miércoles, 26 de enero de 2005

ENTREVISTA A JOSE MARIA MUSCARI "No tenemos 800 personas que vayan al teatro todos los días"

En un homenaje a la Cultura griega, la Fundación Konex lo convocó para hacer una adaptación personal de Electra, la obra clásica de Sófocles. Fiel a su estilo desestructurado, ensaya Electra Shock, junto a un grupo de jóvenes actores. Entretanto, tiene otras dos obras en cartel, y reflexiona sobre las nuevas tendencias en los escenarios locales: “Hacer teatro en salas chicas es una forma de resistencia”, dice.

Marcela Mazzei

1 - ¿Cómo va a ser esta versión tan particular de una obra clásica del teatro griego?

En mi versión de Electra, esta Electra Shock que voy a hacer, sucede todo lo contrario de lo que uno espera de una tragedia. Porque uno dice tragedia y te imaginás algo denso, aburrido, largo, engorroso y poético. Y la verdad que no es ni largo, ni aburrido, ni engorroso ni poético. Es corta, dura una hora cinco y la historia está clarísima; la poesía queda de lado y la obra se vuelve más concreta. Es una versión que yo intenté iluminar lo más que pude basándome en la visceralidad del texto en sí: lo que le pasa a Electra con el hermano y la madre, y con el tema de vengar la muerte del padre. A partir de eso empecé a armar un imaginario, que es este que tengo ahora, mezclando condimentos que no tienen nada que ver con la tragedia. Los actores cantan en vivo, hay una puesta muy moderna, hay un coro que no es el coro griego clásico sino que es un coro casi de show que lo que hacen es iluminar y armar todo. Así que es una visión bastante particular, una impronta muy personal sobre el universo de Sófocles.

2 - ¿Creés que la obra tiene actualidad o la puesta es lo innovador?

Me parece que la puesta la acerca al público cotidiano de hoy, pero la temática de la obra es algo que trasciende la época. Porque tiene que ver con una mina que no tiene paz hasta que no vengue la muerte de su padre. Y me parece que la Argentina de hoy está llena de personas que no tienen paz porque no pueden vengar la muerte de personas cercanas que les mataron injustamente. Sin ir más lejos, veo todos los días a los familiares de la gente de Cromañón pidiendo justicia por esos muertos.

3 - ¿En quién pensás cuando te referís a tu público?

Yo me fui dando cuenta con el tiempo que hay un público de culto de lo que hago, que siguen lo que yo hago. Y después hay públicos que son ocasionales, que dependen de la temática del espectáculo y de los actores. Pero hay un público que me sigue, para el cual no trabajo, no es que yo hago algo para mi público. Justamente, lo que caracteriza mi carrera es lo disímil. De hecho, me seduce un poco la idea de no saber qué público va a venir a ver Electra. ¿Va a venir el público que quiere ver tragedia? ¿Va a venir el público que quiere ver a Carolina Fal porque la conocen de la tele? ¿Va a venir el público del establishment cultural porque es Konex? ¿Va a venir el público moderno que venía el año pasado al festival Verano Porteño? No lo sé. Me parece que todo eso va a armar un nuevo circuito de público que va a ser particular.

4 - ¿Qué tiene en común tu trabajo con lo que hace De la Guarda?

Lo que hace De la Guarda sí es participativo y es un "teatro de sensaciones", definido por ellos también. Y creo que lo mío, si bien apunta a las sensaciones, es un teatro que tiene un sostén más intelectual, que no depende de lo físico, que hay un texto y que contundentemente está contando algo: una anécdota, una historia, un universo. No tiene que ver con la performance pura, cuando me parece que lo de De la Guarda sí es una performance. Lo mío tiene mucho de la impronta performática pero toma esa impronta para construir un nuevo código.

5 - ¿La diferencia entre el teatro alternativo y el comercial es sólo de presupuesto, o existe una estética de lo emergente?

Al menos en mí no. Yo te puedo asegurar que un espectáculo como Shangay, que está en un circuito puramente comercial como es el Maipo, lo creé con la misma libertad con que hice Pareja abierta para la calle Corrientes y con la misma libertad con la que hice Catch para hacerlo en Parque Chacabuco en un principio, aunque después trascendió Catch. Pero en general trabajo con una libertad muy absoluta, me importa muy poco dónde lo voy a hacer ni con quién ni qué público va a ir. Trato de comprometerme con lo que yo necesito y con ese grupo de actores, haciendo lo que tengo ganas de hacer, sin enroscarme de lo que va a significar, si es comercial o no, o si la gente va a pagar la entrada o va a ser a la gorra: eso no me importa. El espectáculo siempre tiene la calidad que estoy dispuesto que tenga, más allá de cómo va a ser el marco productivo.

6 - ¿Hay una marca política en esta tendencia de hacer teatro en salas chicas?

