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miércoles, 2 de junio de 2010

Timbre 4 y el empuje a favor

Lo que fue actitud pionera se sigue alimentando en Timbre 4. Desde hace tres años, se trabajaba en la ampliación del espacio: ahora, la sala de 180 personas, con una calidez espacial que no se ha perdido. “La obra se hizo jugando. Simplemente, porque nos seducía ir corriendo al galpón para ver una ventana nueva, un piso que se lustra por primera vez”, dice Claudio Tolcachir. Continúan con el mismo impulso.

“La primera etapa de Timbre 4 la hicimos con nuestras manos. Lo que inauguramos ahora, la nueva sala, tenía otra complejidad y contratamos gente, pero la supervisión la llevaron adelante dos actrices de La Omisión de la familia Coleman y Tercer cuerpo . El actor y director muestra el nuevo bar que está al frente del espacio. “Una persona del grupo recuperó las maderas de la obra, las lustró, las enceró y con ellas armó las mesas del bar. Cuando le entran las dudas si esto funcionará, le digo: no conozco un esfuerzo realizado con tanto amor y sueño puede salir mal. Así de simple”.

Fuente: Clarín

jueves, 31 de diciembre de 2009

Lo mejor del teatro off en la ciudad de Buenos Aires

Luisa se estrella contra su casa, con dramaturgia y dirección de Ariel Farece

DE LAS DISTINTAS FORMAS DE CONCEBIR EL ÉXITO

Estructuralmente imposibilitado para generar buenas ganancias, el teatro off siempre persigue otros objetivos, más románticos, quizá, pero no por eso menos ambiciosos: el reconocimiento de los pares, la continuidad en escena, el prestigio.

Por Natalia Laube

No es novedoso señalar que la inabarcable escena teatral porteña se compone, al menos, de dos mundos: el teatro comercial y el oficial, por un lado, y el teatro off, cada vez más amplio y subdividido, por el otro.

Cada universo, claro, tiene sus yeites. Y cada uno concibe el éxito de manera distinta. Cuesta imaginarse, por ejemplo, a Javier Faroni o a Carlos Rottemberg destinando su bolsillo y su tiempo a producciones que no aseguren, al menos de un primer vistazo, cierto rédito económico. Estructuralmente imposibilitado para generar buenas ganancias (por la competencia y por la cantidad de público a la que puede aspirar: en Buenos Aires abundan las salas de pocas butacas), el teatro off siempre persigue otros objetivos, más románticos, quizá, pero no por eso menos ambiciosos: el reconocimiento de los pares, la continuidad en escena, el prestigio –una noción muchas veces renegada de la boca para afuera, pero no por eso poco deseada de la boca para adentro.

Desde un punto de vista distributivo, la escena teatral parece haberse desdoblado siguiendo las formas de la industria del cine, donde las producciones taquilleras y las producciones festivaleras se saludan desde sus respectivas burbujas, con cierta extrañeza y sin recelo. Para las primeras, y aunque siempre es bueno que la crítica acompañe, el éxito tiene forma de cantidad; para las segundas resta la calidad, un estatus que otorgan determinados colegas, determinados premios, determinados críticos, determinadas invitaciones a determinados festivales (para quien se interese por el tema: la crítica Ana Durán se explaya más larga y minuciosamente en la anteúltima edición de la revista Funámbulos, que puede leerse en: http://www.funambulosteatro.blogspot.com/

Este año, desfilan por ese segundo podio Luisa se estrella contra su casa, Nada del amor me produceproduce envidia, Los desórdenes de la carne, Tren y Lote 77. Aunque dos de ellas se estrenaron durante 2008, ésta fue su temporada en más de un sentido: lo confirman las participaciones en la Fiesta del Teatro o en el FIBA, las nominaciones a algunos premios de la liga mayor, cierta unanimidad de críticas y, acaso, la aparición en los inservibles balances de fin de año, como este que usted está leyendo.

Fuente: Crítica

domingo, 27 de diciembre de 2009

Cierre 2009: teatro

Foto: LA NACION

La obra de Kartun fue la estrella del teatro off

Desde hace tiempo, en el teatro independiente se ven muy buenos actores que hacen brillantes obras que no lo son tanto. De todos modos, este año, Mauricio Kartun estrenó uno de sus mejores trabajos: la excelente Ala de criados . Pero la mayor parte de las figuras establecidas hicieron de ellos mismos. Entre los destacados: Martín Flores Cárdenas, Ariel Farace, Diego Brienza, Guillermo Arengo, Juan Carlos Fontana, Patricio Azor, Luis Cano, Corina Fiorillo y Piel de Lava.

Cosas que atrasan: exclusión y censura

En el marco de la Fiesta Nacional de Teatro, en Chaco, un elenco porteño llegó al Impenetrable. Por primera vez, una comunidad wichi tuvo posibilidad de ver una obra profesional. En 2009, no en 1909. Asusta. A su vez, a un elenco carcelario tucumano el gobierno provincial le prohibió presentar La casa de Bernarda Alba .

Escenarios oficiales y FIBA

A los tumbos, y como pudieron, el Complejo Teatral de Buenos Aires y el Cervantes llevaron a escena obras relevantes como Marat Sade, Krapp, Yo en el futuro, Mi vida después y Trans-Atlántico . Aunque tibio, el FIBA se lució con Neva y Diciembre (Chile), El caso Danton (Polonia) y Hotel Splendid (Corea del Sur). Digno de elogios: el Festival Polo Circo.

Los recortes y la gripe: dos epidemias

Los recortes presupuestarios del gobierno de Mauricio Macri en el Complejo Teatral (entre otras instituciones culturales) fueron una constante que, a lo largo del año, originaron postergaciones, suspensiones y atrasos en los pagos, entre muchas otras cuestiones. A eso se sumó la epidemia de gripe A, que obligó a los empresarios teatrales a tomar la decisión de cerrar sus salas durante diez días, en pleno período de vacacaciones de invierno. Fue algo que ocasionó pérdidas millonarias a los empresarios y productores de espectáculos.

La escena comercial ofreció buenas y variadas propuestas Agosto, condado Osage, esa sinfonía actoral que dirigió Claudio Tolcachir, con Norma Aleandro y Mercedes Morán, al frente de un elenco de lujo, fue una de las grandes propuestas del teatro comercial. Antonio Gasalla "la rompió" con Más respeto que soy tu madre; y muy cerca, imponente, El fantasma de la ópera.

La perla que abatió a la gripe y conmovió al público

Hija pródiga, recibida en su patria con alfombra roja, Elena Roger simboliza ese aspecto tan argentino de necesitar el reconocimiento internacional. No es para menos: la talentosa actriz y cantante conmueve con su composición de Edith Piaf y su postura lejana al clisé de diva. Piaf le puso calor al invierno y dejó ver cómo filas de espectadores se agolparon durante meses, desde muy temprano, a la entrada del Liceo, para conseguir entradas. Allí, Roger pasa de ser una jovencita atrevida a una prematura "anciana" de 47 años que ve derrumbarse su vida, en medio del éxito.

Lo mejor de 2009

Pablo Gorlero

1. Agosto, condado Osage. De Tracy Letts, dirigida por Claudio Tolcachir.

2. Piaf. De Pam Gems. Dir.: Jamie Lloyd.

3. Ala de criados. De Mauricio Kartun.

4. Marat Sade. De Peter Weiss, dirigida por Villanueva Cosse.

5. Hotel Splendid. De Lavonne Mueller, dirigida por Chung-euy Park (FIBA).

Ernesto Schoo

1. Krapp, la última cinta magnética. Dirigida por Juan Carlos Gené.

2. Marat Sade. De Peter Weiss, dirigida por Villanueva Cosse.

3. Agosto, condado Osage. De Tracy Letts, dirigida por Claudio Tolcachir.

4. Esperando a Godot. De S. Beckett, dirigida por Berta Goldenberg.

5. ¡Oh, juremos con plumas vivir! Dirección: Eduardo Solá.

Alejandro Cruz

1. Mi vida después. De Lola Arias.

2. Posición paralela. De Philippe Ménard (Festival Polo Circo).

3. Neva / Diciembre. Dirigida por Guillermo Calderón (FIBA).

4. El caso Danto n. por el Teatr Polski Wroclaw (FIBA).

5. Tren. Del Grupo Piel de Lava.

Verónica Pagés

1. Ala de criados. De Mauricio Kartun.

2. Neva. De Guillermo Calderón (FIBA).

3. Una familia dentro de la nieve. De G. Arengo, dirigida por Diego Brienza.

4. Quienquiera que hubiera dormido en esta cama. De Martín Flores Cárdenas

5. Agosto, condado Osage. De Tracy Letts, dirigida por Claudio Tolcachir.

Carlos Pacheco

1. El desarrollo de la civilización venidera. De Daniel Veronese.

2. Luisa se estrella contra su propia casa. De Ariel Farace.

3. Yo, en el futuro. De Federico León.

4. Los desórdenes de la carne. De Alfredo Ramos.

5. Chiquito. De Luis Cano.

Fuente: La Nación

Una luz en el fondo del túnel

Nabucco fue una de las propuestas del platense Teatro Argentino

Por EDUARDO GIORELLO

Desde el momento en que las autoridades del Teatro Colón anunciaron públicamente la realización de la temporada 2010, en conmemoración del Bicentenario y se dieron a conocer sus lineamientos generales, con actividades artísticas que llegan hasta diciembre del próximo año, se encendió una luz en el fondo de un túnel oscuro en el que los ciudadanos estuvimos inmersos por espacio de varios años y que con sus pronósticos agoreros marcó toda la actividad musical de Buenos Aires, que se veía reducida a teatros y compañías alternativas, que si bien suplían de alguna manera las actividades de la gran sala de la calle Libertad, no alcanzaban ni su nivel de grandeza arquitectónica, ni su belleza ni su preeminencia acústica.

