viernes, 29 de agosto de 2003

Movida teatral en el Galpón de la Comedia

La Movida Teatral Platense, organizada por la Comedia de la Provincia, continúa este fin de semana en el Galpón de la Comedia, 49 entre 3 y 4, siempre a las 20.30, con distintas obras de elencos platenses. Así, hoy se podrá ver el "Match de Improvisación", que coordina Cabe Mallo, un original espectáculo de humor en el que dos equipos compiten realizando las más disparatadas improvisaciones en una pista.

El grupo accidental de teatro presentará mañana "Espérame en el cielo, corazón o una historia no contada", con dirección de Omar Sánchez, una creación colectiva sobre sueños, fracasos, la muerte, el deseo, la sobrevivencia, la espera y la incertidumbre. Una historia interrumpida en torno a la vida de un escritor apócrifo. "El cerco de Leningrado" del autor español José Sanchís Sinisterra, subirá a escena el domingo con dirección de Omar Musa y a cargo del grupo Barataria. La obra plantea a través de una anécdota cargada de humor, el naufragio de una generación que luchó por un nuevo orden político y económico que cambiara el mundo.

La Movida continúa el martes con "El Claudicante", escrita y dirigida por Febe Cháves, y ganadora del primer premio de la Fiesta Provincial de Teatro 2002 (Torquist), interpretada por el grupo La Gotera. El miércoles será el turno de "Tres, tres, tres", escrita y dirigida por Diego de Miguen, una coproducción del Teatro La Gotera y la Compañía de Teatro Cínico, y el jueves, finalizará con "El Culebrón", de Fabián Andicoechea, sobre textos de Roberto Fontanarrosa y también a cargo del grupo La Gotera. Al finalizar esta función se realizará un debate entre los 9 directores que participaron de esta iniciativa sobre el tema "El proceso creativo".

martes, 26 de agosto de 2003

TEATRO: ANA ALVARADO "El teatro está dialogando con la gente"

Fundadora e integrante de El Periférico de Objetos y puntal del Grupo de Titiriteros del San Martín. Dirige Los débiles, de su trilogía De La Deformidad.

María Ana Rago

Ana Alvarado se siente una privilegiada dentro del circuito off, porque —ni más ni menos— puede vivir de su trabajo. Fundadora e integrante de El Periférico de Objetos, teatrista de múltiples roles, es la directora de Los débiles, que acaba de estrenarse en el Espacio Callejón. Es la segunda obra de la trilogía "De la deformidad", proyecto que inició el año pasado con Guillermo Arengo, autor de la pieza y también actor de El Periférico. Juntos ya estrenaron Gloria y Marcelo. "Era sobre el amor y sus zonas deformes. La tercera obra será sobre la vejez", anticipa.

¿Cómo encararon el trabajo con Los débiles?

Arrancamos improvisando sobre la debilidad mental. Guillermo fue escribiendo a medida que ensayábamos. Primero armó una escena de dos personajes, dos huérfanos débiles, y de ese momento inicial surgió la obra. Ese proceso me parece el mejor, porque el producto nace genuinamente por sí mismo, como una alquimia, sin un punto de partida preciso.

Los débiles es la historia de dos chicos que después de un accidente en el que mueren sus padres, se quedan solos en el mundo. "Estos débiles mentales son rescatados por una instructora, una maestra que los lleva a una comisaría en el campo y decide iniciar un proyecto mesiánico y delirante con ellos", explica Alvarado.

¿Qué debilidades abordaron?

Primero investigamos el personaje de la maestra, qué debilidad tenía ella que es un ser en apariencia normal. Trabajamos su locura, su mesianismo, sus hipótesis sobre lo que era la salvación del mundo. Ella evoca a su padre muerto, representado por un actor enano (Miguel Fontes, de 65 años, que trabajó en el circo). En el caso de él, la elección del tipo físico tuvo que ver con la propuesta también.

Completan el elenco Arengo, Gaby Ferrero y Eliana Niglia. La puesta circula por los vínculos de los personajes. "Es un mundo particular, poético, que nos sirve como autorreferencia. Vemos en esta instructora la fragilidad o debilidad de los que nos dedicamos al campo artístico. Nos encerramos igual que ella en un lugar, a generar un proyecto que nos parece que va a ser trascendente y va a cambiar algo en el mundo y después lo tiramos al mundo y no ocurre nada de eso...".

¿No cambia nada?

Cambia poco... No en la medida mesiánica que uno quisiera. Los actores me decían que las obras del off en Buenos Aires son proyectos débiles, porque ellos le dan todo su tiempo a algo que económicamente no es redituable. Los actores que laburan conmigo, laburan como si se les fuera la vida ahí. Es una zona loca... Es una situación de debilidad total con respecto a la supervivencia.

¿Qué se proponen decir con la obra?

La intención no es dar un mensaje. No estoy tratando de comunicar algo sobre la diferencia, no es la idea decir nada sobre cómo debemos tratar al diferente. El tema puede favorecer ese tipo de discurso, pero esta obra no lo tiene. No es un espectáculo progre sobre cómo tratamos al diferente. Creamos un mundo y metimos adentro personas con esas características. No hay una tesis sobre el tema.

En 1989 Alvarado fundó con Daniel Veronese y Emilio García Wehbi el grupo El Periférico de Objetos, y a partir de ahí construyó una trayectoria intensa. Otroproyecto actual de Ana es la dirección de un espectáculo de narración de cuentos fantásticos —uno de su hermana, Maite Alvarado, y otro de Ruth Kaufman—, que va a estrenarse en La Maravillosa. También, va a dirigir al grupo Panthalasa, con "textos desmembrados, sobre hijos del exilio". Además, quiere hacer Pulgarcito con el Grupo de Titiriteros del San Martín, del que forma parte desde el 87 donde es intérprete, directora y dramaturga.

"No me hubiera dedicado al teatro de actores si no hubiera atravesado el teatro de imagen, de objetos", asegura quien viene de las "bellas artes" y se dedicó a la pintura hasta los 29 años. "Actualmente el teatro está dialogando con la gente de una manera que no hacen otras artes. Es un fenómeno. La formación y el tipo de entrega que tiene el actor del off es definitorio a la hora de que pueda existir tanta oferta de teatro en ese circuito", sentencia.

Fuente: Clarín

viernes, 22 de agosto de 2003

“Los argentinos somos xenofóbicos”

EL AUTOR Y DIRECTOR JOSE MARIA MUSCARI ESTRENA HOY “GRASA”
La nueva obra del autor de “Mujeres de carne podrida” se sitúa en una Argentina del futuro, destruida y moderna a la vez. Allí, los nuevos líderes no son los estadounidenses sino los bolivianos.

Por Silvina Friera

José María Muscari es uno de los dramaturgos y directores más imprevisibles de la escena argentina. Sus montajes proponen un lenguaje provocativo y original por el modo de jugar con los conceptos de distancia y cercanía. Desde que sus emblemáticos espectáculos del off Mujeres de carne podrida y Pornografía emocional, entre otros, se transformaron en objetos de culto, Muscari coqueteó, con esa misma irreverencia que lo caracteriza pero con resultados disímiles, en el teatro comercial (Desangradas en glamour, Alicia Maravilla y Pareja abierta) sin claudicar en sus concepciones estéticas, pero incomodando a la ortodoxa y muchas veces prejuiciosa comunidad teatral. “Pareciera que la gente que está en la cultura es profunda. Mi papá, que es verdulero, es mucho más profundo que yo, que me dedico al teatro. Tiene un nivel de poesía y sensibilidad –aunque hable de la papa– al que no puedo acceder”, señala Muscari a Página/12. En Grasa, que se estrena hoy a las 23, en el recientemente inaugurado Abasto Social Club (Humahuaca 3649), una mujer boliviana agasajará con vino caliente y chipá a los únicos 30 espectadores que podrán ingresar a la sala, donde estarán esperando los actores Leonardo Saggese, Natalia Gardineri, Fernando Sagayo, Florencia Sacchi, Juan Manuel Méndez, Javier Pomposiello, Natalia Segre y Vanesa Maja.

Esta creación de Muscari convive en la cartelera con dos de sus espectáculos: Derechas, estrenado en el 2002, que se presenta los domingos a las 20 en Templum (Ayacucho 318) y Catch, que estrenó hace un mes, los sábados a las 23, en el C.C. Adán Buenosayres (Parque Chacabuco), un espectáculo de boxeo femenino, 17 actrices en escena, un travesti, un chancho vivo y un ring. Grasa, ganadora del subsidio a la creación artística de la Fundación Antorchas, expone una Argentina del futuro, destruida, pero moderna. Entre las ironías de Muscari, no son los estadounidenses imperialistas los que manejan las vidas y destinos de los únicos ocho sobrevivientes argentinos: un niño de 12 años y 7 jóvenes de entre 20 y 30. En ese deshilvanado futuro donde todos están encerrados y aterrorizados, una nueva raza, los bolivianos, controla y domina a esas resquebrajadas criaturas que, sin saber que la puerta está abierta y pueden salir cuando lo deseen, se sienten más seguras recluidas en ese cuarto inmaculado, que se parece a los que ilustran las revistas de decoración minimalista.

“No me gusta esto, no me gusta hablar como ellos, estoy hablando como ellos, ¿cuándo me moriré?”, dice el nene. “Con este texto en la boca del chico, me cayó la ficha de que el espectáculo es una metáfora de la Argentina: hace mucho que los argentinos se preguntan cuándo me moriré”, explica Muscari. “El nene, que es el más puro, se termina pudriendo, cuando se reconoce como igual a los adultos.”

–¿La violencia con la que se relacionan los personajes es consecuencia de esa devastación?

–El espectáculo plantea dónde está la violencia: si en el adentro o en el afuera. De los siete sobrevivientes, la única que sale del encierro es la ciega que, a pesar de que no ve, trae una visión diferente del mundo exterior. Ella comenta que afuera no hay peligros, que es amiga de los bolivianos. Grasa surgió con el trabajo de los actores, que estaban viviendo en el país del 2002 y necesitábamos hablar de lo que pasaba sin hacer teatro político. La violencia está latente en nosotros porque estamos atravesados por la vehemencia de la historia. Los argentinos somos xenofóbicos, no es necesario compararnos con un nazi para admitir que tenemos actitudes discriminatorias.

–¿Qué diferencias existen entre Grasa y sus otros espectáculos?

–No hay grotesco ni subrayado, y el registro del humor es más sutil, con una actuación diferente. Habitualmente trabajo con la sobredimensión, pero en Grasa prevalece una especie de hiperrealismo a ultranza, en lamedida en que el espectador no comprende si los actores están actuando o eso está sucediendo. No me gusta comprometerme con los temas y las estéticas de actuaciones; voy viendo qué me pide la escena. Grasa tiene una mirada finamente irónica sobre la modernidad y el futuro: los actores, que manejan la luz y el sonido del espectáculo, están descalzos, pero con ropa hipermoderna. Esto genera un extrañamiento muy perturbador, pero este extrañamiento no está trabajado desde la densidad sino con humor y con una fuerte impronta estética, que integra la escenografía, la luz, el vestuario, la forma en que están peinados, lo que sucede antes de entrar a la sala, como parte del signo de lo que se cuenta y no como un adorno.