Vos hablás de una impronta espacial, casi. No sé. Me parece que hay algo que es muy obvio: no hay 800 personas por día que vayan a ver una obra de teatro, y no tiene que ver con quién lo protagonice o si es comercial o no. Entonces, eso sí lo asumió el teatro más emergente y las salas son más chicas. También, la gente que tiene salas independientes trata de mantenerlas como puede, no subsisten de otra manera. Tiene que ver con una política de producción más que con una poética de ir a tomar algo o no, de que sea más o menos acartonado. Yo creo que es una forma de resistencia. Y de acercarse más a la realidad, de darse cuenta que hay cosas que se quedaron en el tiempo. Más allá de cómo sea la obra, es difícil que vayan 800 personas por día a ver algo. Porque no las hay, porque el teatro es algo de culto, porque ya no es una necesidad social hacer teatro. En la época de los griegos la gente iba al teatro como a una fiesta, y hoy la gente va al teatro como una salida de entretenimiento.

7 - ¿Qué te parece la gestión cultural respecto al teatro?

Creo que lo que pasa está bueno, pero falta más. Aunque hablar del teatro en esos términos es muy ingenuo, porque falta más salud, falta más educación, faltan un montón de cosas más. No falta teatro. Algunas cosas se hacen y están buenas pero faltan otras cosas que son más sustanciales. Si esas cosas sustanciales estuvieran, el teatro y la cultura que falta impulsar sería mucha menos... surgiría sola, también.

8 - Hace unos días clausuraron el Teatro Gran Rex por fallas en la seguridad, ¿creés que las inspecciones pueden perjudicar a las salas más chicas?

Esto es una gran psicosis que se va a caer en breve, porque van a tener que clausurar todo el país. Eso es lo que pienso de verdad, que el país no está en regla. Ahora, fuera de eso, me parece raro resolver que determinados espacios culturales no se abran porque no cumplen con determinadas normativas. Realmente, creo que todos los centros culturales dependientes del GCBA no deben estar en condiciones, y dependen del gobierno. Para mí hay algo muy claro. ¿Qué fue lo que impulsó todo esto? La tragedia de Cromañón. ¿Qué pasó en Cromañón? Había un lugar que no estaba habilitado y, en todo caso, estaba habilitado para que entren 1200 personas y entraron 5000. Había un techo que era de media sombra que no tenía que estar y un empresario que recaudó más dinero del que tenía que recaudar cobrándole entrada a la gente. Chau, se acabó, es eso lo que pasó. No hay mucha más vuelta para dar. Me parece que en el Gran Rex nunca entró más gente de la que puede entrar, porque entran sentados y compran la entrada. Entonces, enroscarse en otra cosa es ridículo, es patear una pelota que no existe, una psicosis que no se va a generar. Clausurando estos lugares y con toda esta movida mediática nos olvidamos que hay algo que el señor Ibarra hizo mal. Y eso no hay que taparlo con la clausura del Gran Rex, no hay que taparlo con nada.

Fuente: Clarín

viernes, 21 de enero de 2005

"Sólo para mí"

ENTREVISTA: MARIANO PENSOTTI

¿Teatro joven? "Vapor", la última obra de Mariano Pensotti, entusiasma con su mezcla de cine, rock y, por qué no, teatro.
Txt. Mariano Ugarte Si existiese, su hit sería "Hacer teatro y no morir en el intento". Integrante de la legión de teatristas post 2001 que emerge en el mapa teatral de Buenos Aires, comparte la selección argentina de "nuevos valores" con Mariana Chaud, Lola Arias y Lautaro Vilo, entre otros. Aunque intenta escapar al mote de "lo nuevo" no lo logra. "Hace doce años que produzco teatro. Hace poco se empezó a hablar de 'nueva dramaturgia', pero llegué tarde. Ya estaba pasado de moda", comenta este actor, cineasta, director y dramaturgo, que con algunos films en su haber pasó del cine al teatro. Con la cámara en la mano se pregunta "ser o no ser".

—¿Por qué el cambio?

—Me resultaba complicado conseguir los fondos para hacer cine. El teatro me parece más amigable, te podés juntar con tres o cuatro amigos y hacés una obra. Escribir teatro es muy liberador, podés jugar con muchos más imaginarios que en el cine.

En su última obra, la premiada Vapor, se cruzan los westerns y las carreteras de Las Vegas con la realidad argentina más cotidiana. "Es una suerte de road movie donde los textos fueron escritos como quien graba un disco de rock. No estaba seguro de que eso podría ser una obra", dice el ¿rocker teatral?

Hacer visible lo invisible es su misión: "Todo pasa por tratar de descubrir resquicios en lo real y lo cotidiano y trabajar con aquello que uno no podría percibir a simple vista", dice.

