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domingo, 23 de mayo de 2010

Exhiben por primera vez el petitorio original del 25 de Mayo de 1810

Cómo se gestó la revolución

El documento que exige la constitución de una junta, con los nombres de quienes debían integrarla y las firmas de más de 400 vecinos que la respaldaban, estará a la vista a partir de éste sábado en el Museo Histórico Nacional.

La muestra "Huellas de la revolución. Testimonios escritos de la semana de mayo de 1810" -que exhibe documentos fundamentales de la Revolución de Mayo- está ubicada frente a la sala de las pertenencias del General José de San Martín; un sitio oscuro para conservar los originales y su versión digital, que invita al espectador a descubrir cómo se gestó la revolución.

Durante la presentación realizada hoy a la prensa estuvieron presentes el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia; la subsecretaria de Gestión Cultural, Marcela Cardillo; el director del Museo, Antonio Pérez Gollán, y la curadora Noemí Goldman.

"Cuando comprendemos que la historia fue hecha por hombres de carne y hueso que se enfermaban, que tosían sangre y aun así lograron la empresa de liberar medio continente, ahí se nos acaban las excusas, descubrimos que tenemos la misma carnadura que tenían ellos. Nos toca la patria que tuvieron ellos, en la que tenemos que construir el futuro", aseguró Coscia.

El titular de la cartera de Cultura dijo que "la celebración está comenzando desde la memoria. Espero que esta celebración fructifique, una a los argentinos, marque claramente el proyecto del país que va a asegurar el futuro para todos".

Por su parte Pérez Gollán aseguró que "esta muestra se da en el momento inicial de un nuevo proyecto de museo que se inicia con
el Bicentenario. Nos ponemos a tono con los avances científicos dando a conocer una muestra 2.0".

"Los documentos estaban en el museo, pero no se les dio la trascendencia que se merecían. Hay puntos increíbles en este petitorio: me sorprendí al encontrar la firma de un cacique, de entre los 400 vecinos que lo firman, que pide que termine la presidencia del virrey Cisneros y sea ocupada por Cornelio Saavedra y la Primera Junta", agregó.

Pérez Gollán sostuvo que "hay muchas maneras de ser argentinos y estos petitorios hablan de eso. Cuando recorremos los personajes, vemos que un buen número de ellos tuvo un papel predominante en la revolución y en la guerra de la independencia. No era gente que estaba al margen, eran vecinos comprometidos con un proyecto emancipatorio y de alcance continental".

Recorriendo la muestra se puede observar un pequeño documento que es una de las 450 invitaciones que el Cabildo de Buenos Aires cursó a los vecinos de la ciudad para participar de una reunión para el 22 de mayo.

Se exhibe también la convocatoria al Cabildo Abierto del 22 de mayo, la exigencia de renuncia a la Junta presidida por el ex virrey Cisneros del 24 de Mayo y la creación de la Primera junta, además de la bandera de Macha, que es la insignia argentina más antigua que se conserva y que perteneció al Ejército Auxiliar del Alto Perú.

Además, se puede apreciar la cigarrera que perteneció a Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta, con el tallado de su nombre debajo de la inscripción que reza "Viva el rey Fernando" (en alusión a Fernando VII).

Entre los objetos exhibidos, resalta un pequeño documento que es una de las 450 invitaciones que el Cabildo de Buenos Aires cursó a los vecinos de la ciudad para participar de una reunión para el 22 de mayo.

Los escritos tienen una marca de agua lo que hace pensar que los petitorios circularon entre los ciudadanos que fueron agregando hojas de su propiedad ya que hay personas que firmaron hasta nueve veces.

Sobre el rol de Domingo French y Antonio Luis Beruti, la curadora explicó que "ellos fueron fundamentales ya que eran agitadores por ser personajes que podían movilizar gente, pero pertenecían a una elite, fueron formados en España y aquí pertenecían a la milicia".

La muestra, que invita a internarse en los días febriles de la Revolución, se podrá visitar de miércoles a domingo de 11 a 18 con entrada libre y gratuita en Defensa 1600.

Fuente: 26 Noticias

martes, 18 de mayo de 2010

Desmonumentar a Roca

Por Osvaldo Bayer

Una vez más sostenemos que en la Historia finalmente triunfa siempre la Etica. Aunque pasen siglos. Recuerdo cuando hace años comenzamos los jueves al anochecer, junto al monumento al general Julio Argentino Roca, demostrando que, documento tras documento, los argentinos honrábamos a un genocida, a un racista y a quien había restablecido la esclavitud en la Argentina, en 1879, esclavitud a la cual nuestra increíblemente progresista Asamblea del Año XIII había eliminado adelantándose en décadas a Estados Unidos y a Brasil. Pues bien, aquella iniciación se ve culminada ahora por el primer congreso nacional del movimiento “Desmonumentar a Roca", que se llevará a cabo el sábado próximo, 22 de mayo, día del Cabildo Abierto, y el domingo 23, en la ciudad bonaerense de Junín, al cual concurrirán delegaciones de todo el país de docentes, estudiantes, trabajadores, miembros de instituciones culturales, representantes de los pueblos originarios y todos los que quieran participar. Los actos serán públicos y culminarán con música del cada vez más joven conjunto Arbolito.

Cuando comenzamos hace años aquella tarea en el monumento a Roca de la Diagonal Sur fuimos demostrando lo que sosteníamos. Sobre el calificativo de genocida, mostramos el propio discurso de Roca ante el Congreso de la Nación, al finalizar su “Campaña al Desierto”: “La ola de bárbaros que ha inundado por espacio de siglos las fértiles llanuras ha sido por fin destruida... El éxito más brillante acaba de coronar esta expedición dejando así libres para siempre del dominio del indio esos vastísimos territorios que se presentan ahora llenos de deslumbradoras promesas al inmigrante y al capital extranjero”. No puede haber mejor definición del concepto oficial de genocidio que estos conceptos del propio genocida. (Frase en la cual se nota su increíble racismo acusando a los seres humanos que habitaban desde hacía siglos esas regiones de haber “inundado las fértiles llanuras”. Cuando la verdad es que si alguien había inundado eran los descendientes de los conquistadores europeos que un buen día habían “descubierto América”.) Respecto del racismo de Roca están todos sus discursos en los que siempre emplea los mismos términos calificándolos de “los salvajes, los bárbaros”, mientras San Martín varias décadas antes siempre hablaba de “nuestros paisanos los indios”. Una diferencia abismal. Sobre el clima previo que preparó la matanza de Roca se pueden consultar los diarios de la época. Basta un ejemplo. El diario La Prensa del 16/10/78: “La conquista es santa; porque el conquistador es el Bien y el conquistado el Mal. Siendo Santa la conquista de la Pampa, carguémosle a ella los gastos que demanda, ejercitando el derecho legítimo del conquistador”. Racismo para obtener ganancias.

Respecto de que Roca restableció la esclavitud casi setenta años después de que ésta hubiera sido eliminada por la gloriosa Asamblea del año XII, lo demuestran los avisos publicados en los diarios de la época. Por ejemplo, el del diario El Nacional del 31-XII-78: “Entrega de indios”, como título. Y como texto: “Los miércoles y los viernes se efectuará la entrega de indios y chinas a las familias de esta ciudad, por medio de la Sociedad de Beneficencia”. Con respecto a la crueldad empleada por Avellaneda, Roca y los miembros de ese gobierno, lo dice bien esta crónica del mismo diario porteño El Nacional de esa fecha: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos indios se tapan la cara, otros miran resignadamente el suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”. Esto lo hicieron los argentinos, como los españoles lo hicieron antes del glorioso Mayo de 1810. El mejor documento que nos habla de la traición de Roca y sus ayudantes del poder a esos principios de Mayo, por ejemplo, es si comparamos este estado de cosas con la declaración de Manuel Belgrano del 30 de diciembre de 1810, en su expedición al Paraguay, cuando proclamará la igualdad de derechos de los pueblos originarios, donde dice textualmente: “A consecuencia de la proclama que expedí para hacer saber a los naturales de los pueblos de Misiones que venía a restituirlos a sus derechos de Libertad, propiedad y seguridad, que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente a las rapiñas de los que han gobernado he venido a determinar los siguientes artículos, con que acredito que mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento con que hasta ahora se ha tenido a los desgraciados naturales bajo el yugo de hierro: 1) Todos los naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades y podrán disponer de ellas como mejor les acomode. 2) Desde hoy les liberto del tributo”. Y luego en los otros artículos los “habilita para todos los empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos” y les promete créditos para la compra de “instrumentos para la agricultura y para el fomento de las crías”. De la Igualdad y la Libertad a la esclavitud y la muerte. La absoluta traición a los principios de Mayo. Lo mismo hará ese extraordinario libertario que se llamó Juan José Castelli al llegar al Alto Perú, para no hablar de Mariano Moreno en su defensa valiente de la igualdad de los pueblos originarios de estas tierras americanas.

Pero, claro, con Roca comenzará el dominio del latifundio, luego de que después del exterminio de los pueblos del sur se repartan 41 millones de hectáreas a 1843 terratenientes. Al presidente de la Sociedad Rural –sí, la misma que sigue hoy representando a los estancieros– se le entregarán nada menos que 2.500.000 hectáreas.

¿Y quién era él? José María Martínez de Hoz, el bisabuelo directo del Martínez de Hoz que fue ministro de Economía de la última dictadura militar, la de la desaparición de personas. Cómo el verdadero poder siempre se mantuvo en las mismas manos en nuestra historia. Ya que jamás se llevó a cabo una reforma agraria. A todos los miembros de la comisión directiva de esa Sociedad, Avellaneda-Roca les otorgó un mínimo de medio millón de hectáreas. Y ahí están los apellidos clásicos del Barrio Norte: los Pereyra Iraola, los Oromí, los Unzué, los Anchorena, Amadeo, Miguens, Real de Azúa, Leloir, Temperley, Llavallol, Arana, Casares, Señorans, Martín y Omar.

