y lo que aflora es más vivo, más fresco. Esta dinámica tiene que ver con probar registros de actuación, con aprender a tocar zonas desconocidas y asimilarlas, con observar qué relación mantiene un actor con lo que hace: si tiene un estado y lo contiene, o si alcanza un estado y lo exhibe... En los ensayos o en las funciones, los actores construyen permanentemente en un presente; y eso es similar a un proceso creativo. Por esta razón, lo del «No le conviene» es importante: afecta a cómo los actores incorporan los accidentes —olvidos de texto, el espacio escénico, etc.— de cada función.

    ¿Hay un límite para aplicar esta consigna de llevar a uno hacia donde no le conviene?
    En realidad, la consigna tiene que ver con una incertidumbre, con no saber hacia dónde se avanza. Y obviamente todo tiene un límite: cuánto de vos, de eso que no te conviene, no querés mostrar. Por otro lado, puede ser también embellecerse, aumentar la autoestima, no tiene por qué ser algo desagradable para uno.

    Entre tus actores, ¿qué importancia le das a las relaciones entre las personas?
    La obra es la síntesis de una gran cantidad de variables. Como director, le doy mucha importancia a las dinámicas reales que se establecen entre los actores fuera y dentro de los ensayos, porque todo eso aparecerá después en la obra. Después viene el texto y todo lo demás. Es decir: si tengo una vieja y un nene en el escenario lo más real y concreto son las relaciones —de confianza, de respeto, de tamaño físico, de fuerza, etc.— que se establecen entre esas dos personas, además del bagaje personal de cada uno. Todas esas variables se traducen permanentemente en la actuación de ambos. Por eso cada proyecto es distinto: las personas no son las mismas... Entonces sí, hay ciertas ideas que se repiten en mis obras: comenzar una obra sin fecha de estreno, investigar o tener mucho tiempo para ensayar; sin embargo, lo que define mi teatro es que trabajo con la interacción real entre las personas.

    ¿Podrías dar un ejemplo sobre esto de las dinámicas?
    En las improvisaciones de El adolescente, descubrí que Emmanuel siempre terminaba al lado de Miguel, con quien bromeaba fuera de los ensayos, es decir, aparecían relaciones entre los actores a partir de las tendencias reales que se establecían entre las personas. O, por ejemplo, también en esa obra tenía a chicos de 15 años que le lanzaban zapatos a un adulto —Miguel—, a la cabeza. Éste se enojaba mucho, pero ellos se cagaban de la risa porque, además, les encantaba hacer enojar a Miguel... Y esto pasaba siempre. Entonces, como director, la pregunta era: ¿qué hago con este material? Por eso digo que después vendrán los textos o cualquier otra cosa; lo importante es qué construye uno con esas relaciones reales.


    UNA LINTERNA LLAMADA PÚBLICO

    ¿Vas al teatro a ver obras de otros autores?
    Depende, eso va por épocas. Como ahora estoy en el comité de selección de obras nacionales para el Festival de Teatro Internacional, en los dos últimos años he visto prácticamente todo el teatro que se ha hecho en Buenos Aires. El año pasado estuve en más de cien obras, por ejemplo. Otras veces voy muy poco.

    ¿Tu teatro es accesible para toda clase de público?
    Resulta difícil responder a eso. ¿Qué es para todo el público? Del mismo modo que me interesa la polifonía y la variedad de registros en mis actores, me interesa un público heterogéneo, donde cada espectador sume una opinión distinta a la obra. Quizá antes me preocupaba más por hacer un teatro para mí; ahora intento que el recorrido asociativo del público sea similar al que los actores y yo hacemos.

    ¿Cómo vives tu papel de director cuando la obra está en marcha?
    Se trata de una etapa muy buena, en la que encuentro mucha información. Voy a todas las funciones, aunque la obra esté en cartel tres años. Me interesa ver cómo interacciona el público con la obra, cómo la deforma.

    ¿La deforma?
    Desde el momento en que se abre la obra a los demás, se produce una especie de perversión entre los actores y el público, a la que el director debe estar atento. De repente, aparecen un montón de cosas en primer plano que antes no estaban y se instalan momentos diferentes a los de los ensayos, por ejemplo, porque el público se ríe. El público, a lo largo de las funciones, arma su propio relato e ilumina zonas que el director o los actores no veían debido a que estaban obsesionados con otros aspectos de la obra. Por otro lado, el público se ríe, suspira, tose, etc. y sin querer le subraya y le instala marcas al actor. Por si fuera poco, conforme se suceden las funciones, diferentes públicos pueden coincidir en iluminar determinadas zonas de la obra... Al final, como consecuencia de esa interacción se acentúan textos, se endurecen zonas, se remarcan unas escenas y pierden sutilidad otras, incluso aparecen momentos que antes no estaban. Algo típico es que las obras siempre duren cinco o diez minutos más. Como director, en esos momentos trato de corregir y devolver la obra a como era en los ensayos.

