El teatro negro brilla en esta impecable realización, que incluye elementos de la cultura
japonesa.
La Luna de Oriente. Espectáculo de teatro negro. Idea original: Flavio Dumaine. Guión: Diego Fleischer y Flavio Dumaine. Dirección de titiriteros y objetos: Gabriela Bonomo. Dirección de acróbatas: Lala Lafleur. Iluminación: Chango Monti. Vestuario: Julieta Ascar y Cecilia Axt. Composición musical: Renzo Baltuzzi. Actores acróbatas: Analía Cabanne, Mariano Carneiro, Javier Zuker. Titiriteros: Safira Algamiz, Adriana Flaiban, José María Rivero, Alfredo Rizo, Ariel Varela. Puesta en escena: Gabriela Bonomo y Lala Lafleur. En El Cubo, Zelaya 3053. Sábados y domingos, a las 14.30. $ 35.
Nuestra opinión: muy buena
Con una realización impecable de teatro negro y una estética visual que alude a la cultura japonesa, los títeres de Bonomo desarrollan una especie de leyenda de amor, aventuras y magia.
Los combates marciales, el vestuario, la utilización del origami, la música, todos los elementos contribuyen a crear un clima de irrealidad, onírico, bien sostenido a la vez por un ritmo sin pausa que mantiene la atención de niños y grandes. Parece que, en definitiva, para el espectador no se trata tanto de saber cómo terminará la historia, sino de seguir la acción que no decae, de mantenerse en los detalles.
Y en ese sentido, el espectáculo es visualmente eficaz. La pericia en el uso de la técnica del teatro negro logra imágenes increíbles que se acercan al dibujo animado. Los actores son también acróbatas, y los titiriteros construyen ilusiones tridimensionales que fascinan. Bien puede suponerse que esta fascinación sea lo que mantiene cautiva hasta el final a la audiencia de todas las edades: esto, sumado a la percepción de que una historia de amor y desencuentros se desarrolla con intensidad y tal vez al hecho de que algunas series de dibujos animados ya han acostumbrado a los niños pequeños a la dinámica de las artes marciales.
Es difícil saber si los niños siguen con interés y comprensión el cuento del joven enamorado de la Luna que va en su busca y la trae a la Tierra, convertida en una joven, o simplemente están presos de las imágenes atractivas que se forman en el escenario, que semeja una gran pantalla, y que se sostienen en una pista de sonido musicalmente adecuada. De todos modos, el argumento se desenvuelve con mucha acción, mucha magia. Los enamorados recorren extraños y exóticos lugares en su viaje, hasta que la falta de la Luna en el cielo trastorna a la Tierra y la joven decide volver a su lugar en el espacio para reinar en las noches.
Minuciosa, acabada, estéticamente placentera y gratificante, La Luna de Oriente es un buen encuentro con el teatro negro.

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