jueves, 20 de agosto de 2009

La reina leona

Laura Maiztegui

Nació en Gonnet, fue la delantera de Santa Bárbara y la que se puso la celeste y blanca para inmortalizar a Las Leonas en Sydney 2000. Pisó la Primera a los 17 y desde entonces es sinónimo de hockey en La Plata y en el mundo.

Una chiquita de acá para allá

Laura Maiztegui comenzó a jugar al hockey a los seis años en el Club Santa Bárbara, en Gonnet. Por entonces no se imaginaba que sería una de Las Leonas que en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 ganaría la medalla de Plata, pero sí tenía la certeza de querer que estar ligada toda su vida a este deporte que acababa de conocer. Y así es.

–¿Por qué empezó a jugar al hockey?

–Cuando empecé no tenía ni idea de lo que era el hockey. No lo decidí yo, me llevó mi mamá junto con mi hermana melliza y mi hermana mayor. Nos llevó a las tres porque éramos bastante inquietas y necesitaba que descargáramos un poco de energía. Mi mamá nos llevó a Santa Bárbara de casualidad, porque le cerraba todo: el club le quedaba cómodo porque estaba a cinco cuadras de mi casa y ahí hacía unos años habían empezado a dar hockey. Era bastante nuevo el hockey en esa época.

–¿Enseguida se enganchó?

–Sí. Y como siempre fui muy inquieta, igual que mis hermanas, creo que cualquier deporte me hubiera gustado.

La infancia. El 21 de septiembre de 1978 nació Laura Maiztegui. Desde entonces vive en la localidad de Gonnet.
"Mi mamá era ama de casa. Le quedaban cinco materias para terminar la carrera de Medicina y cuando yo tenía 10 u 11 años las dio, así que ahora es médica. Pero toda mi infancia estuvo en mi casa. Y mi papá es ingeniero", cuenta Maiztegui, que tiene tres hermanos: Bárbara, dos años y medio más grande; Verónica, la melliza, y Santiago, el más chico.

–¿Tenía una familia deportista?

– Mi mamá nunca hizo deporte y mi papá jugaba al rugby cuando era chico. Del lado de los Maiztegui son todos de La Plata Rugby, de ahí viene la parte deportiva de la familia aunque mi mamá siempre dice que ella también debe haber aportado algo. Los Maiztegui somos simpatizantes del Club La Plata en rugby y del Club Santa Bárbara en hockey.

–¿Y en el fútbol?

–Está repartido: mi papá, Santiago y Bárbara son de Gimnasia y Esgrima La Plata, mi mamá, Vero y yo somos de River Plate. Pero en Gimnasia yo también tengo mi corazoncito.

–¿Cómo era su vida de infancia?

–Toda la vida viví en Gonnet, que era muy tranquilo. A mí me fascinó tener una infancia ahí porque estaba todo abierto, muy distinto a lo que es ahora: podíamos salir, estábamos un montón en la calle, con nuestros vecinos, salíamos a andar en bicicleta. Era muy libre. Y todo fue así hasta que terminé la secundaria. Yo siempre tuve todo ahí: el colegio, hockey, inglés, todo en Gonnet. Y en el barrio fue donde tuve mis mayores vivencias.

–¿A qué escuela iba?

–En la primaria a la Nº 38 y en la secundaria a la Media Nº 12, las dos en Gonnet. Todo era cerquita, todo quedaba a unas cuadras, todo era en bicicleta.

–¿Qué soñaba que sería al crecer?

–En realidad nunca supe. He cambiado y pasado por un montón de cosas y sueños y realidades hasta llegar a querer ser veterinaria, que es lo que soy. Pero cambié un montón de veces, sabía que iba a seguir jugando al hockey pero no sabía qué iba a hacer después.

–¿Siempre pensó en seguir jugando?

–Sí, desde chica. Y todavía lo sigo pensando ahora que ya tengo 30 años y ya es época de que me vaya. Siempre fue algo que me encantó y que me sigue gustando.

–¿Qué es lo que más le gustaba del hockey?

–No sé en ese momento. Puedo definir lo que siento ahora pero cuando era más chica no sé qué me gustaba. Por allí era que me divertía, que la pasaba bien, que tenía un grupo de amigas con las que sigo hasta ahora, creo que más que nada eran todos esos momentos que la pasaba muy bien. Fuera de lo deportivo, lo social también fue muy importante.

–¿Y qué es lo que le gusta ahora del hockey?

–Ahora lo tomo como descarga, un lugar donde voy a distraerme, es un cable a tierra, lo tomo con esa tranquilidad y por eso sigo jugando.