–¿En qué aspectos ironiza sobre la modernidad?

–Al espectador lo atiende una boliviana, Ana, que trabaja en una verdulería, antes de participar en la función. La obra se presenta en un teatro divino, pero en el Abasto, donde la casa de al lado está tomada. Ironizo sobre la modernidad en el contexto de la superposición de signos. Ana, que no es actriz, genera otro signo. Además, hay una ironía respecto de nuestras posibilidades de hacer teatro europeo. No me gusta el teatro europeo hecho con la intención de que parezca europeo, en Buenos Aires. Cualquiera que quiera ser algo que no es, es un grasa.

–¿La modernidad, entonces, es una especie de aquelarre?

–En algún momento las personas que hoy parecen retro fueron modernas. Lo moderno es la boliviana que vende en la calle y la chica con piercing comprándole un corpiño. Existe una idea de la modernidad muy estética con la que la obra no concuerda. Un personaje dice: “Soy descendiente de europeo, soy gaucha, soy criolla”. Algo no funciona en esta definición. Si un argentino tiene ascendientes latinoamericanos, los oculta; si son europeos, los ventila con orgullo. Lo legitimado es lo que no nos pertenece porque la Argentina, me parece, está más cerca de Latinoamérica que de Europa.

Fuente: Página 12

sábado, 16 de agosto de 2003

DRAMATURGIA El teatro pendenciero

Declaraciones, escritos, críticas, entrevistas y textos de las obras para entrar en la constelación Bartis
ANA AMADO
DRAMATURGIA
CANCHA CON NIEBLA

de Jorge Dubatti
Atuel. 379 páginas. $ 23


El fútbol, para el director teatral Ricardo Bartís, es la primera escena política. Una caja de resonancia de la que rescata identificaciones con la escena teatral (el juego mismo, sus límites, el espacio, los cuerpos la exigencia, la pasión), y también la inspiración para el título de este libro: "A veces hay niebla en la cancha. Se hace difícil ''jugar''. Las distancias cambian (...)". Incluso su forma de concebir el juego escénico puede encontrar antecedentes en su pasaje de juventud por potreros con iluminación precaria: "Dependía de que lado jugabas y por momento tenías una sensación surrealista de poder perderte. De que en ese partido organizado, si la pelota se iba muy lejos, podías ''cruzarte'' a otra escena, otro campo, otra cancha". La situación teatral semejante, en suma, a una niebla que convoca a todos los fantasmas y la certeza del límite que una vez atravesado lleva a otro juego. Podría decirse que en esa otra área, él construye una de las poéticas más radicales y singulares del teatro local de los últimos 20 años.

Cancha con niebla es un libro que se estructura en base a retazos: declaraciones, escritos, críticas, fragmentos de entrevistas, anotaciones, y textos de las obras montadas y dirigidas por Bartís conforman una constelación de la que emerge una clave sólida para acceder a las ideas, el pensamiento político y la peculiar dramaturgia del director. Este principio constructivo del libro se relaciona en el fondo con la concepción que Bartís tiene con respecto a la palabra escrita. En la base de su trabajo está la negación del texto dramático como algo previo a la puesta en escena, por lo que no resultó sencilla la tarea de recuperación que se impuso Jorge Dubatti, autor además de una docena de libros sobre el teatro argentino más reciente (compilaciones de obras, aportes de la nueva crítica, además de ensayos con análisis y teoría teatrales), casi todos en esta colección imperdible de Editorial Atuel. Del "teatro perdido" de Bartís rescata en esta ocasión seis muestras: Postales argentinas (1988), Hamlet o la guerra de los teatros (1991), Muñeca (1994), El corte

(1996), El pecado que no se puede nombrar (1998) y Donde más duele (2003). En el caso de Postales, obra que marcó un quiebre en el lenguaje y la narración teatral, se trata del mismo texto incluido en Otro teatro. Después de Teatro Abierto (Libros del Quirquincho, 1991), agotado hace tiempo. Dubatti recuerda la resistencia de Bartís a esa publicación, una negativa que apuntaba desde entonces al núcleo de su concepción del teatro: no cree en una escritura dramática previa al acontecimiento teatral, o en el predominio de la lógica del texto por sobre la materia viva y volátil de la obra. Y si finalmente aceptó el reto, lo hizo mediante un procedimiento peculiar: el dictado. Bartís deshilvana de memoria. Su publicación es acompañada ahora por una minuciosa "escritura-registro" de los ensayos de Postales. Un conjunto de notas, recogidas y mecanografiadas por su asistente, que permite acceder al proceso fascinante por el cual "un grupo de expedicionarios perdidos en el desierto en busca de una especie de talismán" —como define él al grupo durante el período de búsqueda— lleva a cabo con su acción la verdadera obra.

Teatro no representativo, ni psicológico, que en vez de secuencias ligadas en términos de sentido privilegia "el instante" co mo acontecimiento ("tema que Badiou y el pensamiento francés toman del teatro", interpreta Bartís) y establece su poética bajo el signo de la sustracción. De la idea de obra escrita, en primer lugar, en beneficio de lo performático. Sustracción del texto, por lo tanto. No importa cuán legitimada esté su escritura por la autoría de origen: Shakespeare (Hamlet), Arlt (El pecado que no se puede nombrar), Discépolo (Muñeca) o los sucesivos Donjuanes (Donde más duele), deben desaparecer para fundarse de nuevo.

En la serie de restas no desaparece la importancia del "decir" en el teatro, sólo que ese decir no está ligado al enunciado de parlamentos sino a la combinación de distintos relatos, en tanto "escritura" que va ganando lugar a través de los actores como portadores absolutos de teatralidad. De ahí que sus definiciones insistan en la cuerda pulsional que liga actuación y sexualidad. Y sobre todo actuación y artificio. El teatro —o el cuerpo— es un campo teórico donde el valor de la mentira como elemento central en la construcción poética produce en sí una resonancia de significaciones políticas.

El montaje que Dubatti hace de estas intervenciones junto con la escritura dramática, con la "letra" de las obras, deja asomar esta voluntad política. El inventario de mitos que restituyen esas escenas (la conspiración, la debilidad, el progreso, la invención técnica, la imaginación literaria, el mandato paterno), y su relación con las ruinas de nuestra identidad más profunda y encarnada, fundan un lenguaje estallado, donde la lógica responde a la ley de la pendencia. Un lenguaje repleto de significaciones múltiples y de ecos políticos que sobrevuelan las obras y anuncian el desliz hacia otro territorio, como aquellas voces lejanas que entre la niebla anunciaban a Bartís el traspaso al sector no iluminado de la cancha.


Amado es investigadora y docente (UBA).


Fuente: Clarín

viernes, 15 de agosto de 2003

Como las nieves del tiempo

S/T (detalle, 2003), masilla epoxi pintada, de Cabutti.

PLÁSTICA. MARCELA CABUTTI EN LA GALERIA LUISA PEDROUZO

A través de objetos de cuidada y poética realización, la artista evoca su vida presente y su infancia en City Bell.

Por Fabián Lebenglik

Marcela Cabutti (La Plata, 1967) se formó como escultora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata y se especializó en diversas técnicas en Europa, especialmente en Milán, donde obtuvo un master en “diseño y biónica”, en el Centro di Ricerche Istituto Europeo di Design.

Desde comienzos de la década del noventa, su obra –que suele evocar la naturaleza, particularmente los insectos– se caracteriza por una impecable realización, muchas veces cercana al símil industrial y un cuidado rigor formal, que no sólo aprendió a lo largo de su completa formación como artista, sino también –y anteriormente– en el antiguo taller de plomería y soldadura de su abuelo, fuente familiar y técnica de su pasión por la “fabricación” de objetos y esculturas. Ese cruce entre el objeto industrial y artesanal es un dato constante en el trabajo de la artista.

Desde la primera muestra individual que registra quien firma estas líneas, “Insectos de la vida cotidiana” –una muestra que la propia artista borró de su catálogo tal vez por autoexigencia, o por considerarla “temprana” en cuanto a su realización o fuera de circuito por llevarse a cabo en plena calle Corrientes, en las paredes del bar de la librería Liberarte, hace diez años–, Cabutti presentaba un conjunto de esculturas inflables en PVC vulcanizado y pintado que evocaban insectos –algunos de ellos con nombres y apodos, comenzando por Gregorio, en homenaje a Gregorio Samsa, el personaje kafquiano de La metamorfosis. Entre el humor, la reflexión y la “temprana” calidad en la realización, la escultora tomaba la naturaleza como punto de partida de su trabajo, al tiempo que proponía, siguiendo a Deleuze y Guattari en Kafka, por una literatura menor –quienes allí reflexionan sobre la desestructuración del pensamiento y de la escritura a través de las líneas de fuga erráticas e impredecibles que trazan los insectos en su huida–, un pensamiento desestructurado contra una parte de la pesada tradición escultórica argentina.
En su nueva exposición la artista presenta obras complejas no sólo en realización –por la combinación entre fotografía y modelado de piezas– sino también en la construcción de sentido.

Ya no se trata de una obra esencialmente juguetona –como la inicial– sino de un trabajo que reflexiona nostálgicamente acerca del pasado y de la infancia en City Bell, donde se superpone perfectamente el tiempo de la niñez –cuando frecuentaba el mundo de sus abuelos–, con la cotidianidad de la City Bell de hoy: el contraste de tiempos marca, formalmente, diferentes escalas, ausencia de colores, presencia constante de insectos, rincones, plantas y jardines, etc. Hay un corte y al mismo tiempo una continuidad con ese pasado que se evoca. Se trata de una memoria localizada, que recupera lugares, escenas, detalles mínimos.

Parte de la complejidad de la obra surge por la combinación de técnicas y materiales: fotografía en blanco y negro enmarcadas y colocadas en cajas que al mismo tiempo son cuadros u objetos; pequeñas piezas modeladas (que a su vez se incluyen en las fotografías) y luego plateadas para ser exhibidas como partes de la obra.

En otra obra –todas sin título– también la artista apela al dibujo para evocar telas de araña en una secuencia. Hay algo teatral, notoriamente escénico, en la construcción del sentido de cada obra. Varias etapas sucesivas que van sumando complejidad sin transformarse en densidad. Fiel al virtuosismo que la caracteriza, Cabutti trabaja obsesivamente la imagen: desde el granulado de las fotografías, pasando por la ajustada composición (técnica y visual) hasta la combinación entrelos diferentes pulidos de sus hojas, frutos e insectos plateados, en sus variantes opacos y brillantes.

En varios casos esa teatralidad es lo primero que se revela al ojo del espectador. Una de las piezas un cachorro plateado mete la cabeza dentro de la regadera en una imagen contrastante tanto por su forma como por el encuentro de materiales, texturas y grados de opacidad o transparencia. Otra pieza –también plateada–, duplicada en diferentes escalas, consiste en la figura de un niña arrodillada en el jardín, en la búsqueda de tréboles. Un conjunto de dos piezas pequeñas escenifican el encuentro en el abuelo y la nieta a punto de intercambiar flores recién cortadas.