Aun hoy surgen controversias y diferencias de criterio con respecto a las características de la restauración y de las modificaciones estructurales y administrativas a que ha sido sometido el gran teatro de los argentinos pero también es cierto que las obras continúan y por lo observado en su interior y exterior, éstas están en la dirección correcta propuesta por las actuales autoridades. No abrimos un juicio de valor.

La prospectiva para el próximo año incluye siete títulos de ópera en el Colón, dos de ellos conformando el mismo programa. Creaciones líricas de Giacomo Puccini ("La Bohéme"), Wolfgang Amadeus Mozart ("Don Giovanni"), Jules Massenet ("Manon"), Leos Janacék ("Kátia Kabanová"), Alexander von Zemlinsky ("Una tragedia florentina"), Erich Wolfgang Korngold ("Violanta") y Giuseppe Verdi ("Falstaff") recorren un amplio catálogo de estilos, temáticas y nacionalidades. Estas realizaciones contarán con la participación de los Elencos Estables del teatro.

El ballet que como es tradicional estará a cargo del Ballet Estable dirigido en la actualidad por la maestra Lidia Segni, contará con obras de Kenneth MacMillan-Jules Massenet ("Manon"), George Balanchine/Gaetano Donizetti/Piotr Ilich Tchaikovsky ("Tema y Variaciones"/"Variaciones Donizetti"), Vittorio Biagi/Ludwig van Beethoven ("Séptima Sinfonía"), Anne Marie Holmes/ Riccardo Drigo/Adolphe Adam/Cesare Pugni/Leon Minkus/Léo Delibes ("El Corsario") y Natalia Makarova/Leon Minkus/John Lanchberry ("La Bayadera").

Habrá asimismo conciertos sinfónicos (Ciclo de 18 en días jueves de la Filarmónica de Buenos Aires, que este año ha tenido una importante temporada en el Coliseo y hasta viajó al exterior), un Abono del Bicentenario con grandes artistas (Yo Yo Ma, András Schiff, West-Eastern Divan Orchestra con Daniel Baremboim, Orquesta y Coro de la Scala de Milán con Baremboim, Karin Lechner y Sergio Tiempo, Arturo Diemecke, Orquesta Filarmónica de Munich con Zubin Mehta).

También se han organizado conciertos extraordinarios con la Orquesta Estable del Teatro Colón e intérpretes argentinos (Camerata Bariloche, Cuarteto de Cuerdas Buenos Aires, Quinteto Filarmónico, Nuevo Trío Argentino, Trío Luminar, Ensamble Instrumental de Buenos Aires, Cuateto Argentum) y habrá una intensa actividad en el Centro de Experimentación del Teatro Colón, que dirige Willy Landin, transformando una vez más al Colón en el gran centro musical del país.

Las alternativas

Como una alternativa válida para suplir la ausencia de la sala de la calle Libertad, durante el 2009 el Teatro Colón eligió el Teatro Coliseo, un recinto que posee un importante foso y condiciones acústicas, que si bien no son óptimas, ofrecen una posibilidad válida para escuchar conciertos y apreciar espectáculos de ballet y ópera.

La temporada del Colón incluyó obras de Honegger ("Juana de Arco en la hoguera"), Mozart ("El rapto en el serrallo"), Verdi ("I Due Foscari", Gluck (una estupenda realización de Roberto Oswald de "Orfeo y Eurídice") y espectáculos coreográficos como "Giselle" (Adam) y "Don Quijote" (Minkus).

El Teatro Argentino de La Plata se sumó a la oferta con realizaciones valiosas de "I Trovatore" y "Nabucco", de Verdi y "Salomé", de Strauss, entre otras propuestas sinfónicas y funciones de ballet ("Romeo y Julieta"(Prokofiev) y "El lago de los cisnes" (Tchaikovsky).

Fuente: El Día

sábado, 26 de diciembre de 2009

Un año difícil con propuestas interesantes


Jóvenes y talentosos, los intérpretes de Playa Bonita, de Hugo Midón

La epidemia de gripe A golpeó especialmente al teatro para chicos en las vacaciones de invierno, pero pudo recuperarse.

Por Ruth Mehl

Con el corte violento que el problema de la gripe A le produjo a todo tipo de concentración social durante el invierno, los proyectos de espectáculos planeados para los niños en su gran mayoría sufrieron, además de bastantes fracasos y desalientos, bajas, cambios de fechas y de salas, reducción de funciones. Fue prácticamente imposible abarcarlos y, por eso, es muy difícil tener un panorama integral de la temporada. Como en esos juegos infantiles de "toco y me voy", el teatro para niños se asomó, jugó un poco y se fue pronto. Esto ocurrió inclusive con las grandes producciones extranjeras, representantes de programas de la televisión, que pasaron fugazmente por algunos escenarios.

De todos modos, más allá de los resultados económicos o de las cifras de taquilla hubo señales interesantes y una búsqueda de nuevas propuestas.

En lo que respecta a la dramaturgia, varias producciones se originaron en fuentes poco frecuentadas hasta el momento. Al casi siempre presente material de María Elena Walsh (una excelente Doña Disparate y Bambuco ) se agregaron obras inspiradas en textos de Luis Pescetti ( Moc y Poc, Frin, Aguante Natacha ), o los personajes de dos tiras cómicas: de Liniers ( Una historia macanuda ) y de Nick ( El show de Gaturro ). Por su parte, los textos de Lewis Carroll aparecieron rescatados desde nuevas percepciones (la original Tres para el té, Alicia Rock, Alicia en el país de las maravillas ).

Entretanto, el público mayor de 10 años se encontró con una recreación bastante ajustada de lo que era el "teatro de papel", en una interesante versión de Galileo .

Al comienzo de la temporada, Hugo Midón y Carlos Gianni presentaron Playa Bonita , un musical realizado totalmente con egresados de su escuela. Y también en los primeros meses del año, Héctor Presa estrenó Bolsillitos , en el que las complicadas relaciones entre hermanas se miran desde cerca y con cariño.

La música se hizo presente con Mirlitón , de Los Musiqueros, en el Teatro Nacional Cervantes, mientras que Manifonías , en el mismo teatro combinó con los títeres un juego musical de humor.

Los títeres apuntaron alto con una nueva versión de Pinocho , de Libertablas, y con la reposición de El ruiseñor , de Eva Halac. Y en teatro negro, La Luna de Oriente , y Circo Focus Bogus , lograron captar a plateas de todas las edades, con estéticas totalmente diferentes.

Salas y grupos

El Museo del Títere, en San Telmo; y La Galera Encantada, en la calle Humboldt y en el Museo Larreta, sostuvieron podría decirse que heroicamente una programación continuada, con un resultado desigual en cuanto a concurrencia, pero con esa porfía de seguir estando para los niños. Algo similar ocurrió con el Museo Viajero, en el Parque Saavedra que, a pesar de todo, se animó a estrenar.

Aislados, solitarios, pero de todos modos desafiantes: Cuentos animados (unipersonal de un clown con ilustraciones dibujadas sobre la pantalla a medida que transcurre el relato, a cargo de Daniel Fiorentino), Galileo (en teatro de papel), y Cantata de Pedro y la guerra , (para adolescentes) buscaron algo nuevo, en técnicas, estéticas y contenidos. Casi no corresponde evaluar la temporada por su calidad o éxito. El sentimiento que deja este año tan especial, es que, al menos en Buenos Aires, el teatro para niños sigue siendo parte de la vida activa de la sociedad, casi una necesidad de chicos y grandes y también de los artistas que en el espectáculo infantil encuentran un terreno valioso para expresarse.

Fuente: La Nación

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Escenas de una realidad compleja

TEATRO › BALANCE DE LA TEMPORADA TEATRAL EN BUENOS AIRES

La ciudad volvió a hacer gala de una oferta teatral riquísima e inabarcable, que incluyó desde los conflictos de la clase media hasta las reflexiones sobre el peronismo, pasando por el cruce de disciplinas y la relectura de clásicos.

Por Hilda Cabrera y Cecilia Hopkins

Elaborar un balance sobre la escena de Buenos Aires sigue siendo una tarea compleja. Imposible abarcar tanta producción, aun cuando el teatro, como otras disciplinas artísticas, es todavía materia no contemplada con generosidad por la mayoría de los funcionarios y políticos a cargo del área cultural. Un dato entre otros ha sido el atraso en los pagos a los elencos del Complejo Teatral de Buenos Aires y la clausura de centros culturales por falta de reparación edilicia, producto de la desidia oficial. A pesar de estos descuidos, a los que se suma la lentitud en finalizar las obras del Teatro San Martín, dependiente del Gobierno de la Ciudad, y las también demoradas del Teatro Cervantes, del área de Cultura de la Nación, hubo continuidad tanto en la producción de obras como –en el caso del Cervantes– del programa federal que facilita el intercambio con las provincias. En ese contexto y en el de una violencia social que persiste, la escena supo expresar a través de algunas obras el atropello, la perplejidad y la incertidumbre, invitando a pensar a los más perezosos o sorprendiendo con una puesta o actuación.

Entre las destacadas figuran Medea, protagonizada por Cristina Banegas y dirigida por Pompeyo Audivert; Rey Lear, en la versión de Lautaro Vilo y Rubén Szuchmacher, bien actuada y con un Alfredo Alcón admirable en el estallido de su Lear; Los desórdenes de la carne, de Alfredo Ramos; El misterio de dar, de Griselda Gambaro, una interrogación sobre el desamparo donde la protagonista fue Adriana Aizenberg, dirigida por Laura Yusem; Invenciones, dramaturgia sobre textos de Silvina Ocampo en la que Marilú Marini atrapó con sabiduría escénica; Marat/Sade, del alemán Peter Weiss, en una creativa puesta de Villanueva Cosse; Ala de criados; sobre un revelador texto de Mauricio Kartun; Krapp, la última cinta magnética, de Samuel Beckett, retrato de un ocaso actuado por Walter Santa Ana con dirección de Juan Carlos Gené, a su vez intérprete de Minetti; y Grande y pequeño, del alemán Botho Strauss, con Ingrid Pelicori y Horacio Roca, artistas que, conducidos por Manuel Iedvabni, tradujeron los conflictos de personajes amenazados por la autodestrucción.