En el primer congreso de “Desmonumentando a Roca” que comenzaremos el sábado próximo en Junín sentaremos las bases para una propuesta de profundo sentido ético, terminar con el endiosamiento del genocidio y propender a que se quiten los monumentos a la persona de Roca, se reemplace su nombre a todas las calles que lo ostentan en nuestras ciudades.

Y también que la ciudad patagónica de General Roca pase a llevar el nombre que esa zona ostentaba antes del paso del genocida: Fiske Menuco.

Los argentinos jamás hicieron congresos de historiadores para hacer una autocrítica de los crímenes oficiales que se cometieron contra los pueblos que durante siglos habitaron estas generosas tierras. Al contrario, glorificaron con los nombres de los asesinos oficiales lugares públicos. Cuando propusimos a los representantes del pueblo de la Capital quitar el monumento a Roca y reemplazarlo por una obra escultórica que represente a la mujer originaria –ya que en su vientre se originó el criollo que fue el soldado de nuestros ejércitos de la Independencia–, ese proyecto fue rechazado por el macrismo, que señaló que en “historia hay que mirar hacia adelante”. Ante tal argumento señalé públicamente: “Entonces, con ese criterio, Alemania tendría que tener todos los monumentos a Hitler”. Más todavía, que justamente el monumento a Roca es el más grande y céntrico de nuestra ciudad, apenas a metros del Cabildo, donde se declaró nuestra Libertad y se sostuvo la igualdad de todos como principio. Además, ese monumento fue llevado a cabo por resolución de un gobierno no democrático, en la Década Infame durante el período del general Justo, elegido –como es sabido– por el llamado “fraude patriótico”, término argentino que debería avergonzarnos a todos. ¿Y quién era el vicepresidente del general Justo? Nada menos que el hijo de Roca, Julio Argentino Roca (hijo), quien fue el verdadero inspirador de ese monumento a su padre.

Ese monumento es aún más injusto porque el general Roca, siendo presidente, aprobó la ley más cruel de la legislación argentina, la 4144, la llamada “Ley de Residencia”, por la cual se expulsaba a todo extranjero que perturbara el orden público. Que se aplicó principalmente a obreros que promovieron el avance de la justicia social, luchando por las ocho horas de trabajo. Pero la maldad de esta ley era que se expulsaba sólo al hombre y se dejaba aquí a su mujer y a sus hijos. Eso se hacía para que las esposas les aconsejaran a sus maridos no comprometerse en las luchas obreras porque corrían el peligro de ser expulsados y ellas quedaban aquí solas, con sus hijos, ¿y cómo podrían alimentarlos? También Roca fue el primer presidente que reprimió con extrema violencia un acto obrero del 1º de marzo, en memoria de los mártires de Chicago. Fue el 1º de mayo de 1904 y allí fue muerto el marinero Juan Ocampo, de 18 años de edad. El primer mártir del movimiento obrero argentino. De él no hay ni una callejuela en un barrio obrero. Pero el represor, Roca, tiene calles hasta en el último rincón urbano del país.

La ilustración de esta nota pertenece al libro Pedagogía de la Desmemoria. Crónicas y estrategias del genocidio invisible, de Marcelo Valko. Y es una caricatura de Roca hecha por la publicación Don Quijote del 25/10/1891, en pleno auge político del genocida. Caricatura que demuestra toda la crueldad de su persona. El reciente libro de Valko deja bien al desnudo la verdadera personalidad de Roca. Y demuestra que en el curso de la historia cómo se justificó lo injustificable que ha quedado siempre oculto por más de un siglo y medio y hoy recién comienza a debatirse. Además se traen las citas del lenguaje de los políticos notables de la época y su racismo insoportable, con expresiones como “Raza estéril”, “enjambre de hienas” o “gusanos” como se calificaba a los pueblos originarios para facilitar el genocidio. Toda la línea de los pensadores “liberales positivistas” de la época. Se quería terminar con la nación mestiza para lograr la llamada “civilización europea”. Y también, otros aspectos, la posición dual de la Iglesia en esa época. No deja el autor de demostrar la corrupción oficial en la que se destaca las prebendas de los dos hermanos de Roca: Rudecindo y Ataliva. Sarmiento inventó el verbo “atalivar” que suplantaba al de “cobrar la coima”. En resumen, un libro fundamental para llegar a la verdad de ese pasado argentino. Y para interpretar el fracaso argentino posterior a ellos, que culminó con la dictadura de la desaparición de personas.

Por eso, por fin, una reunión nacional, los próximos sábado 22 y domingo 23 de mayo, en Junín, donde se debatirán en sucesivos encuentros todos los temas que hacen al pasado argentino que nos lleva a preguntarnos: ¿qué nos pasó a los argentinos después de esos principios de Mayo, plenos de generosidad y de la búsqueda de la Igualdad por medio de la Libertad?

Fuente: Página 12

sábado, 3 de abril de 2010

San Ginés patrono de los comediantes

Me refiero a san Ginés, Genés o Genest, el comediante. Muerto en Roma bajo el reinado de Diocleciano. Actor de oficio, representaba, ese día, el papel de un pagano que recibe el bautismo y se convierte, por ello, en la burla de todos. Cayó en su juego, recibió la gracia de la fe y, una vez terminada la representación, se declaró cristiano. Como se estaba en plena persecución y no quería desdecirse, fue condenado a muerte y decapitado.

Es patrono de los comediantes y, a propósito, siempre me ha gustado el personaje del Quijote llamado Ginés de Pasamonte o Girolamo Parapaglia, en italiano, que también tiene una aventura de comediante, aparte de ladronzuelo embaucador y pícaro, abigeo por haber robado al rucio de Sancho. Estoy seguro que Ginés de Pasamonte vino a nuestra Sonora con los primeros europeos y encarnó a todos esos personajes, infaltables en nuestra picaresca regional. Un día lo descubriré. Tal vez haya sido el propietario de la Peluquería Checer.

Este Ginés montó un espectáculo en la última vez que aparece en la gran obra de Cervantes, hacía de titerero y, junto con un mono, adivinaba la suerte. Creo que Cervantes conocía que san Ginés era patrono de los comediantes y se encomendaba a él por los trabajos teatrales que hacía.


Crónicas de la Biblioteca Electrónica Cristiana, la vida de San Ginés.

San Ginés era un comediante pagano. Como viese un bautismo cristiano, se le ocurrió parodiarlo ante el emperador Diocleciano, desempeñando el papel de enfermo. Los que le "administraban" fingían, pero él, movido por la gracia de Dios, recibió el Bautismo de agua, pues interiormente se acababa de convertir a Él. Poco después, el de sangre, por no querer adorar a los dioses. - Fiesta: 25 de agosto.

Hoy diríamos que Ginés fue actor de teatro. Cuidaba, en efecto, de las diversiones del emperador Diocleciano. Casualmente, pudo asistir, sin ser visto, a una administración del Bautismo que los cristianos conferían a sus catecúmenos, a pesar de la fuerza pública y de las leyes prohibitivas del Estado. Pensando que su parodia agradaría al César y a los magnates de la corte, se fingió enfermo y llamó a dos colegas en el oficio para que simulasen una administración bautismal. Lo cierto es que, mientras sus compañeros se burlaban de lo lindo, tocado él de la Gracia, siguió con gran devoción las distintas ceremonias hasta que terminaron y recibió el verdadero Bautismo de Jesucristo. Le vistieron luego, según era costumbre cristiana en los primeros siglos, con blancas vestiduras.

Para continuar la burla, el Emperador y los que le asistían, satisfechos por la seriedad que creían aparente, mandaron traer un ídolo de Venus. Indicaron a Ginés que lo adorase o se preparase para los tormentos -todo esto en broma-, pero él se incorporó del lecho en que, milagrosamente, se había despojado de su enfermedad espiritual y, de pie, se dirigió al Emperador en estos términos:

"Oídme, Emperador, y todos cuantos estáis aquí, oficiales del ejército, filósofos, senadores y pueblo, lo que voy a decir. Jamás pude ni aun oír el nombre de cristiano, antes me llenaba de horror al escucharlo, y detestaba a mis propios parientes porque profesaban aquella Religión.

Procuré con vana curiosidad ver los misterios de los cristianos para que, en público, imitándolos, moviese al pueblo a risa; mas al tiempo que yo pedí el Bautismo, dentro de mí mismo sentí un remordimiento de conciencia acerca de mi vida, gastada toda en maldades; tanto, que me provocó a dolerme y a tener pesar por haber sido malo. Al tiempo que quisieron echar el agua sobre mi cabeza y me preguntaron si creía lo que los cristianos creen, levantando los ojos al cielo, vi una mano que bajaba sobre mí, y vi ángeles con rostros de fuego que de un libro recitaban todos los pecados de mi vida. Me dijeron que sería limpio de ellos si recibiese el agua purificadora.

Así lo deseé. Luego que cayó sobre mí el agua bautismal, vi la escritura del libro borrada sin que ni quedase señal alguna de letras. Mira, pues, Emperador, y todos vosotros romanos, lo que es justo que haga: pretendí agradar al Emperador de la tierra y hallé gracia con el Emperador del Cielo; procuré causar risa en los hombres y causé alegría en los ángeles. Por tanto, confieso desde hoy a Jesucristo por verdadero Dios y os exhorto a todos que hagáis lo propio para salir de las tinieblas de que yo he salido".

El emperador Diocleciano, airado en gran manera, mandó encarcelarle. Al día siguiente fue atormentado: le rasgaron los costados con uñas de hierro y le aplicaron luego hachas encendidas. El Mártir sufrió con gran confianza estos tormentos, hasta que el verdugo le cortó la cabeza y durmió así pacíficamente en el Señor.

Es maravillosa la obra de Dios en sus Santos. San Ginés no sólo se convirtió sino que dio testimonio público de su fe y rubricó con su sangre el intenso amor a Jesucristo que abrasaba su alma .