La búsqueda del pasado, en el caso de Marcela Cabutti, no es exclusivamente nostálgica, porque hay una recuperación de ese pasado volviéndolo, en algún sentido, presente. La geografía, los jardines, los árboles y plantas, los insectos, conservan una identidad y una permanencia que establecen un eje de continuidad entre aquello que se evoca y el presente desde el cual se ejerce la memoria.

Por otra parte, hay una toma de distancia especialmente subrayada en cada obra. Una memoria que recorta, enmarca, cambia de escala, transforma los colores en escalas de grises... Hay todo un mecanismo de formalización de la memoria que supone códigos comunes de representación del paso del tiempo. En este punto, la memoria personal e íntima, aquello que se supone intransferible se vuelve colectivo a través de los procedimientos técnicos, tanto de aquellos más usuales, como de los introducidos por la artista. La memoria afectiva puede ser también, como demuestra la exposición de la artista, una memoria compartida.

En alguna de sus aristas –en las de mayor ternura–, las piezas plateadas de Cabutti tienen como antecedente las obras plateadas de Alberto Heredia, quien trabajaba sus “roperos” de plata como condensación del relato de una vida ejemplar, en el sentido de las ejemplaridad tomada como oscilación entre lo personal y lo social.

“¿Y respecto de la memoria del arte? ¿A cuál convoca? –se pregunta Daniela Koldobsky en el catálogo de la exposición–. Sin dudas, la de ese género post Duchamp que es el objeto, y más directamente, la de ese mundo extraartístico que son los objetos plateados de bazar; y quizás también en eso funciona la memoria de un arte reciente que convoca a esos mundos otros”.

Debe destacarse el montaje de la muestra, tanto en el caso de las “cajas”, como en el de las obras compuestas, fuera de caja –ellas mismas pueden ser consideradas un efecto de montaje–, en las que la fotografía está colocada sobre el suelo, como una pequeña escenografía delante de la cual se ubican teatralmente las plantas. En este caso, la relación entre lo complementario y lo necesario se confunde de modo que el conjunto adquiere una lograda autonomía dada por el grado de contextualización de toda la obra. (Galería Luisa Pedrouzo, Arenales 836, hasta fin de mes.)
Fuente: Página 12

jueves, 14 de agosto de 2003

Una lección con los grandes

BUENOS AIRES
LA OFERTA DE TALLERES DEL IV FESTIVAL INTERNACIONAL
El encuentro multidisciplinario que se llevará a cabo entre el 9 y el 28 de setiembre incluye una agenda de seminarios y workshops en múltiples actividades. Ya se abrió la inscripción.

Por Hilda Cabrera
Foto: Carlos Casella, creador e intérprete del grupo El Descueve, ofrecerá un taller sobre el riesgo físico.

Mientras Buenos Aires prepara sus escenarios para dar cabida al IV Festival Internacional de Teatro, Danza, Música y Artes Visuales, que se realizará entre el 9 y el 28 de setiembre, organizado por la Secretaría de Cultura, se confirman los workshops y seminarios que dictarán durante esos días personalidades extranjeras y del ámbito nacional. Las actividades están destinadas, según sea la especialidad, a actores, directores, bailarines, cantantes, escenógrafos, músicos, iluminadores, estudiantes de teatro y teóricos, a quienes se les entregarán certificados. Para asistir a estos talleres es necesario inscribirse en el 8º piso del Teatro General San Martín, de Corrientes 1530, donde los interesados podrán anotarse a partir de las 10 de la mañana. Se aclara que el cupo de los workshops es limitado, que los aranceles oscilan entre los 20 y 120 pesos y la inscripción (abierta para esta semana y la próxima) será por orden de llegada y previo pago en efectivo.

La lista de los artistas que participan de estos talleres conformará a la mayoría. La integra, entre otros, el vasco Juan Cruz Diaz de Garaio Esnaola, bailarín e intérprete de piano y acordeón, y contratenor especializado en música antigua en una prestigiosa academia de Amsterdam, quien desde 1996 trabaja junto a la bailarina y coreógrafa alemana Sasha Waltz. Actualmente es codirector de la Schaubühne am Lehniner Platz de Berlín y miembro del Dance Ensemble de esa compañía. Su taller está dirigido a bailarines con nivel avanzado. El coreógrafo y bailarín suizo Gilles Jobin es otra de las figuras visitantes, que se referirá a la técnica de trabajo que desarrolla en sus obras. Un ejemplo es The Moebius Strip. En su taller, los bailarines (con preparación avanzada) deberán moverse dentro de los límites de una cuadrícula marcada en el piso y “componerse” a sí mismos en ese espacio. La lista sigue con el bailarín y coreógrafo argentino Carlos Casella, creador e intérprete del grupo El Descueve, cuyo tema será el riesgo físico. En los tres casos, el arancel es de 30 pesos.
Diana Szeinblum, directora y creadora de la premiada Secreto y Malibú, estimulará a sus alumnos en su workshop “La composición” con el propósito de que éstos encuentren “un lenguaje propio a través de un trabajo práctico basado en ejercicios de improvisación”. Guillermo Angelelli, otro de los artistas-docentes, desarrollará su técnica en “Angeles y demonios”, taller dirigido a actores, bailarines y cantantes con experiencia en trabajo físico y vocal. La cuota correspondiente, en ambos casos, es de 40 pesos.

En la lista figura la actriz, directora y autora Cristina Castrillo, quien integró en la década del 70 el Libre Teatro Libre de Córdoba, y en 1980, fundó, en su exilio europeo, el Teatro delle Radici, en Lugano (Suiza), creando una Escuela Laboratorio. En este regreso, auspiciado por Armar Artes en el marco del Encuentro Magdalena Latina, que tendrá lugar durante el Festival, denomina a su taller “Lenguaje de la memoria” (el arancel es de 100 pesos). Otros visitantes de relieve son el actor, narrador, músico, bailarín y director africano Hassane Kouyate (para cuyo workshop habrá que abonar 60 pesos), y el director estadounidense Robert Woodruff, estudioso de los clásicos y renovador de la escena. Entre sus numerosos créditos se encuentra el de haber cofundado en los ‘70 el innovador Eureka Theatre de San Francisco, su actividad docente en la Universidad de Columbia (desde 1997) y la conducción del American Repertory Theatre de Boston. El arancel es de 20 pesos para asistentes, y 10 para oyentes.

El arquitecto y escenógrafo francés Jean-Guy Lecat, quien se desempeñó durante veinticinco años junto al director inglés Peter Brook, titula a su taller “Toda simplicidad es muy sofisticada”. Se podrá asistir a su seminario inscribiéndose a partir de mañana y pagando una cuota de 120pesos. Otro arquitecto, el escenógrafo Gastón Breyer, dirigirá un taller cuyo tema es “La osadía, otra vez, para una escenografía”, y el iluminador Jorge Pastorino junto al músico, compositor y arreglador Marcelo Moguilevsky, coordinarán un seminario sobre las disciplinas de su especialidad. En ambos casos, la cuota es de 40 pesos. Otro artista que hará docencia es el escritor, músico y docente Stephen Nachmanovitch, quien presentará un seminario sobre el tema “La improvisación: un camino hacia la libertad creativa” (la cuota es de 70 pesos y la inscripción se inicia el jueves 21). A esta lista se suman los seminarios de dirección a cargo de Alejandra Boero (“La dirección ¿se enseña?”), Rubén Szuchmacher (“La puesta en escena, el despliegue de un mundo”), Ricardo Bartís (“Relaciones, actuación, dirección”), Roberto Villanueva (“Lo dicho y lo indecible: una práctica de composición teatral”), Augusto Fernandes (“Desasosiego en el teatro de hoy”) y Laura Yusem (“Los modos de producción determinan la estética del director”). Para todos estos trabajos el arancel es de 50 pesos y la inscripción se inicia el viernes 22. A los interesados en ampliar esta información se ofrece el teléfono 0800-3-33784825, el correo electrónico prensa@festivaldeteatroba.com.ar y el sitio www.festivaldeteatro ba.com.ar.

Fuente: Página 12

martes, 12 de agosto de 2003

"A veces, necesito ver teatro liviano"

TEATRO: ENTREVISTA CON DANIEL VERONESE
Reconocido como un creador de vanguardia, dirigirá a Gerardo Romano. Tiene varias obras en cartel e invitaciones a giras locales e internacionales.

María Ana Rago

Del teatro independiente al comercial, pasando por puestas locales, giras internacionales y un biodrama, se anima a todo. "Mis obras parecen de distintos autores", reconoce Daniel Veronese. Su estudio está poblado de objetos. Muñecos, maniquíes, un viejo monopatín, figuras de animales, velas, carteles componen la escenografía del espacio en el que trabaja este integrante de, precisamente, El Periférico de Objetos.

La última noche de la humanidad (de El Periférico, dirigida por Veronese, Ana Alvarado y Emilio García Wehbi) estuvo en Brasil y ahora va al Festival de Escocia. El suicidio (Apócrifo I) (también de esa compañía) concluyó su gira por España y se repuso en El Callejón. Y fuera del grupo, dos obras escritas y dirigidas por Veronese están en cartel, en el circuito independiente: Mujeres soñaron caballos y Open house. "Es una obra que no se va a dejar de hacer nunca. A medida que los actores la abandonen, se va a ir transformando", explica el autor con respecto a Open.... Otra pieza dirigida por él, Dramas breves 2, de Philippe Minyana, bajó el mes pasado de la cartelera y sale de gira a fin de mes.

Los actores de Open house —se presentó en España, Bélgica e Italia—, son diez jóvenes egresados de la carrera de actuación del IUNA (Instituto Universitario de Arte). Cuando tuvieron que realizar su residencia para obtener el título, lo eligieron a Veronese como su director. Y a él se le ocurrió experimentar con ellos la ruptura de las convenciones. "Quise hacer algo que se opusiera a todo lo que habían aprendido. La escolástica aleja del arte", asegura. Por eso los intérpretes encarnan a seres "extranjeros en el territorio de los artistas, no hablan el idioma del arte".

Pero como si hasta aquí la actividad teatral de este hombre fuera poca, hay más. Y sus proyectos son a corto y largo plazo. En octubre se estrena en el Teatro Sarmiento una obra de su autoría y bajo su dirección, dentro del ciclo Biodramas. "La forma que se despliega es sobre fantasmas míos. Tiene que ver con la pérdida de un hijo. No es algo que yo pasé, pero cuando se tiene un hijo también se piensa en la posibilidad de la pérdida. Va a ser totalmente ficcional", dice. Para el año próximo está prevista la reposición de Máquina Hamlet, después de una gira por España. Además, El Periférico prepara un nuevo espectáculo para el 2004, sobre cuentos de Andersen, para un festival en Dinamarca. A fin de este año se estrena un unipersonal de Gerardo Romano, que dirige Veronese junto a Susana Torres Molina. "Se llama Padre Nuestro. Es una obra compuesta a partir de textos que hemos ido juntando, sobre el tema del padre. También estreno el año que viene una versión de Tres hermanas, de Chéjov en el Centro Cultural de la Cooperación", concluye.