    ¿Cómo fue estrenar en el Teatro San Martín?
    Mucha gente se levantaba en mitad de la función y hacía ruido cuando se iba... Es horrible cuando eso te pasa. Imagino que cuando leyeron Dostoievski pensaron que encontrarían nieve, sobretodos... No sé. Estrenar la obra en el San Martín significó que fuera a verla mucha gente que, de otro modo, no hubiera ido. A la vez, quizá no era una obra para ese tipo de sala. En cualquier caso,
    creo que El adolescente no encontró a su público: el reestreno que hice en El callejón tampoco me dejó conforme. Quisiera intentar una tercera versión.


    LO LITERAL: ¿ABRE O CIERRA SENTIDOS?

    En tu libro aseguras que el público está cansado de leer entre líneas. ¿Lo dices en serio?
    En Mil quinientos sobre el nivel de Jack, hay un momento en el que la madre sale de la bañadera porque entiende que su hijo se va de casa y quiere formar una familia; sin embargo, también sale porque no cabe nadie más en la bañadera: tres cuerpos empujan a otro para que salga... Entonces: es una elección que la actriz-madre verdaderamente tenga setenta y pico de años, que el agua esté fría o que el traje de buzo apriete el cuerpo del actor-hijo durante una hora. Eso es literal. Quiero decir: yo también podría representar la asfixia del mandato paterno de familia-buzo sobre el hijo con un traje de tela finita; pero no, prefiero hacer ese trabajo con la literalidad de las imágenes.

    No termino de comprender cómo se relaciona eso con leer entre líneas...
    Los detalles son reales, son literales. Ése es el punto de partida para leer la obra: tratemos de leerla a partir de ahí y nos encontraremos con algo más físico, más concreto, más palpable. Con ello no quiero limitar la mirada; sin embargo, puestos a cerrar sentidos en cuanto a qué quiere decir la obra, al menos ofrezco la posibilidad de que éstos se cierren sobre algo literal, en vez de sobre algo abstracto. Lo otro, es decir, escuchar un texto y decir «En realidad, no está hablando de eso, sino de otra cosa», es decir, privilegiar el subtexto, está ya muy machacado. El texto es muy importante, pero no quiero privilegiarlo. En Jack, ¿qué quiere decir que le tiren zapatos al casco? No lo sé. Quiere decir un montón de cosas... Pero en principio sólo le están pegando al casco y eso, visualmente, es muy bello. La construcción no tiene que ver tanto con las metáforas y con los símbolos como con ese material presente y concreto.

    ¿Cierra ese mecanismo posible sentidos?
    Al contrario. Cada espectador construirá el sentido que le parezca oportuno. Y ésa es mi labor: abrir sentidos. Una señora mayor, por ejemplo, salió y me dijo: «¿Qué significa, que se mueran los viejos?» Y eso me obligó a inventarme sobre la marcha una explicación positiva sobre la violencia, un argumento que decía que no, que los adolescentes sólo buscan comprobar que los músculos de los adultos están bien y que era una violencia positiva. Entonces, si vamos a cerrar sentidos prefiero que el espectador los cierre sobre lo que ve, como un nene: veo que hay un tipo que tiene un casco y al que le tiran zapatos. Después también será, por ejemplo, el dilema de la cabeza frente al cuerpo, etcétera. Todo eso también.


    PUNTOS DE PARTIDA

    ¿Dirigirías una obra de otro autor?
    No. En principio, no me interesa y no suelo buscar obras que dirigir. No sé cómo será un futuro.

    ¿Por qué?
    Mis puntos de partida en el teatro son múltiples, no sólo un texto. Es un instante especifico de mi vida en el que quiero hacer esto, con tal actor. En El adolescente, por ejemplo, quería trabajar de nuevo con Ignacio, el chico de Jack; quería hacer algo con Dostoievski, a quien he leído desde los 18, y tenía una imagen de dos adultos que quieren ser adolescentes... Entonces: no es sólo un texto, sino todas esas variables que se conjugan al mismo tiempo. Justamente, comenzar es lo más difícil porque la obra intenta ser contemporánea a la persona que la hace. O por lo menos eso me sucede a mí. De ahí que necesite una separación de cuatro o cinco años entre obra y obra.