Fuente: favores celestiales, es.catholic.net/

domingo, 21 de febrero de 2010

Cines históricos de la ciudad de La Plata

Viejos templos de pasado

Confortables, polifuncionales e imponentes, los viejos cines de la ciudad fueron un símbolo de distinción que forjó la identidad platense del siglo pasado. Hoy queda el recuerdo de algunas salas históricas, por donde tocaron importantes orquestas y cantó Carlos Gardel.

Con el inicio del siglo pasado comenzaron los primeros destellos del cinematógrafo en nuestra ciudad.

La pionera había sido Buenos Aires, con la inauguración de la primera sala de proyección, el “biógrafo Lumiere”, el 20 de junio 1901. Fiel a las tendencias internacionales, Eduardo Ciochini inauguraría la primera sala de proyección en La Plata el 18 de julio de ese mismo año.

El salón biógrafo de nuestra ciudad estaba ubicado en calle 8 nº 635 entre 51 y 53, tenía una capacidad para 70 espectadores y cobraba 30 centavos la entrada y 20 a los menores.

La iniciativa duró sólo un año, ya que era muy difícil renovar los espectáculos, hecho que fue haciendo mermar el número de espectadores.

El proyector, manipulado por Ciochini, era un kinestoscopio Edison modelo 1901, era el único vendido para América del Sur por la fábrica de Nueva York. Para su puesta a punto, Ciocchini recibió la colaboración de varios electricistas que prestaron gratuitamente sus servicios a fin de poder presenciar las proyecciones.

Dada la novedad que constituía el cine, que había sido patentado en 1895, el mismo Ciocchini se carteaba con los hermanos Lumière, que habían sido los inventores del cinematógrafo y le trasmitían su experiencia desde el viejo continente.

Además de ser el encargado de la primera sala de proyección de la ciudad, Ciocchini fue el pionero en construir el primer proyector íntegramente argentino, que combinaba la voz de un fonógrafo con la música que sonaba en el celuloide.

Entrada la primer década del siglo pasado, la proyección con biógrafo se fue extendiendo por la ciudad. Entre los lugares destacados estaba el Teatro Olimpo (donde hoy funciona el Coliseo Podestá) que desde 1907 comenzó a incluir entre sus atracciones espectáculos cinematográficos.

Las imágenes de este cine germinal se fueron extendiendo por diferentes salas de la ciudad. Entre ellas, se inauguraron el Esmeralda (luego Gauloise), el Empire, en 51 y 10, Las Delicias, de 9 y 47, y el Teatro Cine París, que prontamente fue adoptado por la gente más acaudala de la ciudad.

Que viva la música

A partir de la década del ‘20 se comenzó a sumar a las orquestas como una forma de lograr mayor atractivo a las funciones de cine mudo.

En 1925, el cine Select presentó tres orquestas que amenizaron la proyección de ese momento. Una era la típica dirigida por José María Bagnati, con Domingo Bozzarelli y Juan Sanguinetti en bandoneón, Agustín Lázaro y Hugo Galli en violines, y Aquiles Lombardi en contrabajo. También se presentó la orquesta clásica dirigida por el concertista de violín Virgilio Panisse; y la primera orquesta de jazz de la ciudad, la American Jazz Band al mando de Alfredo Smith.

Además de interpretar piezas musicales para acompañar las acciones de los filmes, las orquestas se encargaban de hacer los efectos sonoros. Esto le daba un carácter dinámico al espectáculo y aportaba un matiz espontáneo y decididamente vivo a cada nueva proyección. Dentro de esta función sonora de la empresa, la batería tenía un protagónico, ya que por ejemplo imitaba el galope de los caballos y el estallido preciso de las armas de fuego

Salas de la ciudad de La Plata

Uno de los cines más recordados de la ciudad fue La Gauloise. Ubicado en 4 entre 45 y 46, donde en 1902 funcionó el local del Club Francés, comenzó a proyectar películas en el año 1908.

Este sitio fue uno de los centros culturales más reconocidos de la ciudad que guardaba en su interior una réplica exacta del teatro Molière de París.

Dentro de este selecto salón se proyectaban películas, se realizaban conciertos, bailes y obras de teatro. El 13 de octubre de 1971 un incendio terminó con esta histórica sede.

Otro ámbito emblemático fue el Teatro Cine París de 7 entre 47 y 48 (donde estaba Casa Tía). Su apertura sucedió en 1912 bajo el nombre de “Palais Cine París”, y fue catalogado como uno de los cines más confortables y elegantes de La Plata. Sus butacas presentaban un marco cromado y debajo de los asientos se encontraba un receptáculo reservado para guardar los sombreros mientras se proyectaba la película. Este coqueto lugar sumó un poco más de confort en el año 1932, sumando las afamadas butacas “pullman”. Finalmente, esta lujosa sala fue demolida en el año 1958.

Además de los dos anteriores, otro cine histórico de la ciudad fue el recordado Select, cuyas butacas y mobiliario hoy forman parte de la sala ubicada en el pasaje Dardo Rocha que lleva su mismo nombre.

Inaugurado en 1920, el Select sirvió de escenario para figuras de la talla de Carlos Gardel y Agustín Magaldi. Otra de las particularidades de esta espléndida sala era que durante las trasnoches de verano su techo se abría y permitía disfrutar del séptimo arte bajo la luz de las estrellas. Su última proyección fue Lo que el viento se llevó en 1993, año en que cerró definitivamente sus puertas y pasó a ser un templo religioso.

A la noche - Las primeras

Las funciones se realizaban los días lunes, miércoles, jueves, sábados y domingos en dos funciones en el horario de las 20.30 y las 21.30. Durante la primera función se exhibieron las siguientes imágenes: 15 transformaciones en el teatro de Hondín sin salir de la escena, la casa al revés (un número de prestidigitación), la llegada del presidente Transvaal, señor Krüger a Marsella, un concurso hípico en París, un gran mercado en China, Pescador afortunado y Bailes populares. Este repaso constituía un segmento de variedades propio de la época. En la segunda función, la temática se abocó a una temática un poco más dura. Allí se exhibió: Martirios de un misionero en Pao-ting Fou, Intervención de las tropas aliadas, Combate naval, Desfile de tropas y Prisioneros Boxers y Ejecución de un mandarín en Pekín.

Los primeros cines platenses

Por Roberto Abrodos (*), especial para Agencia NOVA.

Después, el cine, llamado séptimo arte, se difundió más, había más salas, como la risueña y escandalosa clientela del popular Cine-bar América (de 51 entre 5 y 6) que no dudaba en intervenir apoyando al bueno y silbando al malo, con frases que movían a risa, es más, a veces la película pasaba a segundo plano, ni hablar de cuando se cortaba, la silbatina era generalizada.

Ya para el año 1928, la lista de cines era nutrida: Teatro Cine Ideal de Calle 47 entre 7 y 8; Teatro Cine París de Avenida 7 entre 47 y 48; Teatro Cine Select de Avenida 7 entre 55 y 56; Teatro Cine Avenida Hall de 7 entre 58 y 59; Cine Splendid de 12 entre 56 y 57; Cine Princesa de Diagonal 74 entre 3 y 4; Cine Bar América de 51 entre 5 y 6; Cine Bar Colón de Diagonal 80 entre 49 y 50; Cine Sarmiento, de 5 entre 63 y 64; Teatro del Lago del Paseo del Bosque; Sociedad Unione e Fratellanza de Diagonal 74 entre 3 y 4; La Gauloise de 4 entre 45 y 46; Cine Edén Palace de 12 entre 61 y 62 y Cine Bar San Martín de 7 entre 50 y 51.

El 28 de agosto de 1948, en los altos de la galería que lleva el nombre del fundador de la ciudad, la flamante sala cinematográfica, Cine Rocha inauguraba sus proyecciones con el estreno de un laureado film de la época: "Un enviado del Cielo", de la RKO Radio Pictures. Y sí, el cine fue progresando en comodidad y en salas.

Fuente: Agencia Nova, Hoy

martes, 26 de enero de 2010

La ciudad de La Plata sobre rieles

Anécdotas platenses

Los primeros tranvías eléctricos que circularon en Sudamérica lo hicieron en nuestra ciudad. Recordamos sus inicios y algunos datos curiosos de los primeros transportes públicos de la capital bonaerense.

Como un vestigio mudo de otra época, aún vemos aflorar por muchas calles platenses algunos tendidos de vías. Desde hace años no esperan guiar el trayecto de ningún tranvía y hoy sólo constituyen el temor de ciclistas y motoqueros que, en muchas ocasiones, quedan atrapados en sus fauces para luego terminar en el suelo.

Para aquellos que ignoran el dato, La Plata fue la primera ciudad de Sudamérica en tener tranvías eléctricos. A pocos años de su fundación, la ciudad tuvo su primer medio de transporte público traccionado a sangre de equino. Los coches eran tirados por dos caballos y tenían capacidad para 22 pasajeros. Su dotación estaba compuesta por un cochero o mayoral, que -según dicen- portaba un clavel rojo de compadrito y hacía sonar un cornetín para anunciar al paso del coche. También un guarda y un cuarteador, que era el encargado de enganchar caballos extras en el caso de tener que subir alguna empinada barranca, como ocurrida al momento de afrontar las lomas de Tolosa y el camino a Berrisso.

Originalmente los tranvías partían desde el lugar que hoy ocupa la terminal de ómnibus local, y desde allí tomaban la calle 1, luego diagonal 80, avenida 7, calle 65 y volvían a retomar las mismas calles para completar su recorrido.

La primera línea fue inaugurada en 1885 y era propiedad de Manuel Giménez. Su flotilla estaba compuesta por 8 coches cerrados, 10 jardineras, 25 zorras para carga y 254 caballos. Contaba con 53 empleados y tenía un promedio de 30.000 clientes por mes. Inicialmente recorría 16 kilómetros y llegaba hasta la ciudad de Ensenada.

Más adelante la empresa fue adquirida por la compañía “The International Bank of London”, y se extendió el recorrido por desde el centro de la ciudad hasta Ensenada, Tolosa, Los Hornos y el Cementerio

La evolución

El 8 de noviembre de 1892 se realizo el primer ensayo del recorrido del tranvía eléctrico con un trayecto bastante corto: fue por calle 7 desde 45 a 50. A pesar del escueto trayecto ya había gente que tenía miedo y desconfiaba del moderno medio de transporte. Algunos vecinos de aquel entonces alentaban a otros a que no suban a estos coches porque podían quedar “electrocutados”.