¿Qué recepción tuvo Open House en el exterior?

Les fascinó la poca utilización de recursos técnicos. En Europa, en festivales grandes, el público está acostumbrado a ver pantallas de video, multimedia, etc. Y aquí hay un piano eléctrico, un conejo y dos micrófonos; con eso está armado el espectáculo. Les producía mucha empatía la temática del abandono, la muerte, la desilusión. Producía un efecto desolador.



¿Por qué nunca va a bajar de cartel?

Porque son testimonios individuales sobre la pérdida y si alguien abandona el proyecto, se puede seguir haciendo. Si algún actor deja el proyecto no va a ser reemplazado. Quiero que la obra se convierta en un organismo vivo, que se modifique en función de las posibilidades de los actores.

¿Qué dijeron los actores cuando les propusiste este contrato?

De todo... Les produjo revolución.

¿Pensás que el texto tiene que subordinarse a otros aspectos de las obras?

En mis textos, la autoría tiene que subordinarse a la dirección. Con textos ajenos a veces me da un poco de pudor.

Los proyectos que encara son muy diversos. No descarta la posibilidad de la mirada prejuiciosa sobre su trabajo con Romano, en el circuito comercial. "Yo soy espectador de tipos de teatro distintos, a veces necesito ver teatro liviano. No podría ver sólo el teatro que yo hago. Tampoco creo que haya que hacer el teatro que yo hago. Hago el teatro que puedo".


Fuente: Clarín

viernes, 18 de julio de 2003

La leyenda de El Gran Circo

TEATRO: UN ESPECTACULO QUE CUMPLE 20 AÑOS
Es un emblema del Teatro San Martín. Lleva 662 funciones y la vieron 327.416 personas. Fue una creación del recordado Ariel Bufano.

Gaspar Zimerman
Respetable público, muy buenas tardes. Yo, don Maese Trujamán de los Caminos, director de esta extraordinaria compañía, les presento este maravilloso espectáculo. Hoy, convocados por Ariel Bufano, nos acompañan las sombras luminosas de Pepino el 88, Raffetto 40 onzas, Alejandro Scotti, Anselmi, los hermanos Rivero, los Podestá. Y todos ellos, respetable público, bajo la inmortal lona de El Gran Circo... Cuando el títere de capa azul salga mañana a escena y pronuncie estas palabras, estará empezando una nueva función de una obra que cumple 20 años y se convirtió en un clásico del teatro argentino. Será la función 662 de un espectáculo que, desde el día de su estreno (12 de marzo de 1983 en la misma sala donde se presentará ahora, la Martín Coronado del San Martín), fue visto por 327.416 espectadores: una generación de niños convertidos en padres y de padres devenidos abuelos que iniciarán a otros chicos en el ritual, para seguir agigantando la leyenda de El Gran Circo.

Al principio, El Gran Circo era El gran circo criollo y duraba más de una hora y media. "Nace a partir de inquietudes nuestras, que coincidieron con las de la dirección del teatro, en temas que se refieren a la búsqueda de nuestras raíces teatrales. Pretendemos hacer una reconstrucción no arqueológica y rendir un homenaje al circo criollo que dio origen al teatro nacional. Tomamos la misma estructura de ese circo, llamado popularmente circo de primera y segunda parte", contaba su creador, Ariel Bufano, en dos entrevistas de 1982 y 1983. En su obra, esa primera parte tenía números circenses tradicionales, con animales, acróbatas, payasos. En la segunda, se representaba Vida, padecimiento y gloria del gaucho Santos Morales, drama gauchesco inspirado en el Juan Moreira de Eduardo Gutiérrez, que se actuaba en los primeros circos criollos a fines del siglo XIX (ver Un camino...).

El proceso de investigación histórica, estudio y preparación duró un año largo: Bufano contaba que, por ejemplo, el número de la familia de trapecistas Scottoni Cañete demandó tres meses de puesta a punto. Finalmente, los preestrenos de la obra fueron el 18 y 19 de diciembre de 1982, en la fiesta anual del San Martín, y no resultaron muy alentadores. "Estuvieron llenos de accidentes. Aunque habíamos trabajado mucho el espectáculo, necesitábamos pulirlo más. Estaba mal calculado el tiempo, y cada uno duró como dos horas y media", se agarra la cabeza Adelaida Mangani, actual directora de la obra y del Grupo y Taller de Titiriteros del San Martín, entonces codirectora y encargada de darles vida a varios de los personajes. El verano sirvió para ajustar detalles y el estreno definitivo sí, fue todo un éxito.

La repercusión fue inmediata: durante el 83 se presentaron a sala llena y el espectáculo se siguió dando ininterrumpidamente durante cuatro temporadas más. En el 84 empezaron las giras: ese año El gran circo criollo viajó al Festival de Nancy, en Francia, y también se presentó en Alemania y España. El desplazamiento era casi el de un circo verdadero: en el primer viaje, los baúles con los muñecos y la escenografía pesaban tres toneladas. "Todo lo que conozco del mundo lo conozco por este espectáculo", se emociona Roberto Docampo, el único de los titiriteros del elenco actual que está en el grupo desde el estreno, y a quien la obra también lo llevó a Canadá, Puerto Rico, México,Uruguay y otros países latinoamericanos.

Después de un descanso de dos años, El valiente Goletto, Merlino el magnífico y el resto de la troupe volvieron en 1990 y 1991, los dos últimos años de Ariel Bufano al frente de sus criaturas cirqueras. Luego de la muerte de su marido, en 1992, Mangani se hizo cargo de que la función continuara. Pero con un cambio: el circo perdió su segunda parte y, con ella, la palabra "criollo" de su título. "Ariel hacía muy bien al Diablo, un personaje que se enfrentaba con Santos Morales. Y después de que él murió ya nada era igual, por más que otro lo podría haber hecho tan bien como él. Por eso decidí que se dejara de hacer esa parte. Además, lo ideal para una obra de títeres es que no dure más de setenta minutos", explica Mangani.

Ese golpe hizo entrar al circo en otro paréntesis, hasta que entre el 96 y el 98 volvió como El Gran Circo. En el 2001 y 2002 se mudó al Teatro de la Ribera, y por primera vez se presentó en Buenos Aires fuera del San Martín. Y ahora volvió a su casa para mantener el hechizo que alguna vez le endilgó Bufano: "Es una especie de maldición de la que estamos absolutamente orgullosos y agradecidos", decía en 1990. "Es que había que reponerlo, reponerlo y reponerlo. Y a él le parecía que era una obra que no podía superar, no había otro espectáculo que tuviera más éxito. Hicimos, por ejemplo, La historia de Guillermo Tell y su hijo Gualterio, pero le volvían a pedir el circo", sonríe Mangani.

Tanto ella como Docampo y Maydée Arigós —encargada del diseño de títeres, escenografía y vestuario—, los tres históricos que trabajan en la obra desde su origen, prefieren otra palabra para definirla: emblema. También elige ese sustantivo Kive Staiff, director del San Martín entonces y ahora: "El Gran Circo es un emblema de esta institución, un caso único. No hay antecedentes de una obra de semejante perdurabilidad en este teatro, y muy pocos en la escena argentina en general".

¿Cómo es posible que una obra de títeres estrenada hace 20 años siga siendo tan cautivante? Para Mangani, el secreto está en la alegría y el ida y vuelta: "Es que es una fiesta y propone la complicidad del público como un juego compartido. Todo el tiempo se está mostrando cómo son los trucos, y los títeres tienen un aspecto que interesa a la gente que no es ver qué se hace sino cómo se lo hace". Sea por la razón que fuere, el show despierta fanatismos y recuerdos en miles de porteños, a quienes pensar en El Gran Circo los retrotrae automáticamente a la infancia. Del otro lado del mostrador, Docampo también se emociona: "Es como tu barrio, en el que viviste y viste pasar un montón de gente mientras la vida transcurría. Es un espectáculo que pertenece a todo el San Martín... Todos los técnicos tuvieron algo que ver en algún momento. Y hay gente que me dice yo vine de chico y ahora vengo con mis hijos, alumnos que me cuentan yo estoy aquí porque me trajeron a ver el circo y me empezaron a gustar los títeres. Ha perdurado tanto tiempo... Lo que dice al final el presentador en la despedida es una premonición: Adiós, querido público, hasta la próxima función. Porque El Gran Circo, querido público, siempre vuelve".

Fuente: Clarín

sábado, 12 de julio de 2003

La conjura Sveikas

En París ha estallado la Revolución. Los insurrectos intentan derrocar el orden universal. El plan es complejo y riesgoso: cambiar el sistema de símbolos cerebrales de las clases dirigentes para así trastocar su discurso, una suerte de lobotomía ideológica. El sofisticado laboratorio de reconversión de símbolos cerebrales está instalado en las cloacas de la Ciudad Luz, las "catacumbas del proletariado". Allí engendrarán un ser nuevo, capaz de hablarle a las masas en su propio idioma, pero conservando el carisma y glamour de la nobleza. El experimento no resulta tal como se esperaba. Hay traiciones, dudas, delaciones, imprevistos, que desbaratan la misión original. El resultado es un engendro de peligrosa ambigüedad y dualidad, de imprevisibles consecuencias. La obra de Susana Tale, que nos remite a la temática de "El Aguila de Dos Cabezas" de Jean Cocteau (una reina de espíritu anarquista y un anarquista de espíritu real), cuenta con la impactante puesta en escena de Jazmín García Sathicq, y una interpretación precisa y contundente a cargo del elenco integrado por la propia Susana Tale, Nora Oneto, Rosario Berman, Pablo Chanquet e Iván Esquerre. La escenografía de Margarita Dillon es ingeniosa y versátil, mientras que el vestuario de Analía Seghezza enriquece la caracterización de los personajes. Hoy a las 21 en la Sala A del Pasaje Dardo Rocha. Ultima función.

Fuente: Diario El Día

viernes, 11 de julio de 2003

El claudicante vuelve a subir a escena

Luego de ganar el Festival Provincial de Teatro y presentarse en la Fiesta Nacional de Mendoza , donde fuera destacada por la prensa como una de las mejores producciones del país, vuelve a la ciudad la obra teatral del Grupo La Gotera "El claudicante", escrita y dirigida por Febe Chaves, con las actuaciones de Alejandra Bignasco, Siro Colli y Diego Aroza, escenografía y vestuario de Ana Zucheri y música original de Daniel Reinoso.

Esta obra, que cala profundo en las emociones del espectador, está encuadrada en lo que se denomina teatro de ideas, pero más allá de encerrarse en un relato realista, la acción está atravesada por fuertes trazos expresionistas, proponiéndonos desde allí el recorrido por una historia personal que se entronca con la historia colectiva. La caída de los mitos, la necesidad de una mirada sobre la claudicación personal o histórica dejando una matriz intersticial para que otros sigamos proyectando desde la fragmentada esperanza.

Estas funciones se llevarán a cabo los sábados de julio, a las 23, en el Centro Cultural Viejo Almacén "El obrero", de calle 13 esq.71, antes de iniciar una gira por el sur del país.