Más allá de si interesa o no que el arte refleje aspectos de la vida diaria, hubo piezas que transparentaron el embrutecimiento de las relaciones y la exasperación de los vínculos. Aun así no se escenificaron asuntos que golpean, en el sentido de obras como Sólo brumas, de Eduardo “Tato” Pavlovsky, quien fiel a su “teatro de estados” mantuvo en cartel este espectáculo estrenado en 2008, dirigido por Norman Briski e invitado a encuentros internacionales. Invitación que no es novedad en su caso, tampoco en autores y directores como Daniel Veronese, Rafael Spregelburd, Javier Daulte y Ricardo Bartís, quien mantuvo en cartel La pesca. Briski fue además uno de los artistas que estrenó más obras, como el premiado Julio Chávez, actor, director y autor de numerosas piezas breves.

El teatro de calle dio muestras de creatividad y organización (La Runfla y El Baldío, entre otros), en tanto el pionero y celebrado Grupo Catalinas Sur, de La Boca, no escatimó propuestas. El cruce de disciplinas se mantuvo en los espectáculos al aire de libre como en los de sala. Mezcla artesanal fue la que se vio en La sombra de Federico, de Eduardo Rovner y dirección de Adelaida Mangani y Hugo Urquijo, que incorporó el arte de los títeres. Del enlace entre actores y elementos audiovisuales nacieron piezas como Yo en el futuro, un trabajo sobre el tiempo y la acción de mirar que condujo Federico León; Tren, por el grupo Piel de Lava; y Travelling, con dramaturgia y montaje de Claudio Hochman, quien junto al elenco de La Arena incorporó técnicas de cine y video.

La atracción por los autores premiados en los circuitos comerciales del exterior abrió el camino a las convocantes Agosto. Condado de Osage, del estadounidense Tracy Letts, con Norma Aleandro, Mercedes Morán y un importante elenco dirigido por Claudio Tolcachir; Piaf, musical protagonizado por la excelente Elena Roger; y La forma de las cosas, del estadounidense Neil Labute (el mismo de Gorda), que dirigida por Daniel Veronese alertó respecto de la manipulación social e individual. El premiado Agustín Alezzo estuvo particularmente activo: puso en escena El rufián en la escalera, de Joe Orton, en una versión que alude a la inseguridad urbana; Cena entre amigos, de Donald Margulies (sobre los diferentes modos de concebir las alianzas matrimoniales), y Contrapunto, del británico Peter Schaffer, con interpretación de Pepe Soriano y Leonardo Sbaraglia. Un éxito del off Broadway, La noche que Larry Kramer me besó, de David Drake –sobre la lucha de los derechos gay–, se vio en formato multimedia, interpretado por Javier Van de Couter. Escrita por el húngaro Sándor Márai, El último encuentro reunió a Duilio Marzio, Hilda Bernard y Fernando Heredia bajo la dirección de Gabriela Izcovich. Juan Bosch fue rescatado por la dominicana María Isabel Bosch, creadora y protagonista de Contando a mi abuelo Juan Bosch, otro de los escasos espectáculos de la temporada que trasladó la narrativa al teatro, como también La venus de las pieles, adaptación de Claudio Quinteros de la novela de Leopold Von Sacher-Masoch. La poesía halló lugar en dos trabajos de Silvio Lang: Oratorio pagano, sobre poemas de Olga Orozco, y Nada de Dios, recuperación del universo de la poeta uruguaya Idea Vilariño.

Lo social se fue colando en piezas tan diferentes como Hogar, del británico David Storey, un montaje de Carlos Rivas sobre quienes se aíslan ex profeso para defenderse de los mandatos; El último fuego, de la alemana Dea Loher, dirigida por Ana Alvarado, expuso un inquietante punto de vista sobre la marginación y la delincuencia juvenil; Rosa mística, pieza de Ignacio Apolo, indagó sobre las víctimas infantiles de la violencia urbana; Resplandor, de Héctor Levy-Daniel y dirección de Anahí Martella, se refirió con toques fantásticos a la apropiación ilegal de los recién nacidos; y Fuenteovejuna 1476, con Nora Oneto y dirección de Omar Sánchez, rescató el papel de la mujer en tiempos de dictadura. Los exiliados y perseguidos fueron también materia del chileno Marco Antonio de la Parra, autor de Telémaco o el padre ausente, obra que dirigió Dora Milea y actuaron Patricio Contreras y Patricia Palmer.

Fuente de inspiración, el peronismo ocupó un lugar en Muñequita o juremos con gloria morir, de Alejandro Tantanian y dirección de Juan Carlos Fontana, obra a la que se sumó la visión de Daniel Santoro sobre la figura de Eva Perón. Ambientada en los años del primer peronismo pero en clave de comedia, Los desórdenes de la carne, de Alfredo Ramos, ironizó sobre las convenciones religiosas y sociales de las clases acomodadas. En otra línea, Perón en Caracas, basada en un texto de Leónidas Lamborghini, retrató al Perón de 1956. En Entrenamiento revolucionario, Gabriel Virtuoso elaboró una mirada prospectiva sobre el país, con un peronismo a punto de cumplir cien años en una Argentina subterránea y devastada.

La indagación histórica se hizo ficción en ¿Quién va a pagar todo esto?, retrato del ex presidente Arturo Illia presentado por Eduardo Rovner y actuado por Arturo Bonín; Guayaquil, de Pacho O’Donnell, con Rubén Stella y Lito Cruz; Ala de criados, de Mauricio Kartun, que apuntó a un grupo de señoritos veraneando en Mar del Plata mientras en Buenos Aires se producían las huelgas y represiones de la Semana Trágica; y Rodolfo Walsh y Gardel, de David Viñas. Los sueños desarticulados de la izquierda encontraron cabida en Angelito, obra que Roberto “Tito” Cossa estrenó en los ’90 y que esta temporada recobró Jorge Graciosi. Otro intento fue Una mañana sin sol, de Héctor Oliboni, dirigida por Rubens Correa. Bernardo Carey optó por analizar la manipulación de las noticias en Titulares, dirigida por José María Paolantonio.

La pauperización de la clase media fue motivo central en Tercer Cuerpo (segunda temporada). La dificultad de asumir la construcción de la identidad sexual en el laberinto de los mandatos y las restricciones familiares fueron reflejados en Lote 77, de Marcelo Mininno, y De hombre a hombre, del director Mariano Moro. Niños del limbo, de Andrea Garrote, mostró a una clase media enfrascada en su mundo y desinteresada de los vaivenes sociales. En Los Rocabilis y Amor a tiros, Bernardo Cappa aludió al mundo del rock y el ambiente policial para referirse en clave de comedia a las pérdidas y los fracasos. El choque de ideas en Cuestión de principios, de Roberto “Tito” Cossa y dirección de Hugo Urquijo, expresó el contrapunto entre un padre y su hija, así como en otra línea Caperucita (Un espectáculo feroz), de Javier Daulte, dio cuenta de la conflictiva relación de una abuela, su hija y su nieta. Sobre complejidades interpersonales trató también El regreso del Tigre, de Luis Agustoni, interpretada por Luis Brandoni y Patricio Contreras.

El humor acumuló títulos como Pequeño papá ilustrado, creación de Los Macocos; Club de las Bataclanas, sobre idea e interpretación de Mónica Cabrera; Crónicas de un comediante, de Manuel Santos Iñurrieta; y Así da gusto, espectáculo de la narradora Ana María Bovo, una de las más destacadas artistas en el género junto a Ana Padovani. Sobre mitos populares se vieron Tango turco, de Rafael Bruza, donde se pintó a los argentinos como pasionales, absurdos y grotescos; y Las asesinas de Gardel, de Lucía Laragione y Antonia De Michelis.

No faltaron las relecturas de clásicos. Daniel Veronese estrenó dos versiones de textos de Ibsen: El de-sarrollo de la civilización venidera (Casa de muñecas) y Todos los grandes gobiernos han evitado el teatro íntimo (Hedda Gabler); Alejandro Maci dirigió una versión de La vuelta al hogar, de Harold Pinter; Francisco Javier hizo lo propio con Asesino sin salario, de Ionesco. Juan Carlos Gené y Carlos Ianni dieron a conocer una versión de Minetti, de Bernhard; Edward Nutkiewicz versionó Divinas palabras, de Del Valle Inclán, y Adrián Blanco dirigió Trans-Atlántico, de Witold Gombrowicz. El tiempo y los Conway, de J.B. Priestley, fue la obra elegida por Mariano Dossena para subrayar la pérdida de ilusiones familiares; y Alicia Zanca dirigió La cocina, de Arnold Wesker. Entre los clásicos nacionales Sangra-Nuevas Babilonias, versión de Guillermo Cacace sobre Babilonia, de Armando Discépolo; Nuestros padres, de Nayla Pose, inspirada en Barranca abajo, del uruguayo Florencio Sánchez; El reñidero, de Sergio De Ce-cco, una puesta de Eva Halac, y obras de José González Castillo y otros autores que dirigió Joaquín Bonet en un ciclo de sainetes presentado en la casona de Marcó del Pont.