Mariano no se toma lo suyo como "una carrera", no lee teoría y prefiere hacer cosas que reflexionar sobre ellas. "Bah... hago cosas y me preocupa que sean buenas, nada más".

Flaco y alto, con aires modernos, hace poco se sacó un piercing de la ceja. Defiende a su generación frente al oxidado teatro tradicional: "Mi generación está buenísima. ¡Es una maza!".

—¿Es un mito que el teatro aburre?

—¡Es cierto! "El Teatro" con mayúsculas aburre, sobre todo el malo. Sentarse en silencio a mirar te mata. Lo que tiene de bueno es que toca otras fibras. Genera otros estados en el espectador, que no lo logra ni un recital.

—¿Existe un teatro joven?

—Lo que hay son códigos compartidos por los jóvenes, un ida y vuelta. El teatro que hago no sé para quién es. Creo que es sólo para mí.

Fuente: Clarín

viernes, 7 de enero de 2005

Abanico multicolor de la escena

UN PANORAMA COMPLETO DE LA CARTELERA PORTEÑA EN EL VERANO QUE COMIENZA
Habrá estrenos y reposiciones de obras que fueron muy bien acompañadas por el público. Tanto en el circuito oficial como en el comercial, las ofertas abarcan todos los registros.

Por Hilda Cabrera

Alentar el encuentro o el desafío con el público es una premisa del teatro porteño, al que no le basta con funciones en Buenos Aires. No son pocos los elencos que dejaron atrás el cartelito “Hoy, día de descanso”, y se aprestan a recrear su trabajo en salas de Mar del Plata o en giras por provincia. Es cierto que esto se debe en parte a la iniciativa de empresarios dueños de salas en Buenos Aires y en la costa. Un texto enviado a la gente de teatro, a modo de saludo, por el Celcit (que en Argentina preside el actor, director y dramaturgo Juan Carlos Gené y coordina el director Carlos Ianni) es acaso espejo de la pasión que nuestros artistas demuestran por la escena. Dice allí el italiano Eugenio Barba, director, teórico y fundador del Odin Teatret de Dinamarca: “El teatro es el oficio de la incursión, una isla flotante de disidencia, un claro en el corazón del mundo civilizado. Raramente, algunas privilegiadas veces, es también la turbulencia del Desorden que confunde mi manera familiar de convivir en el espacio y el tiempo circundantes, y a través del trastorno me obliga a descubrir otra parte de mí”. A nivel local, en este 2005 que se inicia no existen por ahora esas reveladoras turbulencias, sobre todo porque gran parte de lo que se verá en los primeros meses no es sino reiteración de espectáculos anteriores.

En principio, algunas salas permanecerán cerradas, por refacciones las que integran el Complejo Teatral Buenos Aires (que abrirá el 17 de marzo, cuando suban a escena Copenhague y Nunca estuviste tan adorable), o por ensayos, como sucede con el Teatro Lola Membrives, donde en marzo se estrenará Los productores (The producers), musical de Mel Brooks, con Enrique Pinti y Guillermo Francella. Pero este es un detalle. Lo cierto es que muchas otras salas se mantendrán activas, y varias de ellas del circuito comercial. Al Lorange, de Corrientes 1372, por ejemplo, irá 5gays.com, del español Rafael Pence, con Germán Krauss, Fernando Lúpiz, Diego Olivera, Gonzalo Urtizberea y, entre otros, Roberto Antier. Se anuncian revistas y musicales, como Fifty-fifty, de Marc Camoletti; y Hombres, pieza que años atrás mostró el grupo T de Teatre, de Cataluña, y que dirigirá Manuel González Gil. Componen este elenco la talentosa María José Gabin, Andrea Bonelli, Claribel Medina y Georgina Barbarossa.

Ese no es el único tono de la temporada, como lo ejemplifican la puesta de Una bestia en la luna, de Richard Kalinoski (en Multiteatro, de jueves a domingo; y en La Subasta de Mar del Plata, los lunes y martes); La brisa de la vida, de David Hare, con Rita Cortese y María Leal (estrena hoy, en el Regina, de Av. Santa Fe 1283); La señorita de Tacna, de Mario Vargas Llosa, con Norma Aleandro y elenco (en el Maipo, Esmeralda y Corrientes); El resucitado (versión de La mort d’Oliver Becaud, de Emile Zola), con Lorenzo Quinteros y Daniel Zaballa, dirigidos por Roberto Villanueva (Del Nudo, Corrientes 1551), y Dorian Gray, el retrato, con Juan Rodó, musical de Pepe Cibrián Campoy y Angel Mahler (Opera, Corrientes 860).