–¿En su época super profesional, con Las Leonas, también era un cable a tierra?

–No ahí no, era más tensionante, había más presión. En ese momento también estaba estudiando en la Facultad, así que era una época que iba de un lado a otro y no me sentaba mucho a pensar ni dónde estaba ni qué era lo que estaba haciendo.

Las chicas. Mientras jugaba en Santa Bárbara, Laura Maiztegui comenzó a entrenar en el Cenard (Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo), en la escuelita de seleccionados –donde se ingresa a los 15 años– y en las divisiones inferiores, juvenil y junior.

–¿Ir a Buenos Aires era también una diversión?

–Íbamos a Buenos Aires con mi hermana Verónica y con otras chicas más de Santa Bárbara. Íbamos todas juntas a la escuelita de seleccionados y para nosotras era lo máximo, toda una aventura. Además, ahí no se juegan torneos pero lo bueno es que van jugadoras de distintos clubes y te hacés un montón de amigas.

–¿Quiénes eran las platenses del grupo?

–Las platenses eran Julia Dufourc, Vicky Giuliano, Rosario Eguaras, Vero y yo, de Santa Bárbara, y del Club Universitario iban Mariela Napolitano y Romina Russo. Íbamos todas juntas, estaba buenísimo, tomábamos tren y subte, era una travesía llegar al Cenard, pero todas íbamos felices, tardábamos tres horas en llegar y no nos importaba. Después, cuando tenía que ir tres veces por semana me quería morir, pero en ese momento no me importaba.

–¿Seguían entrenando en Santa Bárbara también?

–Claro. Al Cenard íbamos una vez por semana y mientras seguíamos también en Santa Bárbara.


El camino hacia la selección nacional

Con el seleccionado nacional de Hockey sobre césped, Laura Maiztegui arrancó a los 20 años de edad y fue parte del equipo durante cinco años. "Empecé en 1999, en un seleccionado B, y al año siguiente se armó un único equipo en el que seguí hasta el año 2004", cuenta. Allí se desempeñó como delantera e integró el equipo conocido como Las Leonas, con el que obtuvo la medalla de Plata en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 y fue campeona del Champions Trophy de 2001.

–¿Significó una presión el lugar que ocupaba en la selección?

–No. Estaba fascinada y por ser chica tal vez no me daba cuenta de donde estaba. Ahora que lo veo de más lejos, me doy cuenta y digo "estuve ahí". Creo que si ahora me tocara vivirlo, sería distinto, no sé. También estaba bueno ser joven y que no te importe nada, ir a entrenar y estar más relajada, más allá de la presión normal que tenés por ganarte un puesto o quedar dentro de una lista para un mundial, al ser más chica sos más inconsciente en un montón de cosas.

–¿Cómo fue la primera vez que la llamaron para el seleccionado?

–En 1998 estábamos en el Junior (sub 21) de Buenos Aires, íbamos una vez por semana a entrenar ahí y jugábamos el Torneo Argentino entre todas las provincias. Yo no había participado mucho porque estuve bastante lesionada y a fin de año pensé que ya estaba todo, porque después del junior o pasás a mayores o ahí quedó tu carrera. Entonces, yo pensaba: "ya está". Y en la reunión de fin de año, me dicen que en febrero empezaba a entrenar con el equipo mayor. Yo no lo podía creer. Igual también fue duro porque no entró Vero, mi hermana melliza: ella ese año viajó al torneo del Junior y yo me había quedado afuera, así que lo más lógico era que vaya ella. Entonces estuvo buenísimo pero también tuvo esa parte más triste.

–¿Alguna vez jugaron juntas usted y su hermana melliza?

–Con Verónica entrenamos juntas en las divisiones inferiores en Buenos Aires, en Jjniors y algunas veces en juveniles. En Santa Bárbara jugamos todos los años juntas. Pero en torneos no jugamos nunca juntas. Sí estuvimos las dos en un partido amistoso para Buenos Aires contra el Club Lomas "A", ese fue el único partido que pudimos jugar juntas aunque las dos entrenamos un montón de tiempo en el Buenos Aires. No se dio, cuenta pendiente, hubiese estado muy bueno.

–¿En serio le hubiera gustado jugar con su hermana?

–Me hubiese encantado.

–¿Ir a Sydney juntas por ejemplo?

–¡Sí! Igual viajó para verme pero hubiese estado espectacular que jugáramos juntas ahí.
En 2000, Maiztegui se destacó en el Champions Trophy de ese año, donde la Argentina finalizó cuarta. Y en 2001, su equipo logró ganar ese campeonato que se jugó en Holanda.