Fuente: Página 12

Venimos de muy lejos

Una obra relacionada con la desaparición de personas se constituyó en uno de los últimos trabajos llegados desde el exterior. Su título, NN12, creación de la actriz y autora andaluza Gracia Morales, conmovió a los espectadores del Celcit en un año en que el Festival Internacional de Buenos Aires (dirigido por Rubén Szuchmacher y Alberto Ligaluppi) abría la posibilidad de conocer aspectos del teatro que se realiza fuera del país.

Espectáculos que en algunos casos, como Mujer asfalto, protagonizado por Manuela Soeiro, habían sido presentados antes en el Festival Internacional de Teatro del Mercosur, de Córdoba. Por fuera de este festival, artistas como Alfredo Arias, actor, director y régisseur argentino instalado hace décadas en Francia, ofreció a modo de anticipo, junto a un elenco argentino, dos cuadros de music hall que estrenará en París.

Otro visitante fue el director y docente Gianluca Barbadori, quien mostró una serie de piezas desacralizadoras sobre conflictos contemporáneos. El autor y director Arístides Vargas, residente en Ecuador, donde halló asilo político y fundó el grupo Malayerba, trajo La razón blindada, inspirada en los viajes que realizaba su padre al penal de Rawson para ver a su hijo, hermano de Arístides. Por otro lado, el director y actor aragonés Luis Felipe Alegre y la cantante Carmen Orté (de la compañía aragonesa El Silbo Vulnerado) retornaron con sus creaciones trovadorescas, en tanto otro juglar, el boloñés Matteo Belli, maravilló al auditorio del Instituto Italiano de Cultura con su espectáculo-conferencia Gentes, oíd este sermón.

Fuente: Página 12

Imaginación desaprovechada

El teatro no muere en la ciudad de Buenos Aires. Varios circuitos teatrales tiene la ciudad y a todos llega su público. Más misterioso que el milenario rito mismo, es el deseo que tantas personas tienen de hacerlo. Año a año se inscriben en el IUNA (Instituto Universitario Nacional de Arte) numerosos alumnos para cursar licenciaturas en Actuación, Dirección o Iluminación Teatral; otros tantos quedan afuera. El año próximo, estudiantes de la Universidad de San Martín se diplomarán en algo tan bello y específico como el Teatro de Títeres y Objetos. Alumnos de otros países vienen a cursar posgrados en nuestras instituciones.

Infinitos talleres privados cubren las necesidades en este tema de los que no optan por las carreras universitarias. Toda esta fuerza cuando busca su cauce encuentra que la boca se estrecha. El camino profesional está signado por el amateurismo, por la dificultad de profesionalizarse o de acceder a la participación, en sus distintos rubros, de grandes montajes. Las buenas intenciones del Complejo Teatral de la Ciudad no alcanzan para cubrir tanta demanda y los teatros del circuito off hacen inmensos esfuerzos con los magros y desactualizados subsidios que se les otorgan.

Somos famosos fuera de nuestro país por hacer buen teatro con poco dinero, pero no me parece un motivo de alegría “puertas para adentro”. La cultura puede generar ganancias directas e indirectas para una ciudad y eso lo saben muchos de los países a los que siempre miramos como modelo y otros, vecinos nuestros, que están logrando alcanzar un alto nivel de oferta y demanda cultural, que antes no tenían, gracias al interés de la sociedad y sus funcionarios en el tema.

Para el teatro no hace falta una gran industria, ni una gran inversión, hace falta imaginación y eso, aun a riesgo del lugar común, a nosotros nos sobra. Las fuerzas del campo cultural son desaprovechadas en la ciudad de Buenos Aires, los deseos de un importante sector juvenil de las capas medias no están siendo oídos. No estamos a la altura de nuestra capacidad de trabajo. Hace un tiempo escuché a un director teatral preguntarse, con muy genuina preocupación “¿Quién va a montar a Shakespeare cuando yo me muera?”. Hay cola de directores jóvenes deseosos de reemplazar a los que están, pero necesitan ejercitarse, trabajar, madurar.

Mis deseos para el próximo año son: que empecemos a encarar este tema, agrupándonos los interesados, para proponer o para enfrentar al gobierno de turno; que los vecinos interesados de nuestra ciudad pongan esto en su agenda cuando votan; que los funcionarios ejerzan con proyección su gestión y no con inmediatez mediática.

* Actriz, titiritera, directora y docente. Integrante y cofundadora del grupo El Periférico de Objetos.

Fuente: Página 12

Tiempo de celebración

TEATRO › OPINION

Por Marcelo Mininno *

Pienso que hacemos lo que hacemos para poder crecer. Compartirnos. Preguntarnos juntos... entrar en nuevas contradicciones.

Veo el sacrificio de espectadores (con mate y perro) en plena fiebre del dengue en Chaco. Intercambiamos experiencias en Mendoza mientras leo, en el Museo Histórico de la ciudad, que los habitantes, luego de la destrucción de su ciudad originaria, “corrieron a un costado las cosas que no querían ver”.

Festejamos en Córdoba otro festival del Mercosur, mientras nos comentan la preocupación general por los incendios; o en Santa Fe, durante una de las mayores sequías provinciales, vemos a la gente que corre a ver teatro como homenajeando las fiestas primitivas donde se le pedía al cielo agua...

Dábamos a conocer una realidad teatral mientras conocíamos otras.

Celebro el Primer Circuito Nacional de Festivales 2009 El país en el país, donde más de cuarenta espectáculos de diferentes regiones giramos de norte a sur de la Argentina. Un circuito que ojalá siga creciendo y profundizándose, organizado por el Instituto Nacional del Teatro.

Celebro la continuidad del Festival Internacional de Buenos Aires, donde no sólo pudimos proyectar nuestros espectáculos a nivel internacional o intercambiar experiencias con creadores lejanos, sino comprobar que el público aún tiene ganas de acercarse a la oferta nacional.

Celebro percibir que estamos aprendiendo, porque es lindo que nos inviten al baile... pero mayor desafío es ponerse a bailar.

* Actor y director.

Fuente: Página 12

Tropiezo con realidad

Teatro-Café concert

El mundo ha vivido equivocado, en su versión teatral, es una adaptación del cuento homónimo de Roberto Fontanarrosa. La obra despliega la imaginación de dos personajes en un espacio reducido y un texto notable.

Mario y Mochila conversan en un bar. Mario está enamorado de Marta (“La flaca”), un personaje femenino imaginario al que Mario observa desde hace cinco años sin animarse a abordarla. Mochila, aparentemente más experimentado en las lides de la seducción, lo aconseja acerca de lo importante de definir de una vez por todas la situación. Termina siendo él mismo quien encara a la imaginaria Marta, que rechaza de lleno la posibilidad de relacionarse con Mario. Al saberlo, Mario se deprime, ya que sus cinco años de esperanza desembocaron en un nuevo fracaso. Para levantarle el ánimo, Mochila imagina un día perfecto en el Caribe, seduciendo a una rubia espectacular. Mario, de a poco, se mete en esa ficción y la vive junto a Mochila. Cuando terminan de imaginar ese día perfecto, la cruel realidad los trae nuevamente al bar. El día no es perfecto y la seducción no funciona como debiera. Todo esto sucede narrado con el inigualable humor de Roberto Fontanarrosa.

Ficha técnica:
El mundo ha vivido equivocado
Autor: Roberto Fontanarrosa.
Actuan: Sergio Fuda, Pablo Picotto, Federico Simonetti.
Iluminación: Ricardo Rodríguez Miró.
Asistencia de dirección: Víctor Javier Nalerio.
Prensa: Fernando Brenner.
Dirección: Ricardo Rodríguez Miró.
Ultimas funciones sábado 26 y domingo 27 a las 21 y 30 horas en Paseo La Plaza
-Terraza, Corrientes 1660- Capital Federal. Teléfono: (011) 6320-5348.

Fuente: http://www.diariohoy.net/accion-verNota-id-60961-titulo-Tropiezo_con_realidad

Un misterio que sacude al teatro off

Premiados y premiador. Verónica McLoughlin y Javier Drolas flanquean al Señor S. Ellos se llevaron, la última semana, los 10.000 pesos del premio S en su edición 2009. (foto: Diego Sandstede).

Se entregó el
Premio S, con el que un abogado que no dice su nombre viene estimulando, con muy buen criterio, la escena independiente.

Natalia Laube

Un fantasma recorre el teatro independiente: el fantasma de los Premios S, cada vez más conocidos y codiciados en el mundo del off. Lo de fantasma, vale aclarar, no es simple juego parafrasístico: como un secreto a voces que cada año va adquiriendo mayor trascendencia, el galardón –a contramano de otros, donde se conoce al jurado y un gran despliegue puede acaparar más atención que los premiados– consiste en la entrega de una suma de dinero a directores, dramaturgos y/o actores (en todas sus combinaciones posibles) para armar un nuevo espectáculo, de la mano de un señor que no da a conocer su nombre y cuyo único objetivo es asegurar la continuidad creativa de los artistas que considera valiosos. Pero él, que prefiere permanecer en el anonimato, no se considera un mecenas, “porque ésa es una palabra que connota mucho más” de lo que cree estar haciendo por el teatro independiente. “Las obras seguirían siendo las mismas o muy parecidas sin este premio. Quizá el premio ayuda a tener una escenografía un poco mejor o a pagar una sala de ensayo más holgadamente, pero los trabajos serían casi iguales: los artistas se las arreglarían para hacerlo muy bien de todas maneras”, asegura él, de profesión abogado, con llamativa modestia. Y sigue: “Por eso es que no recibo carpetas, ni leo proyectos y sólo veo trabajos en el escenario: me interesa que el artista al que premio se haya animado a hacer su trabajo, incluso con poco dinero. Sí me interesa estimular carreras que están empezando, pero no doy el premio a alguien que todavía no existe en el medio teatral”.