Fuente: El Día

lunes, 30 de junio de 2003

Se viene una movida teatral platense

Elencos y directores de larga trayectoria en La Plata se presentarán a partir de este jueves y hasta el domingo 13 de julio en una "movida teatral" denominada "Nueve miradas platenses" que se llevará a cabo en la sala Armando Discépolo, ubicada en calle 12 entre 62 y 63, de la Comedia de la Provincia.

La idea es "recuperar el público y hacer de este encuentro una fiesta de la ciudad". El cierre será el domingo 13 con la presencia de los nueve directores quienes abordarán el tema "El proceso creativo", en un intercambio con el público a partir de las 21.30.

El cronograma será el siguiente: "Quietito Pericles", unipersonal con Javier Guereña con dirección de Gustavo Vallejos, grupo Devenir (jueves); "El ojo en la grieta" con dirección de Siro Colli, grupo La Gotera" (viernes); "La muy excelente y lamentable tragedia de Romeo y Julieta", dirección de Cynthya Pierce, Grupo Stacatto (sábado); "La conjura Sveikas", dirección de Jazmín García Sathicp (domingo); "La Adaneva", dirección de Emiliano Núñez (martes); "Burkina Faso", dirección de Nina Rapp, Grupo Barataria (jueves); "Melancólicas vacas", dirección de Omar Sánchez, Grupo Accidental de Teatro (viernes); "Agua de puñaladas blandas de agua", dirección de Diana Amiama (sábado); y "El hacha", dirección de José "Pollo" Canevaro, Grupo La Fabriquera (domingo).

El costo por función es de $5 y $3 para estudiantes y jubilados y $2.50 con carnet de la Comedia de la Provincia, y el abono por nueve funciones costará $20.

Fuente: Diario El Día

viernes, 16 de mayo de 2003

Una "road movie" teatral

Un grupo de artistas muestra el resultado de una propuesta de Antorchas
Se inauguró con "Félix. María. De 2 a 4" dirigida por Beatriz Catani en La Plata; y hoy y mañana, Mónica Van Asperen, hará "La inauguración" en el pasaje subterráneo de Belgrano y Lima. El ciclo continuará hasta fin de mes.

El "Taller de experimentación escénica" se realizó entre el 2001 y el 2002 y fue coordinado por el director Rubén Szuchmacher, el músico Edgardo Rudnitzky y el artista plástico Jorge Macchi. Reunió a artistas de diferentes disciplinas: Beatriz Catani, Lola Arias, Mónica Van Asperen, Mariano Pensotti, Ana Foutel, Nushi Muntaabski, Luciano Suardi y Alejandro Tantanián. Releer el hecho teatral a partir de las confluencias de distintas disciplinas: el teatro, la danza, el cine y la literatura, permite a los artistas mostrar sus trabajos en diferencias espacios. Beatriz Catani lo hizo en La Plata, de la que es oriunda y convocó al público a seguir a una pareja de actores por distintos puntos de la ciudad de las diagonales. Otros espacios elegidos son la sala Centro de Experimentación del Teatro Colón, ubicada en el subsuelo del pasaje Toscanini que da a la calle Viamonte; el pasaje subterráneo Merk, ubicado en Belgrano y Lima y el auditorio del Instituto Goethe. La iniciativa surgió de la Fundación Antorchas, con el apoyo del Instituto Goethe y el Centro Rojas.


.AMORES EN CONFLICTO "Félix. María. De 2 a 4" de Beatriz Catani se realizó el sábado 3 y domingo 4 de este mes. Esta obra le permitió a la directora continuar su experimentación sobre cómo insertar la realidad -¿"teatro-verdad"?- en el campo de una historia de ficción. Bajo este mismo concepto Catani había trabajado, con Mariano Pensotti en "Los 8 de Julio", que presentó el año pasado, en el ciclo Biodrama que se realiza en el teatro Sarmiento. Inspirada en "Cléo de 5 a 7" (Francia, Agnés Varda, 1962), en la que su joven protagonista espera el resultado de un examen médico, cree estar al borde la muerte y se encuentra con un hombre común, que está enamorado de ella, Catani consigue entrecruzar las fronteras del cine, el teatro y el documental.

Su "Félix. María. De 2 a 4", es un divertido y por momentos conmovedor relato de una pareja, que vive un desencanto amoroso, pero se sienten atraídos uno por el otro, aunque ella sabe que está al borde de la muerte. Un sensible estudio sobre la intimidad de dos personajes, su entorno y el modo en que la identidad del lugar -la ciudad de La Plata- al que pertenecen influye en su pequeña y cotidiana vida de seres anónimos, impregna esta interesante propuesta de la directora de "Ojos de ciervo rumanos". Para participar de su singular propuesta, Catani citó a los espectadores -no más de doce o quince personas- en la esquina de las calles 2 y 69 de La Plata. El público debía llevar una radio o un walkman y auriculares y sintonizar el aparato en el 87.5 del dial; y como si fuera una especie de radioteatro le permitiría después escuchar los diálogos amorosos, discusiones y confesiones de los protagonistas de la pieza. Al comenzar esta "road movie" teatral, el público ve y escucha -mediante los auriculares- a uno de los actores que habla en un teléfono público con unos amigos.

EL INSTANTE DESPUES Instantes después el mismo personaje, Félix, cruza una calle y se encuentra con María, él le dice que quiere mostrarle una oficina. Ella duda y se queda pensativa, como si intentara querer decirle algo que no se anima. Félix y María toman un taxi y los espectadores hacen lo mismo. Actores y público recorren las calles de La Plata. La mujer intenta tirarse abajo del auto, la pareja discute y luego deciden ir a tomar algo a un bar. Allí son invitados a una peña folclórica por una chica que reparte volantes. Poco después y siempre seguidos por los espectadores los protagonistas cruzan una plaza, se seducen, se besan, ante la mirada de los desprevenidos conductores de los vehículos que bordean el espacio verde. Luego la pareja decide consumar su amor en un "albergue transitorio" y en ese edificio de luces tenues, los espectadores también son invitados de a dos a encerrarse en algunas de las habitaciones, desde las que continuarán escuchando a la pareja de actores, que dialogan en otro cuarto.


P
oco después un viaje en colectivo hacia el Policlínico de La Plata, en el que un médico le indicará a la protagonista el tratamiento para su enfermedad, será el "anuncio" de los minutos finales de esta singular performance. El the end vendrá con la chica parada en la platea vacía de un cineclub en el que ve las escenas finales de Cléo de 5 a 7 de Agnés Varda. na narración ágil, dinámica, que se deshilvana en “tiempo real” y un acercamiento a los aspectos sociológicos de los personajes y su entorno, conforman este interesante cruce de disciplinas propuesto por Beatriz Catani.

Valiosas fueron las interpretaciones de Blas Arrese Igor y Cecilia Coleff. El actor consigue la ductilidad, inescrupulosidad y hasta ese tono de desencanto que su papel requería. Mientras que Coleff convierte a su María, en una heroína misteriosa, existencial y romántica.

Juan Carlos Fontana
Fuente:
La Prensa

sábado, 26 de abril de 2003

Una mirada diferente al eterno mito del Don Juan

BUENOS AIRES
En la pieza teatral “Donde más duele”, el director Ricardo Bartís desplaza del centro de la escena al mítico amante, convertido en un fantasma decadente acechado por la intensidad de tres mujeres.

Por Cecilia Hopkins

Al escribir El burlador de Sevilla en 1627, Tirso de Molina introdujo por primera vez en la literatura dramática un mito que tuvo su origen en romances y leyendas medievales. La figura de Don Juan, dueño de una inagotable energía seductora, fue retomada años después por Molière quien, tras volver ateo y blasfemo al protagonista, compuso su Don Juan o el convidado de piedra, una obra que, como la anterior, concluye con el castigo del pecador que debe acatar su condena a muerte sin derecho a réplica. Abrevando en la larga descendencia literaria que confirma el mito (ver recuadro), pero sólo como un punto de partida para el trabajo de los actores, el director Ricardo Bartís estructuró el prólogo, las seis escenas y el epílogo de Donde más duele, comedia –según especifica el programa de mano– que acaba de estrenar en el Sportivo Teatral, la sala-taller que el director construyó en una antigua casa chorizo de Palermo Viejo.

Cuesta imaginar que la misma puesta se verá este año en el Hebbel Theater, de Berlín y en el Théâtre National de Chaillot, de París, además de ofrecerse en el marco del Holland Festival y el Festival de Avignon, todas estas instituciones que han intervenido en la producción del espectáculo. Porque el espacio de actuación se prolonga hacia el fondo del escenario integrando el mismo patio por donde ingresa el público, detalle que aporta un halo de cotidianidad a la extravagante habitación que comparten tres hermanas. De edades dispares, las mujeres articulan el peculiar universo desde el cual se examina el mito de marras. La mayor, Haydée (María Onetto), Nenucha (Analía Couceyro), la hermana del medio, y la inexperta Bettina (Gabriela Ditisheim), las tres entablan con la figura del Don Juan (que aquí se llama Reynaldo, interpretado por Fernando Llosa), una relación que difiere en color y temperatura. Si este hombre fue antaño el mismo exaltado amador de la leyenda que no respetó ni doncella ni viuda, hoy deambula por la casa como un fantasma prostático y decadente, condenado a regar las plantas y a soportar las mismas recriminaciones de siempre. Nadie tuvo en cuenta su deseo de eludir la decrepitud y morir joven: son ellas las que procuran alargarle la vida con la sola idea de prever los detalles de su último instante. Bartís desplaza del centro de la escena al personaje masculino para ubicar en un primer plano a las tres actrices que apelan a referencias diversas que traban una relación oblicua con el tema en cuestión.
Las tres hermanas comparten una herencia de pelucas platinadas y maquillaje. Pasan parte de su tiempo entregadas a la tarea de extraer de la acelga un elixir reconstituyente. Una linfa vegetal que permanece asociada al obsesivo registro –literario, fotográfico, radiofónico– que Haydée conserva de las andanzas del seductor a los efectos de recrear una y otra vez la escena fatal de la caída en desgracia. En realidad, ella repite lo que le enseñaron: así también actuó su abuela cuando decidió romper el ciclo nefasto y atemperar sus deseos carnales.

Atiborrado de objetos y muebles desvencijados, el aspecto que asume el Sportivo resulta asfixiante. Pero esta idea de sobreabundancia de objetos forma parte esencial de unos personajes que sólo parecen capaces de revelar, ocultando. Como salidas de un comic bizarro, las hermanas se disfrazan y singularizan sus roles en función de objetos y vestuarios previstos para la ocasión. Llamativamente ajeno a la locura femenina y amansado por los años, Reynaldo boya por la casa y acepta cavar su propia fosa. Aun cuando sepa que, devaluado o no, el mito retorna siempre.

Fuente: Página 12

martes, 8 de abril de 2003

ENCUENTRO: TERMINO EN MENDOZA LA FIESTA NACIONAL DEL TEATRO Cuando las tablas cuentan un país

El público colmó las salas. Los teatristas se expresaron arriba y abajo del escenario. Y hubo polémica: el decreto de autarquía del Instituto Nacional de Teatro no conformó a muchos de los involucrados.