Ella en mi cabeza, con libro y dirección de Oscar Martínez e interpretaciones de Julio Chávez, Soledad Villamil y Juan Leyrado, en el papel de un analista de nombre Klimovsky, estrenará el miércoles 12, en el Paseo La Plaza, y al día siguiente vuelve Pequeños crímenes conyugales, de Eric-Emmanuel Schmitt, con Mercedes Morán y Jorge Marrale y puesta y dirección de Rubén Szuchmacher (también al Paseo). La Banda Los Macocos hace recuento de sus éxitos (desde 1985 a 1995) en la Sala Pablo Neruda de La Plaza, desde el viernes 14. Otro espectáculo de interés: Venecia, de Jorge Accame, dirigida por Santiago Doria, que rescata la ilusión amorosa de una vieja y ciega madama de un pobre prostíbulo provinciano, se presentará el sábado 15 en La Casona, de Corrientes 1975. También lo es Houdini, con Guillermo Angelelli y Elena Roger, y dirección del coreógrafo Ricky Pashkus (15/1, en el Metropolitan II). Este director repone además Te quiero, sos perfecto, cambiá (18/1, en Picadilly).

Utilizar el humor negro para satirizar aspectos del arte contemporáneo y desenmascarar la brutalidad de los poderosos es la apuesta del elenco que dirige Claudio Ferrari en Anfitrión (Venezuela 3340). La obra a estrenar el viernes 14 (a las 21) lleva por título El entrepiso. Su autor es el estadounidense Dennis Weisbrot, e integran el elenco Javier Alonso, Claudio Charra, Flora Ferrari, Fernando Lázaro y Teresa Murias. Ese mismo día se repone Shangay, escrita, dirigida y protagonizada por José María Muscari. La anécdota: una pareja desavenida decide separarse en un restaurante chino. La acción se sucede en ocho cuadros y el público es invitado a degustar té verde y saborear maníes. El espectáculo ocupa el Maipo Club, de Esmeralda 443, en funciones de viernes y sábado a las 23.30. Territorio plano, de Bernardo Cappa, se verá a partir del 15 en Teatro del Abasto (Humahuaca 3549), solamente los sábados a las 21). Actúan Andrea Vázquez, Gabriela Falivene, Viviana Vázquez y Walter Rosenzwit, también a cargo de la dirección. Otra pieza que genera expectativas es Ella, con libro y dirección de Susana Torres Molina y protagónicos de Patricio Contreras y Luis Machín. La situación: dos varones transpiran en un baño turco mientras hablan de “ella”. El debut será el 15 en el Teatro Payró, de San Martín 766 (de viernes a domingo a las 21).

Entre los espectáculos al aire libre está prevista una nueva versión de El enfermo imaginario, de Molière. Se realizarán dos funciones en el Museo Fernández Blanco (Suipacha 1422), según una puesta de Kado Koszter. Este trabajo cuenta con interpretaciones de Pepe Novoa, Celeste García Satur y Marcello Mazzarello. Se ofrecerá el sábado 15 y el domingo 23, previo a una minigira por diferentes espacios de la ciudad. No es el único a circular: en diferentes centros culturales se ofrecerán Querida Niní, con la actriz y narradora oral Ana Padovani, y El mundo ha vivido equivocado, sobre textos de Roberto Fontanarrosa y actuaciones de Atilio Veronelli y Carlos Sturze. De cirujas, putas y suicidas retorna el viernes 21 al Teatro del Pueblo, de Diagonal Norte 943. Los textos pertenecen a Roberto Cossa, Marta Degracia, Carlos Pais y Roberto Perinelli. Dirige Lía Jelín y actúan Pablo Brichta, Mónica Villa, Gustavo Massó y Jean Pierre Reguerraz. La música es de Jorge Valcarcel y Alfredo Seoane. Interpretan en vivo: Violeta Bernasconi (violín) y Juan Manuel Padilla (guitarra).

La gripe, de Eugenio Griffero, es una de las apuestas para febrero. Dirigida por Alejandro Robino e interpretada por el Grupo Metateatro, de Trelew (Chubut), se verá en Celcit, Bolívar 826. Otras piezas, aun con fecha a confirmar, son El graduado, con Nacha Guevara (en Metropolitan II); Nativo, espectáculo con puesta y dirección de Omar Pacheco (El Nacional), e Hipólita y Fedra, con Raúl Rizzo, Alejandra Rubio y elenco, en Ciudad Konex. En este espacio se presentarán Electra Shock, con Carolina Fal, Luciano Suardi y Guillermo Arengo, y Las troyanas, una puesta de Rubén Szuchmacher con Elena Tasisto, Ingrid Pelicori y Horacio Peña. La actividad en el Teatro Nacional Cervantes se iniciará recién el 11 de febrero con la reposición de La señora Macbeth, de Griselda Gambaro, con Cristina Banegas y elenco, y dirección de Pompeyo Audivert.

Fuente: Página 12