Anunciados la semana pasada en un picnic organizado por este misterioso señor (el señor S, de aquí en más) este año los premios recayeron en Javier Drolas y Verónica McLoughlin, que recibirán 10 mil pesos cuando comiencen a ensayar sus próximos trabajos. Sus perfiles son casi opuestos: Verónica, a quien el señor S nunca había visto personalmente, dirigió este año por primera vez y está comenzando a hacerse un camino en la escena teatral. La distinción a Javier, en cambio, fue, como él mismo elige llamarlo, un “premio a la insistencia”: el premiador lo había visto durante 2003 en Bizarra, de Rafael Spregelburd, y desde entonces siguió casi toda su carrera. Pero recién este año, a partir de la creación colectiva de 124, en la que estaba involucrado Drolas, decidió que había llegado el momento del galardón. Con el dinero obtenido, el teatrero concretará un segundo trabajo con el grupo con que armó esta obra (Cecilia Blanco, Agustín Repetto, Fernando Tur). McLoughlin trabajará en una adaptación del cuento de Antón Chéjov La mujer del boticario.

Y aunque la distinción es, en primer lugar, un estímulo económico, una especie de propulsor de trabajos teatrales de calidad, recibirlo implica también una especie de voto de confianza y un pequeño baño de prestigio. El señor S dice: “Es rarísimo eso, porque el premio es una chantada y es sólo consecuencia de un impulso, de un deseo personal de estar involucrado en procesos creativos de artistas que considero valiosos. El primer año que lo entregué, en 2003, se lo di a Mariana Chaud y a Laura Paredes. Fui al teatro acompañado por mi hijo, que por entonces tenía 6 años, a entregarles una cartita para contarles que las había elegido. Y en parte porque Mariana y Laura fueron generosas, y no lo interpretaron como una bizarrez absoluta, pude concretar ese deseo. Ahora que pasaron unos cuantos años y con el premio ya instaurado, creo que no le he errado: todos los chicos que lo recibieron siguen trabajando y a todos les va muy bien. No sé si este premio da prestigio, pero la compañía de artistas que te rodean si lo ganás es muy buena, de eso no caben dudas”. Repasemos: Paredes y Chaud en 2003, Santiago Gobernori y Cecilia Rainero en 2004; Inés Efrón y Laura López Moyano en 2005; Mariela Asensio y Matías Feldman en 2006; Romina Paula y Agustina Gatto en 2007 y el colectivo Piel de Lava (Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa) el año pasado.

La elección de nombres que cada año engrosan la lista de “premiados S” –una elección caprichosa, es cierto, pero no por eso poco esmerada– se da siempre en diciembre, después de que el premiador ha visto, a lo largo de todo el año, cerca de 40 espectáculos del circuito off más instalado –El Camarín de las Musas, el Portón de Sánchez, Espacio Callejón– y, cada vez más, de las salas más pequeñas que no siempre están en el foco de atención. Así, el señor S se ha convertido, sin proponérselo, en un crítico de traje y corbata; un señor de oficinas con olfato artístico; y no porque le interese ofrecer su punto de vista en diarios y revistas, sino por el interés y el conocimiento que tiene sobre el circuito teatral (resultado de casi diez años de ver muchísimo teatro alternativo, un fenómeno que descubrió, dice, casi por casualidad) y por su demostrado ojo para encontrar tendencias y personalidades destacadas, incluso con más certidumbre que algunos periodistas especializados y ciertos estudiosos del tema.

Dos con un 2010 lleno de proyectos

Además de comenzar a ensayar las obras que contarán con el aval y subsidio S, Verónica McLoughlin y Javier Drolas están involucrados en una decena de proyectos: Drolas seguirá actuando en Reflejos, de Matías Feldman, y Lúcido, de Rafael Spregelburd, además de reestrenar 124, trabajo de su autoría. También ensaya con Ciro Zorzoli una obra que se verá en el Teatro Sarmiento cerca de mitad de año y vuelve con las Veladas temáticas de la Compañía Teatral Mondo Pasta, que festeja en 2010 su décimo aniversario.

McLoughlin reestrena su ópera prima, Voto de silencio. La historia de un beso en sala a confirmar, comienza a ensayar con el director Martín de Goycoechea y vuelve a la carga, a partir de febrero, con Noches de verano, de Cristian Scotton y dirección de Pedro Antony.

Fuente: Crítica

lunes, 21 de diciembre de 2009

El otro lado de los musicales

Final del show: en la trastienda se despliega un espectáculo paralelo tan fantástico como el que se ve Foto: Daniel Pessah

En el que fue un gran año para el género teatral, LNR se movió tras bambalinas para mostrar lo que nadio vio de Piaf , El fantasma de la Opera y El Joven Frankenstein , tres grandes éxitos de una cartelera que canta y baila como pocas.

Saltan como un resorte. Se habían mantenido estáticos y en silencio durante horas, pero ahora se paran ampulosamente. Aplauden. Gritan. Pagaron su entrada y se sentaron en una butaca confiando en lo que un grupo de desconocidos les podía ofrecer. Vieron a una mujer desgarrarse de dolor y soledad. Vieron a un científico loco crear un monstruo verde que baila tap. Vieron crecer a un amor febril y fantasmal. Ahora, la función terminó y ellos festejan haber vivido una experiencia trascendental. Así, con las palmas enrojecidas de tanto aplaudir, celebran haber sido parte de la magia del teatro. La magia que muestra, pero también la que oculta.

La escena se repite en varias salas porteñas y es parte de un fenómeno en la Argentina: la pasión del público por los musicales. Sin embargo, hay otro espectáculo al que el público no tiene acceso. Lo que ocurre en camarines y "entre patas" (en las salidas a escena de los actores) es otro tipo de show. Una verdadera coreografía de coordinación extrema que es tan vertiginosa como la ficción que se representa en escena. O más.

Este es el relato de lo que ocurre tras bambalinas en tres de los musicales más exitosos del año: Piaf , El joven Frankestein y El fantasma de la Opera , combinados en una única noche imaginaria. Instantáneas de un espectáculo hecho para no ser visto por nadie.

La previa

Son las 18.30 de una tarde cualquiera en la ciudad de Buenos Aires. La noche expulsa del centro porteño a miles de personas que huyen de sus lugares de trabajo.

Ajeno a la ruidosa estampida de afuera, el escenario del teatro Liceo está despojado y en penumbras. En un rincón de dos metros por uno, iluminado por una luz lánguida, Diego Lipsky le hace balbucear unos sonidos tristes a su acordeón. Al rato, Néstor Ballesteros se le suma con su teclado. Sin querer, musicalizan la llegada de una pequeña procesión de personas que entra arrastrando trastos viejos. Cuatro hombres se mueven respetuosos y extienden una escalera de cinco metros. Toquetean los focos de la parrilla de luces mientras tres asistentes hacen el preseteo de la utilería: acomodan estratégicamente en las fauces más oscuras de la trastienda botellas de whisky, cigarrillos, valijas viejas, sillas de madera y algún arma de fuego. Elementos torpes que se llenarán de plasticidad para contar, en casi dos horas, vida y obra del Gorrión de París. Piaf es el fenómeno teatral del que hace meses todos hablan. Una vez que la música de este espectáculo exquisito empiece a sonar no habrá espacio alguno para disonancias.

Elena Roger, la inesperada Piaf de Barracas, ya está en su camarín. Lleva puesta una poco glamorosa red que le sirve para domar su cabello bajo las pelucas y sostener la batería de uno de los dos micrófonos que tiene que usar (uno principal, en la cabeza, y el de emergencia, entre la ropa). Frente a ella, las cuatro pelucas que usará. En el espejo, además del reflejo de una Piaf a medio construir, algunas cartas con buenos deseos.

Las paredes de los pasillos están tapizadas por fotos en blanco y negro. Desde allí, Edith Piaf, en diferentes etapas de su corta vida, ve pasar a las asistentes que hacen equilibrio con pilas de ropa y a los actores que salen y entran de los camarines a medio vestir.

Unas sesenta pilas se recargan en quince cargadores. Llegan flores para Roger.

A cinco cuadras, Guillermo Francella protagoniza El joven Frankestein . Está encerrado en su camarín del teatro Astral. Adentro hay, por lo menos, seis personas. Francella es uno de los pocos que tiene camarín individual. Despojado. Los camarines de los teatros no tienen el glamour que la gente supone. Son, ante todo, lugares de trabajo.

Laura Oliva también tiene camarín propio. Pero mide un cuarto del tamaño de aquél. Rodeada de flores y con una concentración pasmosa, la actriz sopla una pestaña postiza y se la pone. "Con cuidado, porque si está mal puesta parecés bizca", explica.

A metros, Omar Calicchio se sienta frente al espejo para transformarse en un monstruo verde. Tardará cuarenta minutos en ponerse una cabeza de látex y desparramarse por la cara el maquillaje de dos tipos de verde, blanco y negro. Le gusta hacerlo. Es terapéutico, dice.

Con la llegada del resto del elenco los camarines se van poblando. Un ruido alegre se impone y las facturas y los mates empiezan a circular.

Francella camina los pasillos gritándole a su teléfono celular. No hay qué hacer: en esas arterias subterráneas que son los pasillos de los teatros puede haber tanta buena energía como mala señal.

En el taller de peluquería una mujer peina, a fuerza de secador y cepillo, una cabellera con ruleros apoyada en un maniquí de telgopor.

Ya hay algunas bailarinas haciendo movimientos impensados en el Opera. Llegaron tres horas antes de la función. Les gusta estar ahí, en ese pequeño rincón, con tres barras para danza, amplificado por seis espejos gigantes. Son parte de las 150 personas (40 actores, 20 músicos y 90 técnicos) que hacen cada noche El fantasma de la Opera .