Laura Gentile

El teatro de un país es el mejor o es todo el que se hace? Postales festivaleras desde Mendoza. Un elenco de desenfadados actores tucumanos de 18 años eligió un texto escrito por una mujer criada en los años 50 para hablar de la represión en la educación. El resultado: Mujercitas eran las de antes, un grito liberador frente a normas caducas. El sojuzgamiento femenino fue tema recurrente en las obras presentadas. Aunque, en ocasiones, de un modo que hace pensar que todo sucede en antiguos feudos del 1900. En los debates, la mayoría de los elencos confluyó en una queja: estar lejos de las vidrieras porteñas. Otra queja: que sus públicos condicionan su hacer: "¿Hablar de la Iglesia en Catamarca?; difícil".

La 18° edición de la Fiesta Nacional del Teatro que terminó el domingo en Mendoza mostró grandes contrastes entre trabajos interesantes con búsquedas personales y obras más propias de una estudiantina, del teatro de la calle Corrientes o de programas de humor en televisión. Entre los primeros ejemplos se puede nombrar el extrañísimo y bello La fritche, del grupo cordobés Fra Noi, Un mundo raro (con altibajos) del correntino Thierry Calderón de la Barca, Perras de los porteños Claudio Martínez Bel y Néstor Caniglia o Cachafaz, también de Capital Federal, dirigido por Miguel Pittier.

No abundó la mirada original, ni la huella de esa persona que creció frente a un lago entre montañas, que la diferencia de aquella otra habituada a ver el blanco de las salinas de su tierra. Si abundó un público ávido de teatro que llenó las salas en todas las presentaciones.

Los contrastes no se limitan a las obras en sí. Mientras en una provincia como Mendoza el teatro se dicta a nivel universitario, en Ushuaia, por ejemplo, no existe una escuela de teatro y su historia teatral se remonta apenas a 20 años atrás. En esa zona austral de una población de 50.000 habitantes, el público que se acerca a una sala suma apenas unas 1.000 personas. La temporada de una obra se limita a 15 funciones.

¿Cómo es hacer teatro lejos del centro cultural del país?, ¿cuáles son los principales obstáculos? Una actriz jujeña, Flavia Molina, una directora tucumana, Patricia García (creadoras de Jamuychis, el grito), un dramaturgo fueguino, Eduardo Bonafede (Banderita mía) y un autor de Corrientes, Thierry Calderón de la Barca (Un mundo raro) dan algunas respuestas.

¿Por qué creen que algunos elencos aún eligen obras porteñas?

Thierry Calderón de la Barca: En mi región hay mucha gente que hace teatro del colonialismo, todavía siguen haciendo Alejandro Casona o Las de Barranco. Corrientes es un feudo que preserva códigos de hace 400 años y hay miedo a cambiar esos códigos.

Eduardo Bonafede: En Tierra del Fuego no existió teatro hasta la década del 80, porque prácticamente ha sido una isla militar donde la gente estaba de paso. Recién ahora se está generando una búsqueda cultural de identidad. En los 80 comenzamos a trabajar con textos de Buenos Aires, pero después, con mi grupo, sentimos la necesidad de empezar a contar cosas que identificaran a la gente.

Patricia García: Creo que hay toda una tradición de repetir esquemas y formatos pero también hay gente que hace sus propias búsquedas, y eso pasa tanto en el interior como en Buenos Aires.

¿Ese miedo a romper estructuras se profundiza en las provincias?

Patricia: No en Tucumán, que tiene un perfil particular dentro del NOA. Quizás pasa eso en Catamarca, Jujuy o Santiago del Estero; pero hay intentos de romper.

Thierry: Cuando hago el planteo estético no me olvido del público. Nosotros tenemos un camino en Corrientes, comenzado hace diez años. No podés, en la primera puesta, exacerbar la estética porque a vos te gusta; hay tiempos para cada cosa. Si yo los apuro quiebro el proceso.

¿Resulta más difícil hacer teatro para gente que no ve mucho teatro?

Thierry: Creo que se condujo el gusto de la gente para ciertos objetivos. Vos la querés llevar al teatro donde le vas a movilizar las emociones en serio y a la gente le produce miedo. Pelear contra eso es dificilísimo.

Eduardo: El teatro que escribo es prácticamente tragedia y he tenido inconvenientes con el público. Generalmente la gente quiere ver otra cosa, quiere divertirse, le molesta ver algo que profundice otro tipo de problemática. Pero creo que uno tiene que ser fiel a sí mismo.

¿Cuáles serían los principales obstáculos que enfrentan para realizar sus obras?

Eduardo: En este momento no hay salas teatrales, no tenemos dónde trabajar. El único lugar que existía, la Sala de la Cultura de la Municipalidad, está cerrado por problemas técnicos. Los gobiernos de turno le ponen énfasis a arreglar un polideportivo y el teatro queda para lo último.

Thierry: Un gran problema es la escasa o nula respuesta de los organismos oficiales. Cuando fui a la Subsecretaría de Cultura a pedir ayuda para los pasajes para venir, no me recibieron. Cómo nos van a atender en la Legislatura si están peleando por sus dietas.

Patricia: Todo el interior padece el clientelismo, pero creo que uno tiene que superar esas historias. En Tucumán la gente cambió la cabeza, ya no esperan nada. Con o sin la Secretaría, vamos a seguir haciendo teatro. Y lo que veo es cada vez somos más, a pesar de los problemas.

Thierry: Si estamos organizados, sí podemos hacer un frente. Nos van a respetar cuando seamos un poder, porque el poder sólo respeta al poder.

¿El objetivo final es mostrar en Buenos Aires?

Patricia: Nosotros estamos en un momento en el que necesitamos que nos vean. Nunca hablamos de ir a Buenos Aires; no nos interesa. Tampoco sé si nosotros le interesaremos a Buenos Aires. Más bien pensamos en las regiones, tener un ida y vuelta. Lo que más me gustó del encuentro de Mendoza es que hay un verdadero encuentro. Si uno sale sólo para mostrar no se produce el encuentro y uno sigue hermético, no hay un ida y vuelta y no te sirve de nada.

En las charlas, muchos elencos se quejaron del aislamiento con respecto a Buenos Aires y a los festivales internacionales

Patricia: Es cierto que faltan redes de comunicación que permitan el acceso a la información. Es difícil que las personas que toman decisiones te conozcan y les puedas llevar tu material. Y que, al menos, te digan: "¿Sabés qué?, lo que pasa es que a vos te faltan años luz".¨Porque está bien que te lo digan.

Flavia Molina: Un artista joven necesita continua formación y a veces debe tirar solo, porque determinados grupos que han tenido acceso a información o contactos, no lo comparten y no lo van a compartir. Hay mucho egoísmo y eso nos aísla.

Otra queja recurrente es que los grupos que participan en festivales internaciones son siempre los mismos ¿Cómo se vive eso?

Patricia: Como una gran injusticia, lógicamente. Pero hay cosas que te superan, son macroestructuras. Si todos los días tenés hambre podés disimular, decís bueno canto una canción pero a la noche, cuando te vas a dormir, siempre te acordás que tenés hambre. Yo creo que también uno se acuerda que esto no está funcionando como tiene que funcionar pero no hay que lamentarse nada más. Creo que nosotros también deberíamos tocar las puertas y decir: Señores, están funcionando mal.

¿Y eso se hace?

Patricia: No, y es una falla nuestra.

Fuente: Clarín

“La alternativa que tenemos es protestar y seguir produciendo”

BUENOS AIRES
El actor y director Ricardo Bartís explica las implicancias sociales y políticas de “Donde más duele”, una obra que argentiniza los contenidos del mito del Don Juan, un tema caro a la dramaturgia.

Por Hilda Cabrera

¿Qué nos dice un mito? En principio nos comunica con las culturas en las que sobrevive y con una zona intermedia entre la ficción y la realidad, entre la vida y la muerte. El actor y director Ricardo Bartís, fundador del Sportivo Teatral (grupo, taller y teatro), estrena el viernes una obra que tiene como punto de partida la sustancia mítica del Don Juan teatral. Se titula Donde más duele, y ya tiene acordadas varias giras por el exterior. En una primera etapa se presentará en el Sportivo, de Thames 1426, los viernes y sábados a las 22, y domingos a las 20. Se trata de una coproducción con festivales y teatros europeos, cuyos programadores vieron parte del trabajo de Bartís, a quien pertenecen la dramaturgia y la dirección. Fue invitada al Festival de Avignon, Hebbel Theater, Holland Festival, Théâtre National de Chaillot y la Banlieieue Scéne. Como en El pecado..., se ha limitado el número de espectadores: no más de 60 por función. “En Europa se resistían. Les parecía demasiado poco. Finalmente allá será de 80”, cuenta Bartís en la entrevista con Página/12.
La obra comenzó a gestarse en el trabajo conjunto con las actrices, “extraordinarias”, como puntualiza el director refiriéndose a María Onetto, Gabriela Ditisheim y Analía Couceyro. A ellas se sumó luego Fernando Llosa. “Este es un trabajo de dirección: de organizar materiales, improvisar y elaborar situaciones de modo que se sostengan por sí mismas y convivan de manera poco solemne –precisa–. Utilizamos dos frases textuales tomadas del Don Juan, de Molière, y otra de Rey Lear, de Shakespeare.” Del equipo participan Jorge Pastorino, en el diseño de luces, y Carmen Baliero, aportando una partitura original. “Le debo gratitud al escritor Ricardo Piglia, quien nos estimuló en nuestro trabajo. Fue muy generoso y entusiasta”, refiere Bartís. En cuanto al título elegido, señala que éste implica una interrogación. “¿Qué es lo que más duele? ¿La sexualidad, el desencuentro, el pasado vivido o este presente de atrocidades y vaciado de mitos?”, se pregunta.

–¿Es que no existen mitos contemporáneos verosímiles?

–Lo que existen son fetiches, sustitutos degradados de mitos.

–¿Como se manifiesta Don Juan en un mundo sin mitos?

–Parecería ingenuo plantear en esta época el tema de la sanción sobre la conducta de Don Juan, pero no la sanción en sí. La sexualidad es uno de los pocos misterios no totalmente develados del ser humano. Un territorio que por un lado nos acerca a lo animal, y, por otro, la conciencia que tenemos de esta zona nuestra nos separa y proyecta a otros ámbitos. En Donde más duele, trabajamos sobre el mito del varón que seduce, promete y no cumple.

–¿En qué sentido esta obra es una reflexión sobre el teatro? ¿El teatro es también un mito?