    Muchos espectadores recuerdan de tus puestas un dolor muy directo, incluso literal. ¿Te sientes identificado con esta clase de comentarios?
    A lo que llamamos dolor tiene que ver con poner en escena las relaciones reales entre los actores, no con hacerlos portadores del discurso del director o con que actúen para ilustrar un texto. Por eso, busco que el actor trabaje con su material real, que atraviese con él mis propuestas y las modifique. Y al revés: que su material actoral se vea afectado por mis propuestas. Esa interacción real es la que busco en los ensayos y la que trato de que suceda en las funciones. De ahí tiene que nacer todo. Si no surge la interacción, uno puede ver las marcas, la coreografía, el dibujo de todos los elementos con que construyó... Para mí, el punto de partida tiene que ver con establecer una relación desde cero con el material, con los actores, con el texto. A diferencia de otros métodos, donde antes de comenzar los ensayos ya se está muy disfrazado —casi todo está ya fijado de antemano: texto, vestuario, etc.—, yo cuando comienzo una obra no tengo nada; es más: trato de no imponerme nada, intento dejarme atravesar por lo que el material propone y colocarme en un lugar donde no me pueda defender mucho y no sea posible echar mano de lo que ya sé.

    Incides mucho en las relaciones que se establecen entre los actores. ¿Es el tuyo un teatro basado en la psicología?
    Mi teatro es un teatro de actores. A mí se me ocurren ideas fundamentalmente a partir de los actores, a partir de las personas. Y sí, tiene que ver con los estados plásticos, que tienen que ver con temperaturas, con la percepción del calor del cuerpo de otra persona, con una actor bajo una luz, con algo no definido, más que una línea de comportamiento definida;. Decir que es psicología lo encuentro reduccionista. Aunque esté gastado el término, la base es eso, pero también es que Miguel, por ejemplo, tenía un cuaderno donde anotaba todo y que le servía para señalarme mis contradicciones. Él tenía una rutina, guardaba anotadas las 250 cositas de las que debía acordarse para hacer bien su papel... Un día logré que quemara el cuaderno y que así se descargara. Lo que yo busco con los actores es que ellos se den cuenta de que la obra es la oportunidad de mandarse la suya y de mostrar su relato. Y me parece muy conmovedor cuando se producen encuentros inteligentes entre la obra y los actores. En mi opinión, la obra está al servicio de otra cosa.

    UN TEATRO ORGÁNICO

    La crítica adjetiva tu teatro como «crudo», «duro», «íntimo» o «polifónico». ¿Qué añadirías o corregirías?
    Sí, esas palabras me resuenan. Quizá añadiría otras como intoxicación, presente, interacción real, cruces. Trabajo mucho con la idea de la interacción: de cruzar A y B surge C, que contiene a los dos anteriores. Por ejemplo, en El adolescente, un adulto se cruza con un adolescente y de ahí sale otra cosa que contiene a los dos.

    ¿Podrías ejemplificar eso de que la obra funciona como un documental?
    Por ejemplo, en El adolescente, Miguel tenía movimientos de payaso simpático, pero yo quería que tuviese un papel más pesado; que la gente lo tomase en serio. De hecho, los pibes le pegaban en los ensayos y daba la sensación de que a él no le importaba. Por esta razón, tuve que hacer un trabajo en una dirección contraria a la natural para él. Si ves la obra, Miguel está como contenido, queriendo hacer sus movimientos y no pudiendo, y a la vez está construyendo otro tipo de movimientos. La obra narra también eso, es decir, mis peleas con Miguel para que se discipline, para que sea prolijo, para que aprenda a moverse de otro modo. La gente cuando va a ver la obra no conoce esa información; pero ésta la emana.

    «Ahora, para mí, y lo vuelvo a relacionar con la adolescencia, hay que poder creer en algo». Pertenece al último texto de tu libro. ¿En qué crees?
    En un grupo de personas capaces de crear un sentimiento, un estado, una perturbación en un espectador, y también en que el público modifica la obra. Creo en lo orgánico, en un tipo de construcciones donde el tiempo y las personas seleccionan el material que conforma la obra. Tengo la impresión de que las obras que se ensayan en tres meses se quedan en la cáscara, con las primeras ideas que surgen. En mi caso necesito un proceso largo para decantar el material. Me pasó que me aferré a un material durante cuatro meses, traté de defenderlo y después nada, aprendí a darme cuenta de que eso era lo que surgía para que luego saliese otra cosa... Y aclaro: hay buenas obras con sólo tres meses de ensayos y malas obras con un año; la necesidad de tiempos largos es algo personal, algo que forma parte de mi sistema de construcción en el tiempo, un tipo de construcción muy orgánica.

    ¿A qué autor te sientes más cercano?
    Gombrowicz me gusta mucho. Mientras ensayábamos El adolescente tuve muy presente la novela —tiene varios nombres— La pornografía. A Gombrowicz le interesaba mucho la observación entre jóvenes y adultos.

    ¿Cuándo montarás una nueva obra teatral?
    Hasta que no acabe el rodaje de Estrellas no creo... Mínimo un año más. Ahora estoy produciendo la película y eso me demanda muchísimo tiempo. Me gusta hacer una cosa por vez.

    Fuente: revistateina