Parte de ese ejército son las siete mujeres que se desviven peinando algunas de las 160 pelucas hechas de pelo natural traído de la India. Los postizos son acicalados y acomodados con cuidado de cirujano en una estantería que cubre toda una pared. Una verdadera biblioteca de pelucas, de piso a techo.

En el taller del vestuario, dos modistas revisan unas grandes carpetas que llaman "biblias". Ahí tienen el paso-a-paso para que el musical sea exactamente igual en cada rincón del planeta. Estas guías obsesivas indican desde el tipo de aplique que debe tener tal o cual vestido hasta cómo debe actuar el coordinador de producción frente a la posible impuntualidad del elenco.

Cerca del foso de la orquesta, un asistente de sonido pone a punto los 26 micrófonos inalámbricos que se van a usar en la función.

El precalentamiento

Son las 19, y en el escenario del teatro Liceo 15 personas sufren. Las piernas abiertas en una A exagerada, la cabeza para abajo y los brazos extendidos. Una coach marca el ritmo. Sin dar respiro.

-Uno, dos, tres... vamos... piso... relevé...

-Aggggggg -actúa dolor Elena Roger.

-... y al otro lado y balanceo...

-¡Vamos, no sean maricones...! -grita un bailarín. Todos se ríen. Hasta que, autoritaria y marcial, llega la voz de Edgardo Millán, el director residente.

-¿De quién es este café arriba del escenario?

-¡Ay, mío! -exagera torpeza una actriz.

La humorada no merece las carcajadas que la suceden. Pero hay que reír a cuenta. En minutos estarán poniéndole el cuerpo y el alma a un drama intenso.

En su camarín del Astral, Omar Calicchio ya le puso el cuerpo a su monstruo y lo tiene pintado de verde. Ya no está solo: lo acompañan Pablo Sultani (Igor) y Jorge Priano (Inspector Kemp y Ermitaño). Forman un trío particular. Tres tipos con problemas, dice Calicchio. "Yo soy un monstruo verde; éste (por Sultani) es un jorobado y este otro (por Priano) tiene una pata de palo." El trío se ríe.

Mientras Calicchio se calza el caluroso cuerpo de gomaespuma de su monstruo, un hombre cepilla la cola de un caballo de utilería. Y en la sala de al lado, un sonidista cubre las fuentes de los micrófonos con preservativos para que no los afecte la humedad.

Vestido con una bata con símbolos orientales, y de verde, Calicchio sale a recorrer los camarines. Está chocho. Le arreglaron su peluca de monstruo y puede lucir una cabellera inmaculada. Le dicen que se parece a Zulma Lobato. Y se parece.

Laura Oliva es la primera que enfila hacia el escenario para la prueba de sonido. Le sigue ordenadamente el resto del elenco. Todos desfilan por el pasillo acomodando el micrófono que llevan en la frente (para resaltar los agudos) o detrás de las orejas (para los graves).

Frente a una sala vacía, unas 19 personas vocalizan acompañadas por un teclado.

En el Opera todos saben cuál es el camarín más divertido y van pasando, con excusas o sin ellas, por ahí. Walter Canella (Monsieur André), Ricardo Bangueses (Monsieur Firmin) y Santiago Sirur (Piangi) ofician de anfitriones mientras ensayan su canto. Un mozo toma el pedido de delivery para la cena (los sábados, los actores comen en los camarines entre una función y otra) y una jefa de maquillaje se asegura de que nadie se haya hecho ni una línea de más de lo que marca "la biblia".

En el camarín de Carlos Vittori (el fantasma) todo es silencio. El hombre, vestido con una bata azul de entre casa y con las botas de cuero que usa su criatura, está ensimismado. No es para menos. Tiene muchas cosas en su cabeza: una calva artificial, una prótesis con una deformación, una peluca de pocos pelos y otra estilo Valentino. Le toma dos horas y media ponerse todo eso correctamente. Ahora es el momento en que Vittori baja las luces y vocaliza solo en su camarín. Para él, los nervios quedaron en el ensayo. Ahora es todo concentración, respeto y cuidado.

En un pasillo, los 25 kilos de pollera del personaje de Carlotta aguardan a que empiece la función para lucirse. Mirta Arrúa Lichi es la que tiene que soportar ese peso mientras baila, canta y actúa. Dice, con todo el convencimiento, que la pollera tiene vida propia: "Tardé tres días en domarla".

¡A escena!

Treinta minutos. Un asistente recorre los pasillos del Liceo vociferando cuánto falta para salir a escena. Nadie le presta demasiada atención. Se oye un coro espasmódico, desordenado. Cada actor canta su propia melodía.

Quince minutos. En el Astral los altoparlantes anuncian que faltan quince minutos. El público ya está ubicado. Mientras todo el elenco está entre patas, Francella se queda solo en el pasillo. Firme, con su peluca rubia y su guardapolvo de científico loco. Toma envión y avanza hacia el escenario. "Uhhhhhhhhh", grita y sarandea de un lado al otro la cabeza.

"Actores, por favor a escena", gritan los parlantes de camarines del teatro Opera. El bajo escenario se llena de gente vestida con ropa del 1800 y desde la sala se oye el anuncio para que el público apague sus teléfonos celulares. La orquesta dispara la obertura.

Piaf , El joven Frankestein y El fantasma de la Opera salen a escena.

Puro teatro

Piaf se cae. Se acaba de desmayar. Un cortinado rojo se derrumba furiosamente. Los actores corren. Gritan. Actúan una angustia que uno cree aun viendo los hilos de la marioneta. De repente, teatralmente, mágicamente, todo se calma.

En el escenario del Astral el pueblo de Transilvania canta feliz. Detrás, los utileros se apelotonan cuando arrastran paredes de madera para sacarlas de la vista del público.

El Fantasma atenta contra la vida de Carlotta en el Opera. Tras bambalinas, un actor con traje de luchador romano y bata azul ensaya pasos de ballet.

Sumergida en un haz de luz, Elena Roger (¿o es Piaf?) canta mirando al público. A unos metros, separada por una pared que simula solidez, pero que en realidad es de madera, una asistente ayuda a un actor a cambiarse. Lo hace casi a oscuras, bajo la lechosa iluminación de una lamparita azul. La chica tiene un sombrero de militar nazi en la cabeza, unos pantalones colgando de un brazo y una chaqueta del otro. Con destreza suprema, la ropa que el actor llevaba puesta termina en manos de la asistente y la que la chica llevaba en brazos va siendo impecablemente vestida por el actor. El único sonido que se oye, amortiguado, es el de los velcros que se abren.

En el teatro Opera, Mirta Arrúa Lichi sufre una transformación similar. Seis personas la asisten para cambiarse completamente, en 43 segundos, detrás del decorado. Es un ballet aceitado en el que nadie comete ni un error. Elenco y asistentes tuvieron ensayos específicos para cronometrar, en tiempo récord, estos cambios.

Francella, Oliva y Sultani hacen de las suyas en el castillo de Frankestein. Como en un tetris enloquecido, esquivan las paredes de madera que suben y bajan. Una vestuarista ayuda a un actor a cambiarse y revolea lo que le va sacando a un canasto de plástico. Entre patas, dos de los diez técnicos que se mueven a oscuras cantan y bailan lo mismo que canta y baila Francella en escena. Desde un monitor en blanco y negro, un primer plano del director de la orquesta marca el ritmo. Un asistente baja la escalera llevando la ropa descartada. Otro sube con un frasco lleno de cerebros de utilería.

Mientras Roger sale de escena y se cambia, en diez segundos, para volver a entrar al escenario del Liceo, detrás de escena Calicchio aparece atado por dos anchos cinturones de cuero en el Astral. "Entro como una hora después", se queja y se ríe. En el Opera, dos asistentes vuelcan 300 kilos de hielo seco triturado en seis máquinas que parecen lavarropas gigantes. En el escenario, el humo forma el lago por el que el fantasma lleva a Christine. En el bajo escenario el humo se filtra por los techos y forma tres o cuarto chimeneas invertidas.

Mientras Francella y Oliva salen de escena tentados por un tropezón y se apuran a cambiarse, un actor de Piaf trata de clavar con su zapato una silla que inmediatamente después debe entrar con él a escena y Walter Canella baja del escenario del Opera representando un improvisado número para sus compañeros. Esta vez, Wally cabalga un caballo imaginario disparando tiros a retaguardia. Dicen que nunca, en 118 funciones, repitió su particular show.

En las tres salas otra función terminó. Desde ese espacio inundado de luz que es el escenario, o desde la silenciosa tierra de sombras que es su trastienda, un grupo de personas logró que la magia se produzca otra vez.

Como un resorte. La gente que se había mantenido estática y en silencio durante horas se para ampulosamente. Aplauden. Gritan. Agradecen por el espectáculo que vieron y, sin saberlo, por ese que se les ocultó.

Por Leonardo Blanco
leonardo.sebastian.blanco@gmail.com

Cancán francés y burbujeante

"Mágico, sí, el Moulin Rouge es mágico", dice Maikel Brown, el bailarín cubano que mide más de los 1,75 reglamentarios y que desde hace seis años trabaja para la mítica compañía, la misma que se presentó en la Argentina con A touch of Moulin Rouge by Mumm , en una única función que desplegó sobre el escenario del teatro Astral el espíritu del french cancan .

Fundado en 1889 en una tierra que era de artistas, prostitutas, saltimbanquis y marginales, el emblemático molino rojo al pie del Montmartre continúa siendo un símbolo de las noches parisinas.

Desde la imagen que inmortalizó Henri de Toulouse-Lautrec hasta la inolvidable incursión de Nicole Kidman y Ewan MacGregor en el musical de Baz Luhrmann, el Moulin Rouge atrae a los turistas más disímiles -cada año se acercan más de 600 mil espectadores-, que buscan empaparse de la "magia de los barrios bajos".