Otro temor lo producía su mero transitar. Algunos, al verlos pasar, los llamaban “Carros de fuego” debido a las chispas que despedían en su marcha. Seguramente si estos antiguos ciudadanos escucharan tronar y vieran los chispazos que hacen muchos motoqueros contemporáneos, huirían despavoridos a sus casas.

Hacia 1900 se conformó un directorio para lo que luego sería el “Tranvía Municipal Urbano”, y en 1902 la concesión fue arrendada por Juan Tettamanti. Finalmente las obras fueron libradas al servicio público en julio 1904, la cual tenía una extensión de 6, 5 kilómetros de vías y un recorrido de 53 cuadras.

En 1910 La Plata inauguró el servicio de tranvías eléctricos. El 3 de enero de ese año los coches fueron puestos en fila en calle 42 y decorados con banderas y franjas con los colores de Argentina y la enseña británica, ya que estaban bajo una nueva concesión con sede en Londres.

Según comenta el profesor Ricardo Katz en su libro Ciudad de La Plata, su historia: “El trayecto fue un recorrido triunfal. No había puerta, ni balcón ni ventana a la que no se asomaran caras risueñas que adherían contentos al anhelado adelanto (...) Se agitaban pañuelos y se oyeron frecuentes aplausos; en la calle 7 y 50 se había estacionada un numeroso grupo de personas conocidas: comerciantes, industriales, propietario y agentes de negocios, martilleros y un núcleo calificado de buenos amigos de La Plata, que saludó el paso del convoy con aplausos larguísimos”

Ordenanzas municipales de aquellos años indicaron a las dos compañías con el número 49 y 50 respectivamente para la compañía La Plata y El Nacional, e indicaron una concesión para su explotación de 70 años.

Para 1939 el tranvía tenía un gran auge. Datos de la época indican que transportó a 32.049.661 pasajeros. La concesión de el La Plata y El Nacional se extendió hasta el año 1948 , año en que la Municipalidad decretó la caducidad de las concesiones y expropió sus bienes. A partir de allí los vehículos pasaron a formar parte de de la Administración General de Transporte de Pasajeros hasta el año 1960.

Algunas líneas calurosamente recordadas por muchos fueron la Uno, que iba hasta la ex Estación Meridiano V, la 2 que iba a Tolosa, la 3 a Ensenada por el camino Rivadavia, el 8, también conocido como “El Triste” porque se dirigía hasta el Cementerio, y el 7 que entraba dentro del paseo del Bosque. Otra línea muy añorada fue la 25. Esta unía la capital bonaerense con los antiguos frigoríficos Swift y Armour de Berrisso y también la planta de YPF.

Con alto y bajos, la vida de los tranvías en La Plata se extendió hasta el año 1966. Diarios de la época enunciaban en eso entonces: “Esta madrugada dejaron de circular en nuestra ciudad los tranvías y los trolebuses que presentaban servicios en el Consorcio del Transporte de Pasajeros(...) Consecuentemente, la dirección de Tránsito dispuso una reestructuración de las servicios de autotransporte”. Atrás quedaron los años en los que podían verse los tranvías por la ciudad, hoy sólo se puede a través de alguna película o si tenemos la suerte de viajar a San Francisco en EEUU

Actualmente el tránsito es otro, mucho más numeroso y contaminante, y sólo quedan algunas vías como recuerdo de aquel pintoresco y no contaminante medio de transporte.

La Plata y sus números


El periodista Marcelo Vernet logró registrar el comentario del poeta Gustavo García Saraví sobre los tranvías: “(...) La Plata entre otras cosas resolvió no tener tranvía 13. De la línea 12 se pasaba por un grácil salto a la línea 14. Quizá por esto, para que las cuentas dieran bien y para no confundir a las autoridades respectivas al contar cuantas líneas había, se resolvió dividir en tranvía en 2”.

“De tal forma que, en un alarde de genialidad, se crearon el 2 blanco y el 2 colorado. Las inconfesadas razones de funcionarios y empresarios son obvias. La geométrica, racionalista y culta ciudad de La Plata no quería que el tranvía de la yeta recorriera sus calles, por temor a que nadie lo tomara o, lo que es peor, a que descarrilara en todas las esquinas”.

Fuente: Hoy

viernes, 1 de enero de 2010

El tranvía platense en el recuerdo

Recuerdo que su presencia era presentida, porque tal era el ruido que hacían las formaciones, que se oían venir desde varias cuadras, es por eso que fueron muy escasos los choques.

El tranvía era un buen modo de transporte, limpio, ideal para ancianos y niños y no hacia discriminación, pues entraba tanto en calles de tierra como en el empedrado.

El primitivo tranvía platense con sus mayorales de largos bigotes y un guía con un trompeta o cornetín abriendo paso, funcionó poco después de la fundación de la ciudad.

La primera línea partía de la estación de las calles 42 y 4 ahora convertida en terminal de ómnibus, hacia la calle 1, tomando luego por diagonal 80 al centro, siguiendo por calle 7 hasta la 65 regresando por el mismo recorrido.

Primero estaba la compañía inglesa, luego denominada Compañía de Tranways Eléctricos La Plata, con directorio en Londres.
El 6 de agosto de 1908 se otorgo también concesión a una nueva empresa llamada Gran Nacional de Tranvías, estas dos empresas empezaron a competir en beneficio a sus servicios.

Después del centenario, en 1910, se electrificaron las líneas de tranvías y comenzó a aplicarse al recorrido que salía de 42 y 4; mientras que hacia 1911 se electrificó la línea suburbana a Berisso.

Las dos empresas tranviarias, la inglesa y la nacional, esta última fundada por don Juan Tettamanti, cubriendo con sus servicios la ciudad y sus alrededores, con las líneas 3 y 4 hasta Cambaceres, las líneas 1 y 2 hasta Tolosa, corriendo la 1 hasta 17 y 71, donde funcionó la estación del Ferrocarril Provincial al Meridiano V; la 5 a Los Hornos; 7 y 8 al cementerio, y las 9, 10 y 11 y la número 13 que llegaba a 7 y 520, Villa Rivera.

Recuerdo que para el 21 de septiembre, la alegría del estudiantado que le gastaba bromas a los “motorman” -así se les llamaba a los que conducían-, sacándoles el trole que tomaba la electricidad del cable.

El “motorman” conducía sentado en un banquito y el boletero cobraba el pasaje, en el tranvía había unas cuerditas que comunicaban a una campanita, cuando uno decidía descender tiraba de la soguita y hacía sonar el artefacto, lo que indicaba que en la próxima parada había pasajeros que bajaban. En la noche, los chisporroteos de los troles iluminaban con sus fogonazos.

La empresa de Tettamanti empleaba a unas 500 personas y en la administración solamente a 5, entre quienes estaba la esposa de don Juan, Juana Crees de Tettamanti, de origen alemán. Ella colaboraba con su marido y seguramente fue la primera ejecutiva de empresa que conoció la ciudad, y al fallecer su esposo, continuó al frente de ese emporio del transporte.

Cuando desaparecieron definitivamente algunos de los tranvías, se hicieron de los coches aulas de escuelas suburbanas, donde carecían de edificios.

El tranvía dejo un gran recuerdo, el de los viajes tranquilos sin frenadas bruscas, se despidió para no volver un 31 de diciembre de 1966, en algunas calles platenses aun hoy se ven sus rieles que recuerdan su paso cansino y ruidoso, evocan para muchos una niñez y un tiempo de ayer.

Roberto Abrodos
La Plata Mágica
http://www.laplatamagica.com.ar

domingo, 20 de diciembre de 2009

Tolosa de festejo por su 138º aniversario

Plaza Martin Iraola y Monumento (Foto: Gabrielpantaleo)

DESFILE Y MARATÓN

También habrá un espectáculo folklórico en la Plaza Iraola


Con una nutrida agenda de actividades, la localidad de Tolosa festejará hoy su cumpleaños número 138. La celebración comenzará a las 9 con la Sexta Maratón 138º aniversario, con largada en 2 y 530. A las 18:30 se realizará el desfile criollo, con marcha de jinetas y carruajes de las agrupaciones tradicionalistas de La Plata. A las 19,30, el Gran Pericón Nacional, con 200 parejas de bailarines que rodearán la plaza Martín Iraola al compás de la danza nacional. Y a las 20 comenzará un espectáculo folclórico en ese mismo escenario.

Según cuenta la historia, Martín J. Iraola era hijo de Gerónimo Iraola, casado este último con una dama de apellido Pereyra. Al fallecer su padre sus bienes pasaron a su poder en condominio con su hermana, casada con su primo Don Leonardo Pereyra.

Diversos motivos llevaron a Martín Iraola a lotear con acierto una fracción de tierras en las "Lomas de Ensenada", lugar donde, en el curso de un breve tiempo, se formó un pequeño pueblo al que llamó Tolosa, en recuerdo de la localidad vasca donde había nacido su padre.

Algunas de las causas que llevaron al vasco Iraola a fundar Tolosa fueron las siguientes:

En primer lugar, la gran epidemia de fiebre amarilla que martirizó a Buenos Aires durante los primeros seis meses de 1871, a causa de la cual una tercera parte de la población inició un éxodo hacia las localidades vecinas de Belgrano, Morón, Flores, San Isidro y otros lugares que distaran del foco de contagio. Una cosa era segura: todos huían escapando de la muerte.

Esta triste realidad trajo como consecuencia que se cerraran por Ley los saladeros y graserías ubicados sobre el Riachuelo, pues se estimó que, a través de los desagües, constituían una fuente de contaminación de aquella vía de agua.