–¿El Champions Trophy de 2001 lo sintió como una revancha del anterior?

–Fue el crecimiento del grupo en sí, porque en 2000 era imposible que ganemos, Australia estaba muy arriba y nosotras muy abajo, igual fue un logro buenísimo terminar cuartas. Y al otro año nosotras crecimos mucho y Australia se quedó o no sé qué le pasó y se nos dio, ahí el grupo llegó a lo máximo.

–¿Qué es lo que más tuvieron que trabajar?

–En lo técnico no había mucha más vueltas que darle. A ese nivel, técnicamente todos los equipos son buenos pero empieza a contar lo físico y la cabeza.
En 2003, Maiztegui integró el plantel que se consagró campeón sudamericano jugado en Chile. Con 21 años fue a Sydney y durante los Juegos Olímpicos cumplió los 22.

–¿Cuál considera que fue su mejor momento con Las Leonas?

–Creo que Sydney fue mi comienzo y lo máximo, también fue lo más importante que jugué. Pero también lo recuerdo por las vivencias en la Villa, los partidos previos, la tribuna que explotaba de gente, la final, la entrega de la medalla, son todos momentos que me acuerdo puntualmente, no sólo el juego en sí.

–¿Cómo fue compartir la Villa con tantos deportistas de nivel internacional?

–Te los cruzás todo el tiempo, más que nada en el patio de comidas. Nosotras éramos las más cholulas.

–¿Había alguno en especial que trataban de ver?

–Yo quería conocer a las hermanas Williams, pero no iban a almorzar al patio de comidas así que no las vi. Con el que tuvimos un acercamiento fue con el tensita brasilero Gustavo "Guga" Kuerten, se armó una relación muy buena y nos encontrábamos siempre para almorzar todos juntos. Con los chicos argentinos también nos juntábamos, con los del equipo de básquet, de voley, de hockey y con los tenistas.

–¿Había espacio para las bromas?

–En el equipo siempre hacíamos bromas pero más que nada antes o después del torneo, en las giras previas, en el torneo ya es todo un poco más serio. En Sydney estábamos alojadas en departamentos y si cuando salías no te llevabas las llaves, al volver tenías la habitación patas para arriba: bolso, cama, todo. ¡No había que olvidarse la llave!

–¿Quien era la más ocurrente para las bromas?

–Jorgelina Rimoldi, es terrible.

–¿Era la más chica del grupo?

–Estaba Soledad García, que era más chica que yo y nos hicimos bastante amigas. Había un montón de chicas del equipo que ya habían ido a Sydney pero para nosotras era todo nuevo, entonces íbamos juntas a recorrer el lugar cuando nadie más quería ir. Éramos las dos más chicas del grupo, ella tenía 19 y yo 21.

–¿Cómo era la relación con las chicas de más experiencia en el seleccionado?

–Estaba Karina Masotta, Vanina Oneto, que eran las más grandes, y las más chicas les teníamos mucho respeto. Ellas eran divinas, yo siempre me sentí súper apoyada por ellas y creo que con todas fueron así, también por eso se hizo el grupo que se hizo, porque les dieron lugar a las más chicas, cosa que no pasa siempre y eso estuvo buenísimo.

–Siempre se habló de la unión del grupo de ese equipo de Las leonas. ¿Eso se logró de entrada o se fue armando?

–Había un grupo grande que ya venía de antes. Cuando yo me acoplé, la base ya estaba preparada. Creo que el entrenador Cachito Vigil y el preparador físico Luis Barrionuevo tuvieron mucho que ver en eso, porque le dieron mucha importancia a lo social del grupo más allá de lo físico y lo técnico, y eso se notó.

–Vigil es famoso por sus charlas...

–Daba muchas charlas y es una persona muy convincente en lo que dice.
Durante la segunda rueda de los juegos Olímpicos de Sydney, en 2000, el seleccionado argentino de Hóckey sobre césped decidió adoptar el nombre de Las Leonas. La Argentina jugaba contra el poderoso equipo holandés y ellas eligieron esta ocasión para poner la imagen de una leona en sus camisas por primera vez. El logo representa a una leona lista para atacar.
Después de volver de Sydney con la medalla de Plata, Las Leonas recibieron Premio Olimpia de Oro, como las mejores deportistas argentinas del año y Laura Maiztegui recibió el Premio Revelación.

Fuente: Diagonales

1 comentario:

Anónimo dijo...

lau sos mi idolaaa!
juana franceschini!