–Nosotros vamos a la búsqueda de un lenguaje que pueda enfrentar a esta época. El teatro que acumula ciegamente tradiciones castra lo que podría convertirse en elemento de movilización. Ese que tiende a representar y es pedagógico y académico no es más que un mito vencido y moribundo. Expresa una visión conservadora, como la que insiste en presentar a un Don Juan casi operístico. Nosotros decidimos partir de un Don Juan viejo y enfermo. Tampoco es el centro en la obra. Ese lugar lo ocupan tres hermanas que tienen una relación con él. Son las visiones de estas mujeres sobre ese vínculo las que determinan cada situación. El tema es Don Juan, pero no nos quedamos en eso. Es cierto que hay obligaciones que soportar, como algunas reglas escénicas, pero intentamos escapar creando instantes que fracturen el orden del relato, que sean volátiles, poéticos y revolucionarios.

–¿Por qué dice soportar?

–Para los que creen que el teatro es mera representación o ilustración de lo dado, no hay nada que soportar. Pero la visión del teatro que a mí me interesa es la que no parte de algo previo, a no ser ciertas reglas de escena, como las espaciales, por ejemplo.
–Pero se supone que existe alguna idea previa...
–Sí, pero como excusa para desarrollar temperaturas, velocidades y elementos externos a ella. En los ensayos, hubo momentos en que teníamos miles de textos de toda índole, improvisaciones y cosas relacionadas con aspectos de la mitología de los argentinos. Tampoco podía ser de otra manera. Donde más duele sucede en el patio de una casa de Buenos Aires. Los espectadores van a ser ubicados en el patio del Sportivo.

–¿Cómo sería un Don Juan argentino?

–Un hombre arruinado que sufre el desencuentro de sus sueños con la realidad y lo único que le queda es la repetición de una conducta. En la obra está presente la mentalidad del castigo, que requiere de un ritual de muerte. Lo que se debe sacrificar es el cuerpo, en este caso los actores. A través de ellos y de la ficción poética, el teatro enuncia otra realidad. Por eso el teatro es político, y la política, como la religión, utiliza elementos teatrales poniéndolos a su servicio. Las lecturas ingenuas del funcionamiento de lo social no capturan esa cualidad singular y erótica de la ficción ni la naturaleza mentirosa de la política. De lo contrario no nos asombraríamos de que personajes como Menem tengan posibilidades de llegar al ballotage.

–¿Es necesaria la muerte como castigo?

–Los poderosos necesitan sancionar para sostener sus andamiajes. En Donde más duele, lo que cada una de las mujeres piensa de ese hombre es utilizado para ritualizar el castigo y desarrollar un enamoramiento de lo propio, de lo femenino puesto en el otro.

–¿No hay nada romántico en este Don Juan que aquí se llama Reynaldo?

–Ni puede haberlo si lo trasladamos a una sociedad como la nuestra, que repite situaciones a sabiendas de que no existe posibilidad real de cambio. Salvo la percepción de un posible estallido, porque esta experiencia democrática nuestra no es sino el orden que imponen los poderosos. Las brutales represiones del 19 y 20 de diciembre de 2001 demuestran que podemos protestar, pero que eso tiene un límite. A diferencia de los siniestros personajes que componen nuestra dirigencia, muchos otros argentinos guardan nociones de progreso social que chocan con la codicia de poder de esa dirigencia. Vemos que esos modelos de vida fundacionales que a algunos nos inculcaron desde que éramos chicos han estallado. La alternativa es protestar, y seguir produciendo, porque la Argentina se sostiene por la gente que trata de hacer lo que cree que debe, y no por esa otra nefasta a la que no hay que perdonar. En esto, uno tiene un gran desencuentro entre las vivencias internas y la realidad.

–¿Cree que hay conciencia de ese desencuentro?

–Quienes sostienen un pensamiento tradicional progresista no leen correctamente la realidad cuando se angustian ante la posibilidad de acceso al poder de personajes detestables. Pero se acabaron las dudas. Sabemos que no es privativo de Menem la exhibición de su propia corrupción. Los capos del mundo lo hacen sin problema, y no les va mal. Causa horror el sufrimiento y la muerte de las víctimas de la guerra en Irak y las del atentado a las Torres Gemelas, pero también la imagen de Bush abrazado a los bomberos sobre un terreno sembrado de escombros y muertos debajo, prometiendo revancha, alardeando seguridad y sonriendo.

Fuente: Página 12

miércoles, 2 de abril de 2003

Una fiesta del teatro por la Paz

Por Eduardo Giorello

Mendoza (enviado especial).- Desde donde se observe el horizonte en la capital mendocina, la mirada se encuentra invariablemente con la belleza de la Cordillera de los Andes, imponente y majestuosa. Tal persistencia se suma, por estos días, a otra: la de la comunidad teatral argentina, que reunida en esta ciudad, noche tras noche se manifiesta por la Paz y en contra de la guerra en Irak. Esta consigna que privilegia la creatividad por sobre la destrucción y la muerte configura de alguna manera la marca y el emblema de la 18º Fiesta Nacional del Teatro, que en medio de las convulsiones del 2003, tiene como sede aireada a la tranquila y poblada de verdes y ocres Mendoza. El teatro de todo el país se ha dado cita aquí.

Grupos de la misma Mendoza (presenta "Rápido nocturno", de Mauricio Kartún, con entusiasmo y carencias), Corrientes (trajo un unipersonal bastante interesante, "Un mundo raro", de Thierry Calderón de la Barca) y de Buenos Aires (la cáustica "Perras", de Claudio Martínez Bel, Néstor Caniglia, Enrique Federman y Mauricio Kartún, inauguraron el miércoles 26 de marzo la Fiesta que habrá de prolongarse hasta el 6 de abril con distintas actividades que incluyen, además de las funciones teatrales, en diversas salas de la capital y en San Rafael, talleres, conferencias y actividades complementarias.
El "staff" de esta Fiesta contempla la realización de 34 espectáculos, entre obras de autor, creaciones colectivas, proyectos de investigación a partir de textos extrateatrales.


Además de las provincias participantes ya nombradas, se suman a este festejo del teatro, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Río Negro, Chubut, Neuquén, Santa Cruz, Tierra del Fuego, La Pampa, Jujuy, Tucumán, Catamarca, Santiago del Estero, Salta, Misiones, Chaco, Formosa, San Juan, La Rioja y San Luis. Serán 12 los días intensísimos para el teatro nacional. Dejamos intencionalmente para el párrafo final la participación de un grupo platense, que lamentablemente no podremos aprecias, pues nuestra estadía en Mendoza acaba el domingo 30 y el Grupo de Teatro "La Gotera" -de él se trata- se presenta el 3 de abril. La Plata acerca a Mendoza "El claudicante", de Febe Chaves, que ya ha sido representada entre nosotros y que, a no dudarlo, aportará con su estética y propuesta ideológica un brillo más a los múltiples resplandores del teatro de todo nuestro territorio nacional, esta vez más que nunca haciendo votos para una Paz que se ha vuelto reticente en la zona de conflictos. Nuevamente el compromiso del arte y los teatristas eleva su voz en defensa de la condición humana.

Fuente: El Día

jueves, 27 de marzo de 2003

Una obra platense en dos festivales internacionales

Considerada como una obra de teatro experimental, "Ojos de ciervo rumano" escrita y dirigida por la platense Beatriz Catani, participará en mayo de dos importantes festivales internacionales: el Kunder Festival des Arts de Bruselas y el Festival de Theatre des Ameriques de Montreal. La pieza es una coproducción del Complejo Teatral de Buenos Aires y el Theaterformer de Hannover, Alemania y el año pasado tuvo la posibilidad de presentarse en el festival que organiza esa entidad alemana. Antes de emprender esta gira realizará cuatro funciones en La Hermandad del Princesa (diagonal 74 entre 3 y 4) los domingos a las 20.30.

Catani cuenta que la obra fue seleccionada por los programadores de esos festivales cuando la vieron en Alemania y se interesaron mucho en la propuesta. "Esta es prácticamente una forma de vida para los que hacemos teatro en la Argentina, porque no hay muchas posibilidades de subsidio para el teatro experimental. En estos festivales no sólo se encargan de pagar los gastos de traslados y estadías sino que también de realizar la producción".
La directora explica que el éxito de este tipo de obras surge porque el énfasis está puesto en la actuación. "Cuando existen carencias económicas, los que hacemos teatro experimental no tenemos otra alternativa que realizar producciones a bajo costo, con escenografía despojada y pocos elementos. A partir de esa carencia, cuando hay una propuesta que se sustente, el eje pasa por una actuación muy fuerte que exige una gran cuota de verdad. El actor trabaja en espacios reducidos, con el público muy cerca y eso le confiere una gran potencia a la obra. Lo que se busca es que el público se sienta 'golpeado' en sus sentidos más que en su comprensión racional".

"Ojos..." es una obra compleja que requiere un espectador atento y muy abierto a dejarse llevar por los estímulos sensoriales que se proponen. De forma sutil plantea un juego entre el mundo de la fantasía y el real. La historia problematiza sobre quienes somos, el mito del nacimiento, la confusión de los roles familiares, pero también hace hincapié en la relación del hombre con la madre tierra, a la que se la presenta devastada y por lo tanto lo único que queda son viejos relatos que hablan de una prosperidad pasada.
"Me produce mucho placer cuando en el espectador entra en juego todo lo que le propone la obra y tiene la sensibilidad de poder armar en su cabeza una imagen propia. 'Ojos...' no tiene una única lectura posible, sino que está construida con capas muy barrocas y distintos niveles de comprensión. Pero no se trata de una obra hermética donde nadie entiende nada, al contrario el espectador queda incluido y puede gustarle o no, pero no ser indiferente", agrega.

La obra cuenta con las actuaciones de Paula Ituriza, Blas Arrese Igor y Ricardo González, la iluminación de Gonzalo Cordova, la música de Carmen Balliero, la escenografía, dramaturgia y dirección de Beatriz Catani, la asistencia técnica de Margarita Dillon y la asistencia de dirección de Jazmín García Sathicq.

Fuente: Diario El Día

miércoles, 26 de marzo de 2003

Después de la Vendimia, una gran fiesta teatral

A partir de hoy se desarrollará en Mendoza la decimoctava edición de la Fiesta Nacional de Teatro, que se extenderá hasta el domingo 6 de abril. Participarán 34 obras seleccionadas, de todo el país.

Por Hilda Cabrera
Foto: Un pasaje de la puesta de “El grito”, que representa a Tucumán.


Siempre a la búsqueda de propuestas que reflejen, aunque sea parcialmente, la creatividad y el entusiasmo de los teatristas del país, se inicia hoy la 18ª edición de la Fiesta Nacional de Teatro, un encuentro que se viene desarrollando desde mediados de los ‘80, y que este año tiene como sede la ciudad de Mendoza. Organizada en forma conjunta por el Instituto Nacional del Teatro, creado en 1997, y la Subsecretaría de Cultura de Mendoza, la fiesta se extenderá hasta el 6 de abril. Reúne a elencos elegidos por concurso y permite a los participantes confrontar realidades sociales, económicas y políticas diferentes. En esta edición, los espectáculos no quedan circunscriptos al teatro para adultos. Además de piezas de danza y mimo se programaron otras destinadas a los niños.