Antonino Cambaceres y Juan Berisso instalaron por esta causa sus saladeros en Ensenada y en lo que después sería la ciudad de Berisso. No es aventurado suponer que esta circunstancia incidiera en el ánimo de Martín Iraola provocando su decisión de fraccionar una parte de sus predios para fundar en ellos un poblado, solicitando para tal efecto permiso a las autoridades.

OTRO MOTIVO

Casi con seguridad, otro motivo pudo ser la visita a La Ensenada, el 25 de marzo de 1870, del presidente Domingo Faustino Sarmiento, invitado por el ingeniero norteamericano Guillermo Wheelwrigt, impulsor del ferrocarril al puerto de Ensenada, cosa que finalmente consiguió el 31 de diciembre de 1872 en las márgenes del Río Santiago, en la estación que se encontraba junto al actual Club de Regatas La Plata.

Fuente: El Día

domingo, 13 de diciembre de 2009

Recuerdos del viejo Hotel Provincial de la ciudad de La Plata

A 27 AÑOS DE LA VENTA A LA JUSTICIA NACIONAL

En el '56 funcionó el comedor universitario. La rica historia de un patrimonio platense

Imponente, con una entrada señorial, en línea con el estilo de edificios de la tradicional rambla marplatense, de techos oscuros y paredes rojas, el Provincial de La Plata se inauguró a principios de la década del '50, cuando no abundaban los grandes hoteles en la Ciudad. Ubicado en un lugar estratégico para los fines que fue construido -alojamiento de diputados y senadores que llegaban a la Legislatura desde otros municipios bonaerenses- se mantuvo abierto, aunque con numerosas interrupciones, un poco más de veinte años. En 1982, después de numerosos intentos frustrados por reactivarlo, fue vendido al Estado nacional, de lo que se cumplen en estos días 27 años. Desde entonces, sus elegantes habitaciones albergan los despachos oficiales de la sede local de la Justicia Federal y la Secretaría Electoral. Y en los últimos meses, la Comuna le ha "puesto el ojo" con la intención de repensar su destino.

El diseño se le atribuye a Alejandro Bustillo, el arquitecto de edificios emblemáticos del siglo XX (el Banco Nación, en la capital federal; el Casino y el Hotel Provincial de Mar del Plata; y el Hotel Llao Llao, en Bariloche, son parte de su obra). Con sus ventanales con vista a la Legislatura, el inmueble ocupa gran parte de la manzana sobre la semipeatonal calle 8 entre 50 y 51. Comenzó a construirse durante la gobernación de Domingo Mercante y concluyó en 1952, cuando ya estaba al frente de la administración bonaerense Carlos Aloé.

El Hotel Provincial se concibió en una época en la que parecía aumentar el turismo y la actividad política regional. Casi sin lugares espaciosos donde albergar a visitantes, la Ciudad requería de un emprendimiento con servicio de categoría, a pasos del eje donde se distribuían los principales organismos de gobierno, las entidades bancarias y el centro comercial.

El escribano Jorge Menvielle, platense residente en Mar del Plata desde hace varias décadas, recuerda la esquina de 8 y 50 cuando empezaron a colocar los primeros ladrillos del Hotel Provincial. "Lo vi construir -dice-. Antes había un banco y después, si la memoria no me falla, se lo prestaron a la Universidad y funcionó por un tiempo como comedor estudiantil. Se levantó con un fin; no para servir a la Ciudad sino para la estadía de los legisladores y por eso el proyecto fue bastante criticado en ese momento".

Antes de pasar a las manos de la Justicia Federal, el Provincial fue objeto de discusiones, debates e indefiniciones sobre su destino. En general, su historia estuvo marcada por la escasez de huéspedes y el desgaste propio del paso del tiempo sin el debido mantenimiento. Y esa combinación lo llevó a más de un cierre.

Durante la gestión de Aloé el hotel estuvo cerrado un largo período y tras costosas reparaciones, el ex gobernador dispuso cederlo a los juzgados penales provinciales. Los tribunales, al mismo tiempo, compartían las instalaciones con el comedor universitario. Ambos usos contribuyeron a una nueva etapa de deterioro.

Al asumir Oscar Allende, en 1958, como gobernador de la Provincia, se resolvió insistir con el objetivo original, es decir, recuperar la estructura edilicia y relanzarlo como hotel. Así, desalojaron a los juzgados y se llamó a licitación para darlo en concesión. Tiempo después, el acto fue anulado y el proyecto volvió a foja cero. Anselmo Marini, primer mandatario bonaerense a partir de 1963, retomó la iniciativa y tras licitar adjudicó la explotación del establecimiento, que reabrió el 30 de octubre de 1964.

El hotel funcionó unos años, pero otra vez se resolvió el cierre de sus puertas. El gobernador Ibérico Saint Jean dispuso el remate el 1º de diciembre de 1978 y la operación se concretó con la venta del inmueble a la empresa constructora CEVECA. Pero entonces tampoco los proyectos para el edificio perduraron en el tiempo. La firma intentó instalar la casa matriz de un banco que compartiría las oficinas con galerías comerciales, para lo que había que ampliar la construcción hacia los jardines. La iniciativa fue frenada porque no lo permitían las normativas sobre el uso del suelo. Como resultado de esa traba la compañía vendió la propiedad a una entidad bancaria porteña que lo transfirió luego al Estado nacional por $32.052.080.410.

Todas esas marchas y contramarchas marcaron la existencia del viejo Hotel Provincial antes de convertirse en sede de organismos judiciales y electorales, el 4 de agosto de 1982 por la resolución 941 de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

UN POCO MAS ACA EN EL TIEMPO

En abril de este año, como dio cuenta este diario oportunamente, el Concejo Deliberante de La Plata declaró de interés municipal las gestiones que la Comuna pudiera realizar para adecuar el uso del edifico del ex Hotel Provincial para su integración al área comercial de calle 8. La iniciativa del oficialismo planteaba que se tramitara ante las autoridades nacionales la mudanza de los tribunales federales y que se impidiera el uso como archivo de un anexo a esas dependencias en un terreno lindero.

El expediente fue aprobado, pero no recibió el apoyo de la oposición, que consideró que en el proyecto "no había información" sobre el destino que la Comuna le daría al edificio en caso de que le fuera cedido. La concejal Teresa Razzari fundamentó su impulso al proyecto señalando que "la utilización actual por dependencias judiciales interfiere notablemente con el desarrollo de las actividades diarias de la zona, a la vez que ese edificio ha sufrido por distintas causas un importante deterioro, por lo que una readecuación de su uso revitalizaría la zona incorporando definitivamente esa manzana al área comercial de calle 8".

Fuente: El Día

viernes, 20 de noviembre de 2009

"La fundación de la ciudad de La Plata es un proceso de la historia argentina"

Como platense y doctor en Historia, Fernando Enrique Barba se ha interesado por el origen y desarrollo de la ciudad de La Plata, la capital bonaerense ideada en 1882 por Dardo Rocha.

LA PLATA (Corresponsalía).- En una entrevista otorgada a LA CAPITAL, el historiador Fernando Barba realiza un repaso por los momentos clave de la fundación, las personalidades más destacadas y derriba algunos mitos que circulan sobre la ciudad y sus fundadores. A continuación, el diálogo:

- ¿Por qué se fundó La Plata?

- La fundación de La Plata es fruto directo de la federalización de Buenos Aires. Luego de la famosa revolución del 80’, Dardo Rocha tuvo un arreglo con Roca: Rocha aceleraba el proceso de entrega en el Senado de la Provincia y Roca lo ayudaba a ser gobernador, lo cual efectivamente pasó. Cuando Rocha se hizo cargo del gobierno en 1881, lo primero que hizo fue mostrar un proyecto sobre creación de una nueva capital y decidir que se construyera en las lomas de la Ensenada, o sea, donde estamos nosotros actualmente.

- ¿Por qué se eligió este lugar?

- Se eligió principalmente por las cercanías al único puerto natural que existía, ya que se pensaba que haciendo un puerto importante La Plata iba a superar rápidamente a Buenos Aires. Si lo hubieran pensado un poco mejor, no la hubieran hecho acá.

- ¿Por qué?

- Porque La Plata es una ciudad comida’ por Buenos Aires debido a la cercanía. Optaron por este lugar porque el único puerto natural sobre la banda derecha del Río de la Plata era el puerto de la Ensenada. El puerto de La Plata empezó a funcionar muy bien hasta que se abrió Puerto Madero; entonces en 1904 la Provincia lo tuvo que ceder a la Nación porque no podía mantenerlo. El gran error fue ponerlo acá porque pensaban que iba a ser la nueva Buenos Aires.

- ¿Cuánto tardó en construirse la ciudad?

- La residencia del gobernador, la Legislatura y todos los grandes edificios se construyeron en tres años, a una velocidad extraordinaria. En la década del 80’ se hicieron, en 10 años, 7 mil kilómetros de vías. Además se construyeron casas y escuelas.

Población

- ¿Cómo estaba compuesta la población en la época de la fundación?

- La ciudad se fundó en el período que podríamos llamar de primera oleada inmigratoria masiva’, que va de 1878 a 1889 y en su mayoría eran inmigrantes italianos, pero además había españoles y gente de otras nacionalidades; era una mezcla. En ese entonces era escasísima la población de La Plata.

- ¿Cómo se fue dando el crecimiento demográfico de la ciudad?

- Los primeros años La Plata creció muy rápidamente, llegó a 90 mil habitantes, pero después se estabilizó la cantidad de población. Ocurrió que al terminarse las grandes obras como el Puerto, que absorbían mucha cantidad de gente, muchos se fueron porque se quedaron sin trabajo. En la década del '50 éramos 120 mil habitantes nada más. Ahora el cuadrado de La Plata tiene alrededor de 320 mil. Y contando el resto del partido se llega a los 700 mil habitantes.

- ¿En qué momento se registró el mayor crecimiento poblacional en La Plata?

- El gran poblamiento de La Plata empezó en la década del '60, momento en que comenzó a aumentar masivamente la cantidad de habitantes en la ciudad.

- ¿Ese crecimiento tuvo que ver con el hecho de contar con una Universidad Nacional?