"El revuelo de las faldas azules, blancas y rojas al ritmo del cancán enloquece al público -reconoce Fanny Rabasse, la encargada de relaciones públicas-. Lo que se ofrece todas las noches en el escenario es una mezcla de tradición y glamour francés; de alguna manera se busca revivir aquel espíritu libre y rebelde."

Varios son los desafíos que la compañía afronta cada vez que sube un nuevo espectáculo. "Son 120 años de historia y la magia debe mantenerse intacta. Por eso hay más de 400 personas trabajando en cada detalle -asegura Rabasse-; nada queda librado al azar. Cada estreno se mantiene en cartel durante diez años, y el costo aproximado es de 10 millones de euros. Nuestro desafío es encontrar la perfección, una obra que dé cuenta del espíritu del Moulin Rouge."

El éxito de Féerie, la revista que se presenta desde el 23 de diciembre de 1999, con coreografías de Bill Goodson y cien artistas en escena, entre ellos 60 Doriss girls, obligó a la compañía a que continúe en cartel hasta 2012. Más de mil trajes repletos de plumas, lentejuelas, bijouterie, y 800 pares de zapatos, se pasean por las tablas en la puesta, que incluye gran despliegue y animales en vivo, entre ellos, caballos enanos argentinos y cinco pitones.

Para saber más: www.moulinrouge.fr

Por Fabiana Scherer

Fuente: La Nación

domingo, 20 de diciembre de 2009

Los Rimenver dan la última función 2009

Con su show In Conciert, en El Teatro Bar, anticipan proyectos para el año que viene

Desde que comenzaron, casi de casualidad allá por el 2004, sus funciones nunca han cesado. Esta particular familia Rimenver que reúne una gran cuota de humor, teatro y música, se despide del 2009 a lo grande. Cuatro funciones sucesivas (ya pasaron tres) que tendrán su corolario hoy, como siempre en el Teatro Café Concert (43 entre 7 y 8) a las 21.30 con su espectáculo Los Rimenver in Conciert.

Un espectáculo de creación colectiva que ilustra a una familia de artistas que alguna vez han tenido éxito como compositores de boleros, valses y baladas. Una parodia de aquellos artistas que en los años ‘70 u ‘80 vivieron de sus presentaciones en radio, TV y teatro de revista. Hoy vuelven a trabajar de sus presentaciones en distintos ámbitos, con poco glamour como bautismos, comuniones, Navidades, etc.

Esta familia se compone por Caito Rimenver (interpretado por Víctor Hugo Fernández), el padre de esta familia, junto a su concubina, Melina Amelia Melendez de Rimenver (Virginia Palavecino), su hija Evangelina Rimenver (Anahí Carnavale) y Paco Rimenver (Diego Cremonesi) quien acompaña al grupo con su guitarra, con los únicos tonos que le enseñó su primo Caito, para sacarlo de la depresión por el abandono de su esposa, Aurora.

Aunque Víctor Fernández aseguró a Diagonales que “este año fue difícil para el mundo del espectáculo”, Los Rimenver continuaron ampliando su espectro de público al conquistar la Capital y apuestan, para el próximo año, por un nuevo ciclo de humor.

–¿Cómo serán estas últimas presentaciones ?

–Nosotros presentamos el espectáculo internacional el pasado jueves, que es el mismo que estuvimos presentando este año. Pero el viernes, sábado y domingo (por hoy) haremos el clásico show de Los Rimenver in Conciert, como lo estuvimos haciendo durante este año los últimos sábados de cada mes.

–¿Por qué tantas funciones juntas?

–Lo que sucede, es que en general, las funciones de fin de año se llenan porque la gente tiene cualquier excusa para reunirse, o eventos especiales, para despedir el año en un bar, y como muchos quizás no tuvieron la posibilidad de vernos por las funciones de los jueves o demás, aprovechamos para hacer esta maratón de presentaciones.

–¿Cuáles son los planes para el año que viene?

–Este año fue duro para el mundo del espectáculo en general, sobre todo en la Argentina por el tema de la gripe A. En algunos países, tuvo un efecto rebote que hizo que la gente, pasada la epidemia, se volviera loca por asistir a los espectáculos, pero en el país no pasó lo mismo, sino que espantó a la gente. Nos costó mucho remontar este año con funciones, así que para el año que viene planteamos hacer una presentación por mes en la ciudad de La Plata y ver en Buenos Aires qué pasa. Este año estuvimos en Capital, en el Abasto haciendo funciones en el teatro del Cubo. Estuvo muy bueno como experiencia porque nos fue a ver gente bastante importante del mundo teatral que nos permite ir abriendo las puertas de a poco.

–¿Surgieron otras oportunidades laborales?

–No, no. Hay una posible gira para el año que viene a un festival de humor a Bolivia, pero propuestas concretas no. Ahora estamos terminando estas funciones, que decidimos hacer cuatro para despedir el año. No haremos temporada de verano porque una de las integrantes está embarazada, Anahí, que espera para el fines de enero.

–Por otro lado, un descanso

–Claro, hace dos años que no nos tomamos vacaciones.

–¿No pensaron en hacer un impass de este show?

–Lo que sucede es que, cada uno de los integrantes, tenemos la posibilidad de hacer espectáculos en forma individual. Yo tengo un proyecto para hacer un espectáculo de cabaret y humor acá en La Plata. Y el resto tiene proyectos aparte; uno de una película, otro hacer cortos para la web. Cada uno tiene su actividad pautada, más allá de los Rimenver.

Vamos a seguir con los Rimenver, de forma esporádica el año que viene, no con la continuidad con que lo estuvimos haciendo siempre, sino más pausado. Nos pasa a nosotros también como individuos, que al estar trabajando tanto durante la semana y cumplir un ciclo tan grande como es el de la ciudad de La Plata y también en Buenos Aires, por ahí no nos permitía hacer otras cosas. El proyecto del año que viene es el de hacer ciclos y no temporadas completas.

–¿Cómo fue la repercusión del público en la ciudad durante tanto tiempo?

–El hecho de que tanta gente asista al teatro en la ciudad a ver Los Rimenver se ha convertido como en una salida obligada, pero también se puso de moda compartir una salida con amigos en un café concert. Más allá de que el espectáculo es bueno y está probado que tenés diversión asegurada, la afluencia del público al teatro o al café concert, se incrementó y ha hecho que fuese un éxito contínuo. Nosotros tratamos de ofrecerle a la gente un show renovado en La Plata, más allá de que la gente asistía también para ver las improvisaciones. En capital nos encontramos con una cuestión diferente, donde la única arma que tenemos para combatir con los monstruos de calle Corrientes es llevar un espectáculo probado y aprobado por el público. El show es como nuestro caballito de batalla.

–¿Para el año que viene van a armar un nuevo espectáculo?

–Seguramente haremos un picadito de toda nuestra historia de Los Rimenver (Internacional, In Conciert). No creo que hagamos un show nuevo para el año que viene.

Fuente: Diagonales

Desbordes

En la tardecita de un risueño domingo, el Teatro Silencio de Negras del barrio de Montserrat abre sus puertas y ofrece café con galletitas. Así es la víspera del espectáculo Contando a mi abuelo Juan Bosch, de la actriz y nieta del escritor dominicano, María Isabel Bosch.

Por Sonia Jaroslavsky

La actriz María Isabel Bosch y su grupo Tibai Teatro, conformado en el 2003 (Las Viajeras), realiza este trabajo a modo de celebración por el centenario del nacimiento del destacado escritor dominicano y abuelo de María: Juan Bosch. Cuentista, novelista, ensayista e historiador. Nació en 1909 y durante la dictadura de Trujillo vivió exiliado en Puerto Rico y Cuba. En este último país y en 1939 funda, junto a otros compañeros exiliados, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD). En 1962 fue presidente de República Dominicana hasta que, al año, el golpe militar aborta su programa reformista. En 1973 funda el Partido de Liberación Dominicana (PLD). El abuelo ha sido considerado una persona que intentó restablecer la democracia en su país, luchando siempre por la libertad y el bienestar de su pueblo. En los cuentos que toma su nieta se puede observar claramente la profunda visión que tenía de su gente. Bosch pintó su aldea con un profundo amor y sentido humano, reflejando la realidad del campesino dominicano.

Tibai Teatro, conformado por María Isabel Bosch, Diego Schiavini a cargo del diseño de luces, fotografía y estética de arte y Verónica Belloni en el entrenamiento corporal abordan y sostienen una línea orientada a contenidos de denuncia social. Lo hicieron así con Las Viajeras, de Bosch y Jorge Merzari que recibió muchísimos elogios e indagaba acerca “de la situación desventurada de las mujeres dominicanas que viajan a la Argentina en busca de un futuro promisorio y, engañadas, caían en las redes de la explotación sexual”. Hoy por hoy el grupo está investigando sobre la violencia doméstica para un futuro montaje.

Bosch nieta eligió tres cuentos de su abuelo escritos antes de su exilio: “Dos pesos de agua”; “Los amos” y “El algarrobo” que se van entrelazando a medida que transcurre el espectáculo. Los personajes de los cuentos son interpretados por la actriz poniendo su cuerpo, voz y gestualidad para modelar estos seres que se ven desbordados por el acecho de la naturaleza (las sequías, las fuertes lluvias), por la dominación y sometimiento humano o por un entorno hostil. El paisaje dominicano se hace presente en su relato: el bohío (rancho), la tierra, los ríos y los caminos, el campesino y la campesina sufrientes, luchadores y creyentes. “En mi país –dice la intérprete y directora– tuve grandes maestros cuyos montajes están basados en la interpretación de múltiples personajes. Es algo que viene del teatro de carácter popular que se hace allá y en toda la historia del teatro universal, y por empatía y formación yo vengo de ahí... Así que la decisión de no narrar sino de interpretar los personajes de los cuentos es muchas veces una idiosincrasia y sobre todo las enormes ganas de jugar con el cuerpo, la voz y estas historias.”