Entre los artistas participantes se encuentra el autor, actor y director Eduardo Bonafede. Este arquitecto rosarino, radicado en el sur, mostrará junto al elenco de Tres x Tres, en representación de Tierra del Fuego, Banderita mía, retrato del dolor y de los ideales perdidos de un padre ante el cuerpo muerto de su hijo. Otro calificado aporte hará el grupo Fra Noi de Córdoba con La Friche, creación colectiva sobre los carnavales de Colonia Caroya. Neuquén se hará presente con Esas eran hadas, pieza destinada al público infantil. La dirige su autor, Javier Swedzky, junto a Dardo Sánchez. Interpreta el elenco de la Escuela Provincial de Títeres, conducida por Jorge Onofri, artista con experiencia en el Marionet Teatret de Suecia. La otra propuesta neuquina pertenece a Fernando Aragón, quien aplica técnicas del teatro antropológico de Eugenio Barba. Presentará La noche devora a sus hijos, de Daniel Veronese, actuado por Maite Aranzábal (del grupo Después de Todo).

Jamuychis (El grito) es el resultado de una investigación de Patricia García, también intérprete junto a Flavia Molina. Esta obra representa a Tucumán, al igual que Mujercitas eran las de antes, de Graciela Cabal y puesta de Jorge Pérez Lucena (h) (grupo Mandrágora). El gorro de cascabeles, de Luigi Pirandello, es otra contribución de Rafael Nofal, director del elenco de la Universidad de Santiago del Estero que viene realizando montajes de teatro político. Betty Good, del chaqueño Daniel Sasovsky, se enmarca en la línea del humor absurdo con influencias del teatro de Copi. Este es un trabajo de Marcelo Padelín y su grupo Actores Unidos de Chaco. El sanjuanino Juan Carlos Carta y el mendocino Walter Neira presentarán La causa (obra de la que Carta es autor junto a Eduardo Rodríguez) y La edad de la ciruela (por la compañía Sobretabla), del mendocino-ecuatoriano Arístides Vargas, todos ellos renovadores en sus respectivas provincias.

El entrerriano Teatro del Bardo mostrará El hombre acecha, de Gabriela Trevisani y Valeria Folini, la historia de dos mujeres que se encuentran en la sala de espera de una cárcel. Una es Josefina, esposa de un poeta preso, y la otra, Milagros, una muchacha que aparece vestida de novia. Dirige Gustavo Bendersky. El Grupo Libres de Río Negro llevará U-27, una tragedia radial, inspirada en la novela 1984 de George Orwell. Dirigen Luis Sarlinga y Pablo Otazú. La problemática de la salud es el tema de Fragmentos hospitalarios, creación colectiva de Efectos Colaterales de Chubut. La dirección pertenece a Nelda Scoltore y María E. Guitart.

La programación continúa con El Corso, de Manuel Cruz (por Ideart, de Santa Cruz, dirigido por Mario Morici); Postales argentinas, de Ricardo Bartís (grupo Uñaiche Auka, de La Pampa, dirigido por Isabel Montesi y Luis Maza); Cachafaz, versión y dirección de Miguel Pittier de la obra homónima de Copi, representando a Buenos Aires, lo mismo que Mujeres soñaron caballos (sobre dramaturgia y dirección de Daniel Veronese), y Perras, dirigida por Enrique Federman. La provincia de Buenos Aires participa con El claudicante, de Feve Chaves (por La Gotera de La Plata), Sueño de una noche de verano, versión de William Shakespeare, según una puesta deNelson Valente (Banfield Teatro Ensamble, de Lomas de Zamora); La secreta obscenidad de cada día, de Marco Antonio de La Parra, por Equipo La Granada, de Mar del Plata, dirigido por Hugo Kogan.

Hasta probar lo contrario es el título de un espectáculo de danza proveniente de Jujuy. Dirige el elenco Emilce Scilingo. La Comedia Municipal de Catamarca llevará una versión de La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. La dramaturgia pertenece a Víctor Hugo Cortés y la dirección a Leonardo Gavriloff. Divorciadas, evangélicas y vegetarianas, de Gustavo Ott, es la apuesta del Teátrico Suburbano de Salta, conducido por Daniela Villalba. Otros títulos de la programación son El juego del poder, de Azucena Fontán (por El Antifaz, de Misiones); Matar (creación colectiva), por la chaqueña Fábrica de Artes, dirigida por Alejandro Parmetler; Dionisia, la menor, de Mauro Santamaría, por el grupo Litea de Formosa, que lidera Aldo René Cristanchi; Un mundo raro, de Thierry Calderón de la Barca, por el equipo correntino El Aleph; El velero en la botella, de Jorge Díaz, por El Candado Teatro de San Juan, dirigido por Ariel Sampaolesi; y Yezucristi, de Daniel Acuña Pinto (Kamar de La Rioja); Agosto, de Sergio Martínez (La Libélula de Mendoza), obra inspirada en la villa La Favorita y en el cura Contreras, trabajador social. Dirigen Adriana Gigena y Claudio Martínez. También Rápido nocturno, aire de foxtrot, de Mauricio Kartun (compañía Las Sillas de Mendoza, conducida por Darío Anís); y La verdadera historia de la aparecida embarazada, de Javier Vivas y Luis Palacio por La Cosa de San Luis, obra que cruza estéticas teatrales y televisivas.

Fuente: Página 12

miércoles, 19 de marzo de 2003

Se conocieron los ganadores de la Comedia Municipal

Tras la evaluación de más de cincuenta obras teatrales que fueron presentadas a lo largo de la semana pasada, el jurado del Concurso de la Comedia Municipal 2003 seleccionó a los ocho grupos ganadores en los rubros de espectáculos infantiles y para adultos, así como también a las dos compañías suplentes. Como es habitual, los triunfadores serán premiados con 16 funciones pagas por la dirección de Cultura.
El jurado, que este año estuvo compuesto por Raúl Dargoltz, Néstor Amarilla y Cecilia Cenci, premió en el rubro infantil a las obras "Circo en pequeña escala", del grupo Allegreto; "El Avaro", del grupo Los Trotamundos; "Un vagón de Canciones", del grupo homónimo; y "Hecho a mano", del grupo El Sombrero. En esta categoría se seleccionó como ganadora suplente a la obra "Príncipe y mendigo", del grupo Teatro Estudio.
En el rubro adultos, los ganadores fueron "El Claudicante", del grupo La Gotera; "La excelente y lamentable tragedia de Romeo y Julieta", del grupo Staccato; "Tres, tres, tres", del grupo La Gotera; y "Buenas gracias, muchas noches", del grupo Ridiculum Vitae. En este caso, el grupo ganador suplente fue Vuelve en Julio por su obra "In-partibus Infidellium".

Fuente. El Día

martes, 18 de marzo de 2003

PERSONAJE:STEFAN KAEGI Un animal de teatro

El dramaturgo y director alemán estrena ¡Sentate! Es la cuarta obra del ciclo Biodrama, dirigido por Vivi Tellas. Se trata de una obra interpretada por diversas mascotas y sus amos.

Qué tienen en común un joven alemán, una iguana, dos tortugas, una perra y unos cuantos conejos? La respuesta es simple: todos son parte de ¡Sentate! - Un zoostituto de Stefan Kaegi, la obra que se estrenará el sábado 22 en el teatro Sarmiento, ubicado en el Jardín Zoológico, valga la redundancia.

La "culpable" de haber juntado a este grupo tan dispar es Vivi Tellas, la directora del Centro de Investigación del Complejo Teatral de Buenos Aires. La funcionaria ideó el año pasado el ciclo Biodrama, una propuesta que intenta poner en escena historias de personas argentinas vivas.

El joven alemán Stefan Kaegi, de 31 años, es el director y autor de ¡Sentate!. Se encuentra en Buenos Aires desde diciembre, cuando vino a participar en un seminario sobre teatro. Llegó invitado por el Instituto Goethe, y enseguida comenzó a trabajar en la obra. Al igual que su anterior trabajo en la Argentina —el director ya había montado Torero portero en Córdoba—, decidió dejar afuera a los actores: sólo mascotas y sus dueños protagonizarán ¡Sentate!.


¿Cómo se te ocurrió hacer esta obra?

La temática surgió cuando abrí esa puerta y vi el zoológico acá atrás.

Stefan señala la salida lateral del teatro, que da a un patio que está pegado al zoo porteño, desde donde se ve y se escucha a todo tipo de animales. Sentado, junto a sus nuevos "actores", Kaegi se divierte al ver a dos conejos intentando consumar un amorío.

¿Qué cosas te interesan contar con ¡Sentate!?

Básicamente lo que está sucediendo ahora, aquí, con el perro que mira al conejo. ¿No es grandioso el teatro de los bichos? Los animales son como pantallas para nosotros. Proyectamos en ellos nuestras ideas y fantasías. De alguna forma, el ser humano se prolonga en su bicho.

Para armar la historia, el director investigó en la Rural; "pesquisó", como él dice, a los paseadores de perros que andan por ahí y se interesó en los test de inteligencia de los monos. "No sé por qué la gente tiene animales", comenta en un español fluido, y agrega: "A mí me interesan ciertas intimidades que tienen las personas con sus animales. Hay de todo".

Para reclutar a su elenco, Stefan utilizó la misma estrategia que para Torero porte ro: publicó un aviso clasificado en Clarín a principios de enero, sin demasiadas pistas al respecto. Acudieron más de 40 postulantes, y finalmente quedaron cuatro personas y sus mascotas. Por ejemplo, está Enrique Santiago, desocupado de 67 años, con Julieta y Manolo, sus tortugas. También Stella Maris Romero, ama de casa de 53, junto a Garotita, su perra. Y Martín Fernández, el dueño de Lacan III, la iguana que ya rasguñó a Kaegi en una oportunidad. "No sé cómo va a ser la obra. El prueba y prueba, pero recién esta semana vamos a conocer el contenido", cuenta Stella Maris.

¿Por qué trabajás otra vez con gente que no tiene experiencia actoral?

Me interesan mucho las personas como Enrique, quien cuenta con su cuerpo un montón. Porque no es un actor formado. El sabe contar chistes o historias, pero su cuerpo se mueve de una forma diferente a la que él quiere.

En anteriores reportajes, Stefan contó que alguna vez estudió periodismo. "Mi trabajo es mucho como un periodista (sic), sólamente que yo puedo mentir. Supongo que tú no puedes".

¿Pensás que ningún periodista miente?

Espero que no (risas). Yo tengo otros medios. Puedo mezclar. Trabajo con video para documentar historias, con palabras y con signos de teatro. Hay cosas que sólo se pueden hacer en teatro. Me interesa la tensión de cuando un golpe (aplaude) puede cambiar la obra. Aquí mucho más, porque un movimiento brusco puede hacer que la iguana se suba a la cortina y no baje más.

Ahí anda Stefan Kaegi entre gente común y sus mascotas, tratando de no aburrirse nunca.

¿No es posible que este tipo de experiencias termine por aburrirte?

Debería decir que no, porque siento que no es ni un poco lo mismo que hice con los porteros. Pero claro que hay sistemas que uno repite porque vio que funcionaron. Eso a veces me asusta un poco. Por eso el próximo trabajo, en Hannover, va a ser con actores.

Fuente: Clarín