- No exactamente. La Universidad, si bien sigue siendo un polo de atracción, ya no es lo que era antes. Hasta la época de Lanusse venían muchos más estudiantes del interior que ahora porque en esa época en la provincia de Buenos Aires, para estudiar, estaban solamente La Plata, Mar del Plata, Tandil y Bahía Blanca. Pero después se abrieron universidades en Quilmes, Lomas, La Matanza, Lanús, Luján... está más repartido.

- ¿Entonces a qué se debió el crecimiento poblacional de los '60 que mencionó anteriormente?

- La Plata absorbió mucha gente de las poblaciones cercanas, de todos los pueblos a los que se les fue muriendo la vida cuando les quitaron el ferrocarril. Sumado a esto, hubo gente que vino a estudiar y se quedó en la ciudad. También está el crecimiento alrededor de Buenos Aires, que va creciendo en torno a los cordones. Cuando empezó a crecer el tercer cordón, empezó a crecer mucho La Plata.

Platenses destacados

- ¿Cuáles son para usted los platenses más destacados de la historia de la ciudad?

- Y, hubo muchos, me cuesta nombrar a uno... la gente de la época de la fundación, Alejandro Korn, Almafuerte, que no era platense, pero se radicó acá, el doctor Favaloro...

- ¿Y a quién considera usted que la historia no le ha dado el lugar que se merece?

- Y... hay una cantidad importante de gente muy destacada, pero desde que se inventó la televisión, si no sos como se dice ahora mediático’, que es una palabra espantosa, no te conoce nadie. En historia, ¿quiénes son los conocidos? un tipo como Pigna que es un mentiroso, pero aparece en televisión... yo muchas veces lo he escuchado decir cosas que están equivocadas y tiene plagios comprobados. Yo creo que acá hay mucha gente reconocida en el medio en que se mueve, Favaloro por decir un ejemplo, pero se hizo famoso porque salió en la prensa, si no, hubiera sido famoso dentro de la medicina y no lo hubiera conocido nadie.

Los mitos

- En La Plata circulan algunos mitos acerca de la existencia de túneles construidos en la época de la fundación que conectarían diferentes edificios históricos… ¿qué hay de cierto en todo esto?

- Los mitos no existen: los túneles son caros de construir, los únicos túneles que hay en la ciudad son las cloacas… Hay una persona que escribía sobre eso y que no voy a nombrar, pero hace aproximadamente 30 años salió a decir que había túneles en la ciudad. En Buenos Aires, por ejemplo, había túneles porque cumplieron su rol en un momento de intercomunicación entre los edificios principales, por protección por ataques de piratas... pero en La Plata no había peligro de invasiones, problemas de indios, no había nada, entonces ¿para qué se van a construir? Los túneles no existen.

- Además circulan otros mitos vinculados a que los fundadores eran masones y que por ello habrían construido la ciudad con determinadas características…

- Sí, es cierto que cuando se fundó La Plata toda esa generación eran masones, el 90 por ciento eran masones, formaban parte de logias, en sus libros estaban los símbolos masónicos... pero se ha demonizado a los masones. Los masones son gente mansa, lo que pasa es que evidentemente en algunos niveles manejaron el poder. En la Argentina el poder político fue manejado muchas veces por masones, pero de ahí a hacer un mito de La Plata, es demasiado.

- ¿Y por qué cree que circulan estas historias?

- Lo que pasa es que muchas veces estos inventos son más divertidos que la historia en serio. La historia a veces es divertida, a veces aburrida, porque es el relato de la vida, y la vida tiene cosas alegres, tristes y momentos totalmente neutros. Las historias de las ciudades generalmente son neutras.

Perfil

Fernando Enrique Barba es profesor y doctor en Historia. Autor del libro "La Plata, sus orígenes y fundación", Barba se desempeña actualmente como titular del doctorado en Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, de la que además es egresado.

Barba ha realizado gran parte de su carrera en el Archivo Histórico de la Provincia y ha participado como miembro activo de numerosos congresos nacionales e internacionales sobre su especialidad.

Tal como él se define, "por el hecho de ser profesor de historia y platense, me interesa la ciudad de La Plata lógicamente", aunque reconoce que "cada vez la gente sabe menos de la historia de su lugar, sobre todo en las grandes ciudades".

Fuente: La Capital (19/01/2009)

El sobrino más joven de Rocha dice que hay falsos mitos en la ciudad de La Plata

Pioneros. Los primeros Arana en llegar al país, retratados en dos óleos. Tenían mucha plata: eran los abuelos del fundador

JUAN EMILIO ARANA, TIENE APELLIDO ILUSTRE PERO UNA VIDA MUY NORMAL

Tiene 33 años, es museólogo, soporta las colas para realizar cualquier trámite municipal
repleta de leyendas y objetos de notorio valor histórico. Asegura que hay mucha fantasía

“Cada dos por tres aparece un supuesto descendiente de Dardo Rocha. Nos llaman y siempre tenemos que explicar lo mismo. No sé por qué será, pero a mucha gente parece que le interesa tener un pariente famoso”.

Quien habla es el sobrino nieto más joven del fundador de La Plata y de su señora, Dona Paula Arana, Juan Emilio Arana. Tiene 33 años, es museólogo, está acostumbrado a portar uno de los apellidos con más tradición de la capital bonaerense, a que lo nombren en los discursos y a repetir que no queda vivo ningún descendiente de apellido Rocha en la Argentina.

De perfil bajo, al igual que sus hermanas María Fernanda (35) y María Agustina (31), es una de las personas que más brega por mantener el recuerdo vivo de su tío abuelo, de su legado y sobre todo de los principios morales de sus antepasados. También lucha desde la palabra para desmitificar fantasías que se enseñan en muchas escuelas o se transmiten en cada aniversario de la ciudad; algunas de las cuales ya las hicieron propias generaciones de platenses.

Sentado en un señorial y mullido sillón de herencia familiar, Juan está de frente a los óleos de sus tatarabuelos, Diego José Arana y Victoria Olivera. Descendieron en el puerto de Buenos Aires de un barco que los trajo del País Vasco, su terruño, en el 1700. “Ellos son los abuelos de Rocha -señala-. Diego José era una comerciante muy rico que se asentó en el Tigre y que tuvo una vasta labor pública. Participó de los sucesos de Mayo y hasta actuó en ocasiones como juez para dirimir conflictos”.

La casa de calle 47, donde siempre vivió Juan está repleta de historias y objetos que son testigos mudos de aquellos días. Un piano de cola Ronisch, seriado del 1800, es una de las tantas muestras de ese pasado lujoso en dinero e ideas. “Prácticamente toda la herencia familiar de mi tatarabuelo se perdió años después cuando su hijo Diego Pantaleón Arana confrontó ideológicamente con (Juan Manuel de) Rosas; se negó a jurar como abogado ante su figura y se tuvo que exiliar -cuenta Juan-. Como pasaba en aquel entonces, todos sus bienes fueron confiscados”.

Diego Pantaleón está en otro óleo del estar de esa vivienda, pegado al de su esposa Jacinta Merino. Diego era el tío y suegro a la vez de Dardo Rocha. ¿Cómo es esto? Dardo y Paula eran primos. De los millones del primer Arana que pisó esta tierra, sólo queda una vieja casona en el centro del Tigre. En el exilio, junto a su amigo José Mármol, Diego daba clases de guitarra y tocaba en la calle. “Era deMitos y fantasías

Cuando era chico, a Juan le hacían soplar las velitas en el Normal 2 en cada aniversario de la ciudad, el 19 de noviembre. Le daba tanta vergüenza, que le molestaba. Hoy paga las tasas municipales como cualquier hijo de vecino, soporta las tediosas colas para hacer un trámite comunal y hasta le labraron actas de infracción cuando tenía una boliche.

Aunque lleva un apellido ilustre, alrededor del cual se tejieron muchas leyendas, anda a pata porque hace varios meses le robaron el único auto familiar. Cuenta, por ejemplo, que la creación de la localidad de Arana no tiene nada que ver con su familia. “A la Argentina llegaron cinco familias Arana. Felipe Arana, por ejemplo, estuvo al lado de Rosas pero no tenía nada que ver con mis tíos y ni con mis abuelos. Tampoco los Arana que poseían campo alrededor de la ciudad. Esos eran Arana de Torres”, afirma.

Las hectáreas donde está el Regimiento 7 de Infantería “no eran nuestras”, machaca este descendiente. “Hay todo un mito alrededor. Nuestros antepasados jugaron su fortuna por la política; exactamente al revés de lo que pasa ahora”. A raíz de esta fantasía millonaria, ya está acostumbrado a que se le rían cuando va a buscar trabajo. “Vamooos, vos no necesitás laburar. Si sos Arana’ te dicen”, cuenta con una sonrisa Juan, que hoy se gana la vida de su trabajo como museólogo y como gestor.

Memoria y atropellos


Hijo del escribano Jorge Arana, ahijado de Dardo Rocha que estuvo preso durante un período con el peronismo, y de Hilda Malaspina, Juan Emilio se queja por los “atropellos que hubo de algunos funcionarios municipales” de diversas gestiones con los objetos que pertenecían a Dardo Rocha. “Una persona hasta se quiso llevar a su despacho un escritorio histórico”. “Constantemente donamos objetos al museo, pero para que estén en el recuerdo”, enfatiza este hombre, nacido con La Plata como sus hermanas. Quienes no nacieron en la ciudad y tampoco viven en ella, son los descendientes de la rama de Rocha. Ana Reynald es su nieta política, que tiene tres hijos: Ana, Matilde y Tomás. Hoy llevan el apellido Bond. También están los Arditi, pero el Rocha ya se perdió. En realidad, él tampoco vivió en La Plata. Todos los días venía en tren desde Buenos Aires, donde tenía un palacete sobre la calle Lavalle.