María Isabel se formó en la Escuela de Arte Dramático de Santo Domingo y estuvo varios años trabajando con una compañía de danza-teatro: “El trabajo con el cuerpo siempre me ha interesado desde que empecé a indagar en una impronta propia. En este espectáculo el cuerpo crea las metáforas porque el mismo material me pedía eso, pues los cuentos de mi abuelo rescatan la tierra, al amor a su pueblo... y nuestra tierra está en nuestro cuerpo”. A partir de técnicas como el Tai Chi, yoga y juegos de danza afro se configuran los personajes de los cuentos “pero –dice María– sobre todo trabajamos en la recreación del Carnaval de personajes que conozco del campo adentro de la República Dominicana y el trabajo acerca de sus voces, sus acentos y sus tempos”.

Su nieta y el bebé que lleva en su vientre –y que la acompañó mientras contaba y danzaba a su abuelo– dicen: “¡Mi abuelo nació en una isla que ya es principio de soledad!”. La voz de Bosch irrumpe y el espectador se deleita con el final de “Los amos”, con la magia que siempre imparte escuchar los textos en boca de su creador. ¤

Contando a mi abuelo Juan Bosch. Tres relatos. Domingos 20 y 27 de diciembre, 18.45 hs. Teatro Silencio de Negras. Luis Sáenz Peña 663. $ 25 (estudiantes y jubilados $ 15). Reservas. 4381-1445

Fuente: Página 12

jueves, 17 de diciembre de 2009

“Narrar es levitar con el que escucha”

TEATRO › ANA PADOVANI HABLA DE SUS DOS ESPECTACULOS DE NARRACION ORAL

La actriz, profesora de música y psicóloga le pone el cuerpo a Queremos tanto a Niní y al personaje del Capitán Matamoros en el musical La cena de Leonardo. Aquí habla de “el deseo de transmitir y gozar de ese instante en el que se forma una mágica burbuja”.

Por Hilda Cabrera
Imagen: Guadalupe Lombardo

Inquieta y perseverante como pocos, la actriz y narradora oral, profesora de música y psicóloga Ana Padovani presenta mañana Queremos tanto a Niní, mientras continúa componiendo al jactancioso Capitán Matamoros, figura de la Commedia dell’Arte, en el espectáculo musical y gastronómico La cena de Leonardo. Premiada por sus numerosos trabajos, Padovani ha publicado libros y artículos en revistas de narración oral y editado CD’s (entre otros El ave maravillosa, título tomado de un cuento de Leonardo Da Vinci). Actualmente, programa un ciclo a estrenar en febrero próximo, Vida y milagros, sobre la vida y la obra de Roberto Arlt, Julio Cortázar, Niní Marshall y las hermanas Silvina y Victoria Ocampo; coordina encuentros de narración oral y participa del Plan de Lectura Nacional para maestros. Ahora mismo ha sido convocada para un ambicioso proyecto en el marco de los Juegos Olímpicos de 2012, en Londres. En principio, el comité organizador del área cultural seleccionó un relato tradicional persa que será motivo de investigación y rastreo en la tradición de varios países, Argentina incluido. La propuesta es “crear conciencia sobre el universo, los recursos naturales y humanos y la depredación del hombre”, según apunta Padovani. Otra forma de valorar el trabajo de campo de los narradores y las creaciones de los pueblos originarios, materia del “juglar” tradicional.

–¿Qué línea de narración prevalece hoy?

–La narración oral varía según el país y el lugar. En las grandes urbes se trabaja en los escenarios, aun cuando están los que siguen rescatando los cuentos tradicionales. En esto no quiero ponerme en juez, pero en Buenos Aires, sobre todo, la tendencia es trabajar el aspecto literario y teatral de la narración y masificarlo.

–¿Lo considera negativo?

–Se pierde de vista la raíz y a veces se abreva en la literatura haciendo depredación de la literatura. Mi opinión es que hay que respetar al autor y su escritura. Sé que algunos no quieren dar sus cuentos porque los modifican sin sentido. Claro que ésta es una situación aún no resuelta.

–¿Acaso no se pide autorización?

–En el nivel profesional, sí. Yo tuve buena disposición de los autores. El amateur no es siempre tan cuidadoso. No tiene noción de lo que está haciendo con el texto o no sabe desentrañar la voz del autor y ser intérprete de esa voz.

–¿Qué sucede en otros países?

–En general, los narradores orales no pasan tanto por la literatura. Estuve trabajando con Jan Blake (inglesa, de ascendencia jamaiquina, especialista en cuentos de Jamaica y otros del Caribe). Armamos un espectáculo bilingüe que estrenamos en Londres y trajimos al Museo de Arte Latinoamericano (Malba). Le sorprendió que me ocupara de cuentos literarios. Le parecía inconcebible tomar relatos ajenos a la tradición. Aun cuando aquí se acuda a otras fuentes, la literatura parece estar más a mano. Un asunto para discutir. En mi opinión el arte no tiene fronteras y es para todos, como todo acto de libertad y creatividad. Pero esto no quiere decir que no haya que respetar al autor. Por eso, en los encuentros que organizamos en las ferias de libros, por ejemplo, brego para que no se transformen en shows o espacios de simple exhibición.

–¿Cómo nace su interés por un texto? Los de Niní Marshall, por ejemplo, no la abandonan...

–Tengo un largo romance con Niní. Ella fue mi madrina. Le gustaba mi trabajo. Me instalo muy bien en sus personajes. A veces Catita me ha salvado de una dificultad: es tan inocente, tan impune que puede decir cualquier cosa sin que el otro se ofenda. Cuando tuve que pasar la gorra, decía para mí que la pasaba Catita. Armaba el personaje y el público lo aceptaba con agrado. Lo importante es dar con la propia voz. Algunos autores nos ayudan. Niní, Julio Cortázar, Marco Denevi... Tengo sintonía con ellos, tomo sus voces, en el buen sentido, y los nombro, siempre.

–¿Se equivoca?

–Cuando una se “instala” no hay fallas de la memoria. Tampoco timidez ni nerviosismo, sino el deseo de transmitir y gozar de ese instante en el que se forma la mágica burbuja en la que estamos metidos todos y donde el centro es la historia. En realidad, una es un eslabón en la cadena.

–¿Qué pasa si el público se distrae?

–Trabajo con un poco de luz para que no moleste. En el caso de un público infantil puede ser que los chicos comenten. Los escucho pero no respondo ni interrumpo la historia. Hay una cosa de respeto por el que se entrega y al que uno recibe, “levanta” y “deposita”. Si el narrador interrumpe esa acción y sale de la burbuja, el otro se cae. Narrar es levitar con el otro que escucha. No hay mejor respuesta que la de un chico que está callado y escucha. Antes de comenzar una narración les digo que se hagan la película en la cabeza y después hablamos.

–¿Cómo es la experiencia en La cena de Leonardo?

–Distinta. Ahí soy el Capitán Matamoros, personaje de la Commedia Dell’Arte y gran narrador de mentiras. Improviso cada semana en base a una estructura. Estudié commedia con Mane Bernardo, también con Cristina Moreira, Mario González, cuando dio cursos en el Cervantes, y con otros profesores que anduvieron por aquí. Matamoros es un arquetipo, fuente de creatividad.

–¿Dónde residen las diferencias entre países?

–Las diferencias están dadas por las condiciones económicas y culturales. En Colombia predominan los jóvenes, y entre éstos los varones. Acá, las mujeres de cierta edad. En los países centroamericanos están muy conectados con el stand up. Mis primeras experiencias en Europa fueron en Francia. Lo más visible en los años ’80 eran París y Londres. Hice talleres en París y quedé maravillada con las narraciones africanas y árabes. La inmigración hizo su aporte. España tiene textos tradicionales pero hoy se trabaja más con la literatura.

–¿Y en la Argentina?

–Cuando entré en este mundo aprendí a conocer personajes como Pedro Urdemales, el pícaro que viene de la tradición española, y Paí Luchí, de nuestra cuentística. Laura Devetach ha publicado una recopilación de Paí Luchí, el gaucho exagerado y mentiroso. Hay textos interesantes, como el de Berta Vidal de Battini, quien reunió cuentos y leyendas populares del país (editado en 1960), donde aparecen castillos y duendes, otra influencia española.

–¿Prefiere los relatos de humor?

–Me gustan especialmente los de suspenso. Dosificar la información, crear imágenes y sostener la atención del otro es una tarea fascinante. Un trabajo en el que puedo unir el humor con mi interés por la música es La cena..., la propuesta de Edith Margulis. En este espectáculo de música renacentista ingreso al final como Capitán Matamoros. La música está incorporada a mi actividad. En los talleres del Plan Nacional de Lectura para maestros enseño a utilizar la voz como un instrumento de cuerda, que lo es, aunque esta noción se pierda a veces porque no se trata de cuerdas que percutimos con la mano. La idea es que el maestro comparta diez minutos de lectura gozosa con sus alumnos. Para lograrlo les dejo reglas bien concretas sobre cómo se manejan los tiempos y cuándo el protagonista es la voz o el silencio.

* Queremos tanto a Niní. La historia de Niní Marshall y sus personajes, va los jueves a las 21 en la Biblioteca Café, Marcelo T. de Alvear 1155. Reservas: 4811-0673 y 4878-2505/06. En el mismo lugar, los viernes a las 21, La cena de Leonardo, espectáculo musical de Edith Margulis. Cena, actuación y música renacentista.

Fuente: Página 12