Impostores


Ahora se ríe, pero en el momento le causa fastidio. “Muchas veces recibimos llamados del Municipio, de gente que dice ser familiar de Rocha. Nunca nadie lo pudo probar”, esboza, en forma de queja Juan, de increíble parecido físico con Ponciano, el hijo de Dardo que murió muy pequeño antes de la fundación de La Plata, en 1882. “Cuando íbamos al museo (Dardo Rocha, frente a la plaza Moreno) mis compañeros de colegio me decían que estaba colgado en un cuadro. Pero el del cuadro era Ponciano”, recuerda Juan Emilio, de apellido ilustre pero con una vida muy normal.

Fuente: Hoy, Hoy (4/06/2006)

jueves, 19 de noviembre de 2009

Pedro Benoit (1836-1897) Responsable del trazado de la ciudad de La Plata

Nació en Buenos Aires en el barrio de San Telmo, hijo del Arq. Pierre Benoit y de Maria Josefa de las Mercedes Leyes. A él se debe la creación de la Escuela Santa Catalina donde se formaron los primeros agrimensores argentinos, las obras de rectificación y canalización del Riachuelo y el trazado de la ciudad de La Plata, cuya perfección geométrica elogiaron los más grandes urbanistas del mundo. También fueron suyos los planos de la Catedral platense y los trazados de los ejidos de Quilmes, San Pedro, Mercedes y Magdalena, entre otros. Además proyectó y dirigió en La Plata la construcción del edificio del Ministerio de Hacienda, el Departamento de Policía, el Hospital Melchor Romero, el Observatorio Astronómico y la Iglesia San Ponciano.

El trazado de la misma es encomendado a Departamento de Ingenieros, al frente del cual se Hallaba el Ing. Pedro Benoit. Respecto a la faz arquitectónica, el 6 de mayo de 1881 un Decreto llamaba a concurso internacional para el proyecto de los cuatro edificios principales: Casa de Gobierno, Legislatura, Municipalidad y Catedral. El nombre de la nueva capital se trató en sesión de la Cámara de Legisladores de la Provincia en abril de 1882. El senador José Hernández, autor del Martín Fierro, propuso el nombre de La Plata. Fundamentó su posición en consideraciones históricas, teniendo en cuenta que la región se había llamado Virreynato del Río de la Plata y Provincias Unidas del Río de la Plata. El 19 de noviembre de 1882, no sólo significa la colocación de la piedra fundamental de una nueva ciudad , sino también el anhelo de su creador de que ello fuera símbolo de unidad nacional.

Fuente: interlap.com.ar/laplata

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La fundación de la ciudad de La Plata

Foto: senado-ba.gov.ar



Después del fracaso del alzamiento porteño de 1880, que obligó a la Provincia a entregar su capital histórico "su alma, su cabeza, su brazo", dirá Saldias, las autoridades surgidas de ese episodio se dispusieron a reparar la tremenda perdida, rápidamente, sin lamentaciones ni nostalgias.

Cinco años bastaron para que el fenómeno de la nueva sede bonaerense empezara a llamar la atención de la opinión mundial. Se la comparaba con Washington, nacida también después de una meditada decisión política destinada a afianzar el sistema federal.

La Plata era, sobre todo, el mejor ejemplo de la capacidad creadora de los argentinos.

Moderna en su concepción urbanística, distinta en las características de su sociedad, exenta de las tradiciones hispánicas que pesaban sobre las otras ciudades del país.

Resumía el espíritu "positivo" del siglo y el optimismo dispendioso de la década del 80. "Me voy para La Plata/ la nueva capital/ que allí se gana mucho/ con poco trabajar..." Esta copla entonada por la legión de empleados públicos y albañiles italianos que fueron sus primeros habitantes, refleja aquella ciudad prodigiosa, surgida como por encantamiento del suelo pampeano.

Después de la Capitalización

La ciudad de Buenos Aires había sido la capital del virreinato del Río de La Plata y la sede de los gobiernos patrios. Fue confirmada como cabeza de la República por la Constitución de 1853, pero los porteños rechazaron esta imposición: no querían ceder su ciudad, su aduana, sus rentas.

El punto fue uno de los temas conflictivos que provocaron la separación de la Provincia de Buenos Aires del resto de la Confederación. Después de Pavón (1860) se llegó a un compromiso: el gobierno nacional permanecería en la ciudad porteña a título de "huésped", y la Provincia de Buenos Aires sería la anfitriona.

La situación se prolongó a lo largo de las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Al ser vencida la insurrección de Tejedor contra la triunfante candidatura de Roca, el nuevo presidente aprovechó para terminar con el histórico problema: el Congreso sancionó la Ley de capitalización de Buenos Aires, y la Legislatura bonaerense no tuvo otro camino que ceder el ejido de la ciudad a la Nación.

El Dr Dardo Rocha fue investido como Gobernador de la Provincia, el 1 de Mayo de 1881, y dijo en su discurso "Debemos esperar que en un breve tiempo levantemos una ciudad populosa y floreciente que, para las necesidades administrativas y políticas, reemplace en cuanto sea posible a la antigua capital". Se formaron dos comisiones que tuvieron a su cargo la elección del lugar apropiado para levantar la nueva capital.

Finalmente, luego de rechazar varios lugares, se eligió el partido de Ensenada, cercana a la boca del Río de La Plata y conectado con Buenos Aires a través del ferrocarril. Reunía las condiciones condiciones ideales.

Eso sí, era preciso fundar una ciudad desde sus cimientos, porque el sitio no era otra cosa que montes, lomas y bañados, recorridos por liebres, perdices y vizcachas, que servían de pastoreo a las haciendas de las estancias cercanas.

Los únicos habitantes de esas extensiones eran los puesteros de Martín Iraola y los pobladores de Tolosa, una pequeña localidad de 7.000 habitantes, fundada en el año 1871.

Entre marzo y abril de 1882, la Legislatura de Buenos Aires consideró el tema de la nueva capital, que recibió entonces su nombre definitivo, La Plata. Muchas críticas y polémicas en los periódicos porteños; Sarmiento salió a la palestra vaticinando sombríos pronósticos.

Entretanto sin hacer mucho caso a estos y otros desdenes, las autoridades provinciales habían fijado fecha para la fundación.

Sería el 19 de noviembre, fiesta de San Ponciano, Patrono de la ciudad. La piedra fundamental debía colocarse en una urna que sería enterrada en el centro de lo que habría de ser, con el tiempo, la plaza principal.

Febrilmente comenzaron los preparativos de la ceremonia, que se había proyectado para que tuviera una gran majestuosidad.

Se abovedó con conchillas el trayecto entre la estación y la plaza y se cursaron las invitaciones generosamente.

Ante todo faltó el padrino, el Presidente de la Nación, Gral.Roca quien se hizo representar por el Ministro Victorino de la Plaza.

Pero lo que malogró la fiesta fue el calor: la jornada resultó tan bochornosa que el gigantesco asado se arruinó y los invitados y los visitantes de los pagos vecinos volvieron hambrientos y sofocados a sus casas. Con todo, la ceremonia siguió adelante, con carreras de sortijas y fuegos de artificio.

La estructura levantada en la plaza, que los fotógrafos recogieron para la historia estaba constituida por palcos, arcos triunfales y leyendas como "Paz y Libertad"; "Orden y Progreso"; "Vías de Comunicación y Vida Municipal"; "Educación común y sufragio libre"; "No basta odiar la tiranía, es necesario amar la libertad".Como se advierte, todo un programa ideológico, coherente con la iniciativa que empezaba a concretarse en medio de los calores de la jornada, que, de hecho, deberían haber sido previstos, dado lo avanzado del mes de noviembre.

Y así empezó la "ciudad milagro". A fines de 1884 los poderes públicos de la provincia se instalaron en La Plata.

Los edificios estaban a medio terminar y los muebles fueron ubicados como se pudo, probablemente, el apuro se debía a presiones del gobierno nacional, cuyo titular no compartía las aspiraciones presidenciales de Dardo Rocha.

Sea como fuere, los informes del Departamento de Ingenieros, los periódicos, los relatos de los viajeros y la cámara fotográfica fueron registrando semana tras semana, mes tras mes, año tras año, los espectaculares progresos de La Plata.

El Prodigio de las Pampas

La nueva capital bonaerense fue un auténtico prodigio edilicio, urbanístico y demográfico. En 1882 tenía 7.000 habitantes; para el centenario, su población ascendía a 100.000 almas.

El impulso con que había surgido la ciudad se debió a varios factores, entre ellos, la premura con que se abrieron los concursos internacionales para proyectar los edificios públicos.

El carácter monumental que se infundiría a la ciudad, la preocupación por los espacios verdes, las calles anchas, las plazas numerosas y el trazado original, susceptible de ensancharse o prolongarse como en las exigencias higiénicas del proyecto, evidenciadas en el requisito de que el diseño brindara facilidades para la limpieza diaria, la extracción de residuos y la provisión de agua.

Mientras se iba convirtiendo en realidad, La Plata cobraba dimensión y vida propia, a pesar de haber nacido sin infancia previa.

Comenzó a tener conciencia cultural y a elaborar su leyenda. Hacia fines del siglo pasado, la ciudad ya era una sólida realidad urbanística, política y económica.Tenía una sociedad propia, orgullosa de su radicación, que se jactaba de sus calles iluminadas con electricidad y de su Teatro Argentino.

Una sociedad nueva sin la carga de tradiciones anteriores que hicieran difícil su fluidez, en la que se destacaban algunos hombres que le daban lustre como Pedro B. Palacios (Almafuerte) o, años más tarde el novelista Benito Lynch.

Una comunidad que incluso podía alimentar su memoria con hechos de armas, como los que ocurrieron en 1893, cuando la revolución organizada por Hipólito Irigoyen ocupó el gobierno por unos pocos días.

Así, ennoblecido por los tilos y refrescado por el hermoso bosque el paisaje urbano de La Plata tenía características únicas en el conjunto de las ciudades argentinas.

Fuente: laplatamágica

martes, 3 de noviembre de 2009

El Dardo Rocha menos conocido

El padre de la ciudad

El fundador de La Plata y su faceta más desconocida fue motivo de una charla brindada por el doctor Manuel Urriza, en la UNLP. La brillantez y nobleza lo llevaron a distanciarse de otras personalidades de la época.

Dardo Rocha, el hombre que creó nuestra ciudad, fue el centro de la charla “El Dardo Rocha menos conocido”, que se desarrolló en el marco de la cátedra libre Ciudad Capital “La Plata pasado, presente y futuro” de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Surgida de la inquietud intelectual del profesor de abogacía, Dr. Manuel Urriza, la investigación gira en torno al fundador de La Plata no sólo respecto a su vida pública como política, sino principalmente a algunos detalles de su vida privada y los motivos que hicieron que esta figura desapareciera de la escena política (para el relato de la historia) luego de finalizado su mandato como gobernador de Buenos Aires, en 1884.

“Si bien Rocha me interesaba por lo que sabía de él, más me inquietaba lo que no sabía. Y me llamaba mucho la atención que, en determinado momento, desaparece repentinamente de la historiografía cuando apenas tenía 50 años”. ¿Qué pasó con el político destacado, con qué tropezó para que lo sacaran así de la historia? Este interrogante, que sirvió como guía para la investigación, llevó a Urriza hasta el Archivo General de la Nación, donde guardan alrededor de veinte carpetas con documentos originales, algunos de puño y letra, del fundador de La Plata.

Parlamentario brillante y fundador de una ciudad cuyo trazado original es admirado por los urbanistas del mundo entero, se autodefine como un hombre culto de vasta formación, de ideas “eclécticas predominando la tendencia liberal y espiritualista”.

Amante de las ideas democráticas, de las soluciones liberales, con inclinación hacia el socialismo de Estado y a la organización militar suiza, se manifiesta abiertamente de acuerdo con la necesidad de propagar la ciencia, rasgo que definía políticamente a los liberales de la época de consolidación del orden en el país. Fue candidato a la presidencia de la República en la crisis eleccionaria de 1885 y renunció a ella por la situación política del país. Esta actitud marca el quiebre con la Generación del ‘80, que termina de ser enterrada por la Ley Sáenz Peña de voto universal, secreto y obligatorio,
en 1914.

Los “pecados” de Rocha

Ciertas actitudes le costaron a Rocha la participación en la vida política. Si bien nunca se alejó de la esfera pública y se desempeñó en diferentes cargos legislativos, la enemistad con representantes de la generación de la que formaba parte fue producto de opiniones encontradas con los dirigentes de este grupo.

Una de las más controvertidas es su visión sobre los gauchos y su amistad con el autor del Martín Fierro, José Hernández. El gaucho, en la idea de Nación de la Generación del ‘80, era considerado una mala persona y reclutado, en las levas, para resguardar las fronteras de las tierras ocupadas a los pueblos originarios durante las Campañas al Desierto.

Rocha tiene otra concepción: se opone a las levas y al trabajo gratuito que realizaban. En 1872, siendo diputado de la provincia de Buenos Aires, presenta un proyecto para la extinción del servicio de fronteras. Por este proyecto, se preveía un impuesto a los beneficiarios de las tierras ocupadas (terratenientes ricos, amigos de Roca y parte de la oligarquía argentina), para poder establecer una especie de salario para quienes resguardaban esas tierras: segundo “pecado”.

Las clases altas se manifestaron en abierta oposición a un proyecto de inclusión de los gauchos por medio de un trabajo que realizaban para ellos, pero que no estaban dispuestos a pagar.
El tercer “pecado”, que colmó el vaso de la tolerancia, fue enviar al Congreso un proyecto de ley que consideraba necesario establecer la amnistía general para los revolucionario radicales de 1890 que se habían levantado contra el gobierno de Juárez Celman.

Estas, entre otras cosas, son algunas de las anécdotas que forman parte de la investigación del Dr. Urriza titulada: “Dardo Rocha: Parlamentario y fundador”, y que pretende indagar más profundamente sobre la vida pública y política del fundador de la ciudad.

La ciudad que nació en 1882

El objetivo de la Cátedra Libre sobre La Plata, que dirige el diputado provincial Carlos Bonicatto, es tomar conciencia de la importancia social, histórica, política y cultural de la ciudad, camino a los festejos del bicentenario. También poder reflexionar sobre los proyectos que dieron origen a la capital de la provincia de Buenos Aires y su lugar actual en el mapa geoestratégico.

El objetivo final de esta cátedra es condensar en un documento, el 12 de noviembre cuando se realicen los talleres participativos, una serie de propuestas tendientes a reivindicar las personalidades, los documentos de importancia para la historia de la Provincia, además de proponer políticas que beneficien el acceso de toda la población, incluyendo a los estudiantes secundarios, a información que, hasta el momento, no había sido publicada y que aporta una visión diferente sobre la identidad de la Provincia desde sus orígenes, además de permitir replantear nuevos caminos hacia una mejor calidad de democracia.

La Plata nació el 19 de noviembre de 1882, y acaba de ingresar en nuevo mes aniversario.

Fuente: Hoy

domingo, 9 de junio de 2002

En busca de la historia perdida de La Plata

Histórica. La foto de la casona fue recuperada tras una ardua tarea

UNA EXCAVACION EN LO QUE FUERA LA ESTANCIA DE LA FAMILIA IRAOLA

Antes de la fundación de la ciudad, ya estaba afincada mucha gente. Entre otros los integrantes de la familia Iraola, que vivían en el actual Bosque

Asombroso
Antes de que La Plata fuera La Plata, ya había gente viviendo en estas tierras. En rigor, había muchas estancias en la región. “Había mucho más movimiento de lo que la historia en general puede suponer”, subrayó la coordinadora del equipo “Arqueología Histórica en el Bosque”, Ana Igareta. De hecho, en el trabajo arqueológico realizado donde estaba la casona de la familia Iraola- “estamos encontrando materiales de construcción, vajilla, cosas relacionadas con caballos, botellas, elementos en que se puede leer el paso del tiempo en esta estancia desde mediados de siglo XIX”, dijo.

Toda ciudad tiene su historia. Y La Plata, lógicamente, no es la excepción. Pero sucede que en la ciudad de las diagonales aún quedan sucesos del pasado sin esclarecer del todo. Uno de ellos gira en torno de la estancia de la familia Iraola, que estaba emplazada en lo que actualmente es el Paseo del Bosque. Poco y nada se sabe de este lugar. A tal punto, que ni siquiera se conoce la fecha exacta en la que fue demolido el inmueble que supo ocupar una de las familias más emblemáticas de la región. Para desempolvar el pasado, un grupo de profesionales de la Universidad Nacional de La Plata (que conforman el Proyecto “Arqueología Histórica en el Bosque” coordinado por la Licenciada en Antropología, Ana Igareta) realizó un trabajo de excavación en el predio del Observatorio Astronómico. Los resultados fueron asombrosos: encontraron cientos de piezas que permitirán armar parte del rompecabezas de esa pequeña -pero importante- página de la historia platense.

Todo lo obtenido ahora es expuesto en la muestra “Acá cerca y hace tiempo: arqueología en la estancia Iraola”, que puede visitarse de lunes a viernes en el Observatorio. Igareta dialogó con Hoy. Habló sobre la historia del predio en el que está el actual Paseo del Bosque, el trabajo que realizaron y la necesidad de recuperar la historia.

-¿Cómo era el Bosque de La Plata antes de la fundación?

-La idea generalizada de los platenses es que era un área verde y natural. Pero cuando empezamos a estudiarlo nos dimos cuenta de que es un bosque plantado y anterior a la fundación de La Plata. Además, toda la historia de este lugar tenía que ver con la historia de una familia -los Iraola- y con la estancia que ellos habían tenido en este sitio. Encontramos muy pocas imágenes de la casa. Era un edificio impresionante de dos pisos con galería, balcón y azotea que era mirador. Tenía
una cantidad considerable de dependencias y nos llamó la atención que de todo eso no queda casi ningún registro: no hay en la superficie del Bosque nada que indique la presencia de esa estancia y quisimos saber su historia desde la construcción hasta su demolición.

-¿Cuándo fue demolida?

-La fecha es incierta, pero está cercana a 1917. Se transformó, pero es un misterio el motivo exacto de esta demolición; no existen casi registros de la existencia de este sitio. La historia de La Plata y la memoria popular no registran ese edificio, siendo que si preguntás a cualquier platense sobre el Arco del Bosque, algo recuerdan que le contaron, a pesar de que duró menos tiempo y no podía competir visualmente con la estancia. Es algo extraño, nos interesa saber qué pasó con el edificio; no se registra históricamente en qué momento se derribó y nadie lo recuerda. En eso se centra nuestro trabajo y la otra parte es ver cómo se puede reconstruir la vida de esta gente, que vivía en un lugar en que la historia dice que no había nada antes de La Plata. La historia de La Plata dice que ésta fue construida sobre la nada, pero vemos que había mucho más de lo que se dice, y de dimensiones considerables. Había caminos: el trazado de las actuales Avenidas Centenario e Iraola -que eran el ingreso a la estancia Iraola y el camino hacia el río, donde estaba el ganadoes previo a la fundación.

-Es decir, que antes de la fundación vivía gente en lo que hoy es La Plata...

-Claro que sí.

-¿Qué elementos encontraron en las excavaciones que realizaron?

Hay halladas alrededor de 2 mil piezas, muy pocos fragmentos enteros, algunos son únicos. Lo que caracteriza al sitio como sitio arqueológico es la variabilidad de objetos. Hay unos 800 fragmentos de loza y por lo menos hay 80 variedades diferentes dentro de ellas, sólo considerando las históricas. Y uno se pregunta qué pasó en la vida de esta gente, la familia, la servidumbre. Hay objetos que usó la gente de servicio, como por ejemplo restos encontrados de cerámica criolla, cerámica mestiza, pertenecientes a clases sociales más humildes, y hay también cerámica importada de Inglaterra, España, etc. Nos interesa contarle a la gente qué se está haciendo, porque tiene que ver con la memoria del lugar y en esto coincidimos todo el equipo: no hacer una arqueología que quede dentro del Museo sino que sea útil para nuestra memoria.

Fuente: Diario Hoy